Bebés
Cuidados del bebé

Los pediatras llegan a la conclusión de que si tu bebé se mete cosas en la boca no es porque tenga hambre, más bien constituye un signo de inteligencia

El cuidado del bebé se convierte en algo esencial para cualquier padre. Y no sólo tiene que ver con las horas de sueño o que coma bien, sino que muchas veces hay comportamientos que nos preocupan o que no sabemos cómo reaccionar y uno de ellos es que se metan cualquier objeto en la boca. Lo primero que podemos pensar es que el bebé tiene hambre, pero los pediatras explican que en realidad tiene que ver con otras cosas y que incluso, podría ser signo de inteligencia.

Es bastante habitual que si el bebé se mete por ejemplo un juguete en la boca o un peluche o la manta, se interprete como un comportamiento que hay que corregir, sobre todo cuando el bebé no para de hacerlo durante todo el día. Sin embargo, lo curioso es que no sólo no es algo negativo, sino que en realidad es justo lo contrario. Es una señal de que el bebé está haciendo lo que tiene que hacer en esa etapa.

Los pediatras llegan a la conclusión de que si tu bebé se mete cosas en la boca no es porque tenga hambre

Una de las primeras ideas que conviene quitarse de la cabeza es que esto tenga que ver con la comida. No funciona así. Un bebé puede haber comido hace nada y aun así seguir llevándose cosas a la boca de modo que no está buscando alimentarse sino que está haciendo otra cosa completamente distinta. Lo que ocurre es que, en esa fase, su manera de relacionarse con el entorno no es la misma que la de un adulto. Para nosotros, mirar o tocar suele ser suficiente, pero ellos necesitan más.

Los pediatras explican que ese gesto tan repetitivo no es casual sino que es su manera de explorar. Es decir, que si un bebé se mete algo en la boca, está probando el objeto en un sentido bastante literal y así descubre si está duro, blanco…Son detalles que, aunque parezcan mínimos, forman parte de cómo empieza a entender el mundo. No es que quiera comérselo sino que necesita experimentarlo. Y la boca, en ese momento, es la herramienta más eficaz que tiene.

Por qué la boca y no las manos

Esto suele llamar bastante la atención. ¿Por qué no usar las manos, por ejemplo? La explicación tiene que ver con el propio desarrollo del bebé. Durante los primeros meses, la vista no está del todo afinada. Los objetos se ven, sí, pero no siempre con precisión y algo parecido pasa con otros sentidos. En cambio, la boca responde de otra manera ya que es mucho más sensible, detecta mejor los estímulos y ofrece una respuesta más clara. Por eso recurren a ella una y otra vez.

Lo que está pasando realmente 

Cada vez que un bebé repite esa acción, coger algo y llevárselo a la boca, no sólo le sirve para explorar sino que también está creando conexiones en su cerebro, de modo que no sólo es sólo curiosidad sino que es construcción. Poco a poco va entendiendo relaciones muy básicas: qué pasa si aprieta, si muerde, si suelta. Son pequeños experimentos que repite muchas veces, casi sin parar.

También tiene que ver con el habla

Hay otro detalle que suele pasar desapercibido y que, sin embargo, es importante. Todo ese movimiento de la boca, chupar, morder, empujar con la lengua, no sólo sirve para explorar. También está preparando algo que vendrá después: el lenguaje. Los músculos que utiliza en ese momento son los mismos que más adelante necesitará para hablar. No es algo inmediato, pero sí forma parte del proceso. Por eso, intentar evitarlo constantemente no suele ser buena idea. No porque vaya a pasar algo grave, sino porque forma parte de una etapa necesaria.

No dura para siempre aunque hay que estar atentos

Aunque a veces dé la sensación de que el bebé vive pegado a todo lo que se mete en la boca, lo cierto es que es una fase. Empieza bastante pronto, se intensifica con los meses y luego, poco a poco, va desapareciendo. Según va creciendo, aparecen otras formas de explorar, como manipular mejor con las manos, fijarse más en lo que ve, moverse, etc…y ese comportamiento pierde protagonismo. No desaparece de golpe, pero sí deja de ser tan constante.

Dicho todo esto, tampoco significa que haya que despreocuparse por completo. Hay situaciones que sí conviene vigilar. Por ejemplo, si el bebé intenta ingerir objetos, si se lleva cosas claramente peligrosas o si este comportamiento se mantiene de forma muy intensa más allá de lo habitual. No es lo común, pero puede pasar. En esos casos, lo mejor es consultarlo con el pediatra para salir de dudas.

Entonces, ¿qué hacer en casa? más que prohibir, se trata de controlar el entorno. Evitar objetos pequeños, tener cuidado con lo que queda a su alcance y ofrecer alternativas seguras suele ser suficiente. Los mordedores, por ejemplo, son bastante útiles en esta etapa. Y poco más.