El giro que Baleares necesitaba
Durante años, los hoteleros de Baleares han soportado decisiones políticas que parecían basarse más en dogmas ideológicos que en la realidad del turismo.
La reciente intervención de Gabriel Escarrer en la mesa redonda Energía, resiliencia y ventaja competitiva: la visión de los grandes grupos hoteleros hacia 2030 ha puesto de manifiesto un giro crucial. Después de ocho años de engaños, la voz de los empresarios empieza a imponerse sobre la narrativa de la izquierda.
Escarrer fue contundente al denunciar que la imposición de la Agenda 2030 desde las administraciones muchas veces se hace por encima de la competitividad y de los intereses de los empresarios.
«No le voy a decir al turista americano que su habitación debe estar a 24 grados o que no puedo llenar la piscina. Si me tienen que multar, que me multen», afirmó. Palabras que reflejan una defensa clara de la calidad del servicio y de la experiencia del turista frente a la rigidez normativa.
Junto a él, Abel Matutes, presidente de Palladium Hotel Group, calificó de «demencial» legislar en contra de los intereses de los clientes, alertando del riesgo de medidas que, bajo la bandera de la Agenda 2030, reducen la competitividad y ponen en peligro la viabilidad de los hoteles.
Este cambio de discurso no sorprende a quienes han seguido de cerca la política turística de Baleares. Hace años, la presidenta del Govern, Marga Prohens, ya alertaba sobre las consecuencias de leyes como la impulsada por el socialista Iago Negueruela: una normativa que prometía sostenibilidad, pero que, en realidad, nunca garantizó esta sostenibilidad y a la postre ha resultado un lastre para el sector.
Prohens siempre se mantuvo firme, completamente sola, señalando que estas decisiones no garantizaban la sostenibilidad y la competitividad del turismo balear. Hoy, los hechos le dan la razón.
El giro de Escarrer refleja un despertar necesario: reconocer que la planificación pública deficiente y las restricciones ideológicas no solo afectan al negocio, sino también a la imagen y la calidad del turismo que llega a nuestras islas.
Baleares necesita empresarios que defiendan el valor de cada visitante y políticos que tengan la claridad de Prohens, capaces de anteponer la sostenibilidad real y la competitividad a la demagogia.
La lección es evidente: ocho años de errores pueden corregirse cuando se une la experiencia empresarial con el coraje político. Y, por fin, la visión sensata empieza a imponerse.
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