Avances científicos

Australia rompe esquemas en la industria energética: usa cáscaras de cacahuete para mejorar las baterías de los teléfonos

cáscaras de cacahuete
Experimento con cáscaras de cacahuete. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

En un contexto donde la evolución de los aparatos electrónicos plantea nuevos retos respecto a los recursos empleados, las cáscaras de cacahuete han comenzado a despertar interés como posible biomaterial. Y es que recordemos que hoy, los fabricantes buscan materias primas de fácil acceso que no comprometan el entorno natural ni aumenten los gastos operativos.

En este sentido, restos orgánicos que antaño acababan en la basura demuestran tener propiedades ocultas de gran viabilidad industrial y económica, y un ejemplo claro es la reutilización de las cáscaras de cacahuete. Los envoltorios de esta popular legumbre alojan potentes compuestos de carbono que abren nuevas puertas a la ingeniería de materiales.

¿Cómo pretenden usar cáscaras de cacahuete para mejorar las baterías de los teléfonos?

Un grupo de investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), ubicada en Australia, ha ideado un sistema para convertir los restos de cáscaras de cacahuete en grafeno de alta pureza. Este nanomaterial resulta útil para multiplicar el rendimiento de las baterías de los teléfonos móviles contemporáneos y alargar de forma considerable su autonomía.

El texto de base detrás de esta propuesta fue publicado en la revista Chemical Engineering Journal Advances. La investigación detalla con precisión el procedimiento exacto que concreta este paso de materia orgánica a componente base en un lapso inferior a diez minutos.

Todo el proceso arranca cuando los ingenieros trituran las cáscaras hasta convertirlas en un polvo muy fino y homogéneo. Luego, el material resultante se introduce en un horno a 500 grados Celsius durante cinco minutos. Esta fase inicial sirve para erradicar las impurezas de la superficie y conformar una estructura interna rica en carbono utilizable.

Tras acabar el calentamiento preliminar, el laboratorio somete el biocarbón a un fuerte y corto pulso de electricidad concentrada. Este fuerte choque térmico, apodado calentamiento Joule, origina una subida veloz de la temperatura de hasta 3.000 grados Celsius en muy pocos milisegundos. Dicho impacto propicia que los átomos sobrantes se evaporen.

La reorganización atómica fuerza a las partículas a unirse en delgadas láminas de grafeno exentas de defectos físicos de forma. El profesor Guan Yeoh, principal responsable de llevar adelante el experimento, puntualiza que acertar con la descarga consolida láminas libres de fallos. Esta exactitud resulta determinante para retener la conductividad a tope.

¿Este experimento representa un «adiós» a los reactivos tóxicos y a la minería?

Recordemos que el perseguido grafeno goza de prestigio en el ámbito de la ciencia por agrupar suma delgadez, poco peso y una dureza superior a la del acero. A estas credenciales hay que añadir su capacidad para conducir altos volúmenes de electricidad y conservar el calor cuando conviene dentro del móvil.

Producir en masa estas bondades eléctricas sin apelar a la naturaleza forzaba usar el negro de humo comercial estándar. Se trata de un químico extraído en buena parte del petróleo crudo o derivado de la quema de gas. Esa condena a los recursos no renovables frenaba de seco su adopción masiva por cuestiones de huella de carbono.

En esta misma línea, el trabajo del laboratorio oceánico expulsa por completo estas dinámicas contaminantes en cualquiera de las fases del montaje logístico. Al usar solo la lignina alojada dentro de las cáscaras de cacahuete, el método suma puntos valiosos en lo que respecta al respeto por los entornos verdes.

En tanto, el balance económico también deja números favorables debido a que baja el tiempo que toman los hornos de forjado en actuar. Las previsiones del estudio calculan que obtener un kilogramo de este fino polvo reporta un consumo de electricidad tasado en un dólar y treinta centavos (muy poco, algo más de un euro al cambio).

Los usos médicos y energéticos que podemos llegar a ver a partir de las cáscaras de cacahuete

Más allá de estirar el aguante de la carga en los teléfonos móviles, el hilo obtenido a partir de las cáscaras de cacahuete atesora potencial de sobra para fabricar otro tipo de objetos. Por ejemplo, sobresale la eventual creación de paneles solares fotovoltaicos más efectivos que capturen mayores márgenes de radiación bajo zonas de nubes.

Téngase en cuenta que el producto aporta robustez extra a los cristales de las pantallas táctiles maleables o plegables, sumando una protección confiable contra arañazos de descuido.

A su vez, varios fabricantes de biosensores observan con interés estas alternativas microscópicas para introducirlas en equipos portátiles de hospital donde se exige monitorizar constantes vitales de los enfermos.

La universidad reitera además que estas máquinas de descargas eléctricas no se limitan a procesar la cobertura del maní. Residuos urbanos comunes, llenos de polímeros, como son los posos espesos del café o las pieles de los plátanos, cumplirán la idéntica función cuando escasee su opción preferida o principal en las plantas de reciclado.

La hoja de ruta que esbozan los científicos australianos pretende rebasar la etapa de pruebas de circuito cerrado e intervenir fábricas reales a medio plazo. De no aparecer bloqueos comerciales imprevistos, el procesamiento masivo arrancará sus motores comerciales en aproximadamente tres años, dándole una segunda vida útil a toneladas de cáscaras olvidadas.

Lo último en Ciencia

Últimas noticias