La etapa del “¿por qué…?”
Hace unos días desde BabyAffinity te dimos a conocer una serie de preguntas que son habituales que los niños realicen a sus padres. Se trata de cuestiones que ponen a los adultos en difíciles situaciones, bien porque no saben la respuesta o bien porque no son capaces de darles una contestación acorde a la edad de quienes preguntan.
Pero el interés de los pequeños no es algo puntual que se ejemplifica con esas cuestiones. No, tienen una fase en su infancia que se conoce popularmente como la etapa del “¿por qué…?”, en la que quieren saber el motivo de que las cosas sean de un modo y no otro. Y es que necesitan ir comprendiendo y entendiendo el mundo en el que viven.
¿Cuándo se produce?
Esta etapa que nos ocupa suelen experimentarla los niños cuando tienen entre 2 y 4 años. En concreto, se considera que se hace más palpable cuando cumplen los 3 años y la misma les lleva a estar todo el día prácticamente preguntando el porqué de las cosas que les rodean. De ahí que pueda resultar realmente agotadora para los padres.
Preguntas más habituales
Cada niño tendrá curiosidad por conocer el porqué de algo, sin embargo, no podemos pasar por alto que existen diversas cuestiones que parecen ser comunes entre todos los pequeños, tales como estas:
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¿Por qué el cielo es azul?
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¿Por qué los niños tienen colita y las niñas no?
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¿Por qué durante el día no hay estrellas en el cielo?
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¿Por qué me deja regalos el Ratoncito Pérez?
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¿Por qué no puedo ver a los Reyes Magos?
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¿Por qué se me caen los dientes?
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¿Por qué voy a tener un hermanito?
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¿Por qué se ha muerto el abuelo?
¿Cómo contestar?
El hecho de que la batería diaria de preguntas que realizan los niños sea interminable puede llevar a agotar a los padres. Sin embargo, es importante que sigan estos consejos que les ayudarán a superar el trance de la mejor manera posible y de una forma educativa y enriquecedora para sus hijos:
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Es importante que mantengan la calma, que no se alteran, pues deben entender que es una fase normal en la vida de los niños y que la misma les ayuda a crecer, a desarrollarse y a comprender todo lo que les rodea.
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De la misma manera, aunque puedan resultar realmente pesadas sus constantes preguntas, hay que dejarles que se expresen y nunca cortarles. Así, se estará contribuyendo a que mejoren su lenguaje y su capacidad de expresión así como el uso que realizan del vocabulario.
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En todo momento hay que contarles la verdad, nada de mentiras, pues estas no llevan a ninguna parte.
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Siempre hay que responderles utilizando un lenguaje sencillo, adecuado a la edad que tienen los menores para que así puedan entender perfectamente la explicación que se les da.
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Cuando pregunten algo que no se sepa, hay que responderles que se desconoce la respuesta. No obstante, se les dirá que se va a investigar y así después se buscará la información que ayude a “resolver el enigma”.
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Las cuestiones que realizan de manera constante también se pueden emplear para estrechar los lazos afectivos entre padres e hijos. ¿Cómo? Contestándoles y luego preguntándoles a su vez qué piensan sobre el tema en cuestión.
Todo lo que hay que evitar
Como hemos mencionado, la principal acción que hay que evitar en esta etapa del “¿por qué?” es la de perder la paciencia y los nervios. Pero no sólo eso, también es imprescindible no acometer acciones como estas:
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Mentirles. Bajo ningún concepto hay que darles a los niños respuestas que no se ajusten a la realidad, porque se les estará engañando y haciendo que crean cosas que no son.
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Reírse. Por más singular o “absurda” que pueda parecer la cuestión, jamás hay que burlarse del menor pues eso puede hacerle sentir mal e incluso que baje su autoestima.
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Darles respuestas farragosas. Como ya hemos subrayado en un punto anterior, es fundamental utilizar en la respuesta un lenguaje sencillo para que puedan entenderla. Eso supone, por tanto, que jamás se recurra a palabras complicadas que no comprenden o a discursos larguísimos que les acaben aburriendo y quedándose igual que al principio: sin saber el porqué de algo en concreto.
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No hacerles caso. Por supuesto, también es vital que los padres escuchen a sus hijos, que les presten la atención requerida y que les contesten a las preguntas que les hacen. Y es que si no es así, lo que se logrará es que los menores piensen que sus papás nos les quieren, que les rechazan, y acudirán a cualquier otra persona para que les dé las respuestas que necesitan. Por eso, si cuando quieren saber algo no se les puede contestar en el momento, hay que decirles que esperen un poquito y que en breve se les va a atender.
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