Polvo de estrellas
Creo que nadie debería perder la voluntad de aprender, por mucho que estemos convencidos de que quienes presumen de saberlo todo, incluso sobre la vida, no se han enterado de nada. Por eso sigo viendo partidos de fútbol, ya sean de Segunda hasta Segunda Federación, porque en cualquiera de ellos surge la curiosidad o el banquete de la reflexión.
No vi el partido de España contra Georgia. Odio la explotación comercial que la UEFA y la FIFA hacen con el dinero de los clubs, sus trabajadores (futbolistas) igualmente inmersos en al abuso de la sobrecarga de partidos que sufren, sin que podamos siquiera visualizar la perspectiva del imprescindible «esponjamiento» del calendario. Pero he leído que sin siete de sus titulares, los de Luis de la Fuente practicaron un juego de alto nivel, lo cual me recuerda la verdad formulada por Alfredo Di Stéfano: «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos». Aplíquese a Lamine Yamal, Nico Williams, Rodri, Pedri, Morata, Le Normand, Carvajal o la mismísima reencarnación de Maradona. Añadan, a la vez, si estos u otros millonarios merced al uso del balón, merecen los estratosféricos contratos que se les firman. Tendría razón Luis Felipe Scolari: «No puedes tener estrellas en un equipo ganador, solo grandes jugadores».
La repetición de un penalty en el encuentro que han disputado Almería y Cádiz, pitado y reeditado por decisión del árbitro de VAR, me ha hecho retroceder a los tiempos de otro dios menor, Pelé: «Marcar de penalty es una forma muy cobarde de golear». Más allá de la confusa normativa de las manos en el interior del área, el portero gaditano rechazó el lanzamiento de Arribas, repetido porque el buen cancerbero tenía levantado su pie derecho unos centímetros aun sin sobrepasar la perpendicular de la línea; eso si, sin pisarla..
Aparte de que la algarabía del autor del gol en su segundo intento, contraria a la opinión del mundialmente famoso astro brasileño, los sesudos varones, no hay ninguna mujer, que se reúnen para empeorar el reglamento cada vez que reforman o inventan una norma podrían determinar que en la suerte de las penas máximas, el portero no solamente no puede dejar de poner su bota sobre la raya de cal, sino que se revisarán sus borceguíes para comprobar si efectivamente se han encalado y, a mayores, tendrán que intentar detener la pelota, esposados o, al menos, con un brazo atado a la espalda. No duden que los lanzadores lo festejarían igual.
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