Fernando Bustamante: «Llevamos haciendo trile en la Playa de Palma más de 40 años, pero este año me retiro»
El rey del trile explica a OKDIARIO sus inicios: "Llegué en el año 1995, vinimos tres pelagatos y ahora somos 300"
La evolución de la familia Bustamante en Mallorca refleja, según sus propios protagonistas, una historia de crecimiento constante desde mediados de los años noventa. Lo que comenzó como la llegada de unos pocos familiares dedicados al trile en la Playa de Palma se ha convertido, aseguran, en una extensa red familiar repartida por distintos puntos del litoral. «Llevamos más de 40 años en la Playa de Palma haciendo el trile. Nosotros no hacemos daño a nadie y respetamos el trabajo de la Policía Local de Palma», apunta.
Fernando Bustamante recuerda con orgullo aquellos primeros años en la isla. «¡Hostia! Esto ha cambiado muchísimo. Llegué en el año 1995. Date cuenta de que vinimos tres pelagatos y ahora somos 300».
El crecimiento familiar, explica, ha sido espectacular durante las últimas décadas. «Nos hemos juntado ya… yo, ya te digo, yo tengo ocho hijos con diez nietos. Mi hermano tiene cinco o seis nietos, hijos… El otro tiene siete hijos. O sea, que nos hemos hecho una… inmensa, somos inmensos ahora mismo».
La expansión obligó a establecer una organización interna para evitar conflictos por los espacios más rentables del paseo marítimo. «Nos distribuimos por cuadrillas, nos repartimos el sitio. Cada uno tiene su sitio».
Dentro de esa distribución, existen ubicaciones especialmente codiciadas por la afluencia de turistas. Bustamante señala directamente el emplazamiento de su hermano mayor como el más valioso. «¿El mejor sitio? El de mi hermano Antonio, que es el mayor, el del puente. El primero que ven cuando vienen todos los turistas para acá es a él. Al balneario que pasan es por la suya, y esa acera es estrecha; la gente se hace unos corros que es flipante».
Pese a ello, defiende la importancia de su propia ubicación: «El mío tampoco está mal; yo estoy en el uno, el balneario uno».
La preparación del juego también forma parte de una rutina diaria que comienza antes de que lleguen los turistas. «Todos los días vamos al mercado, compramos tres patatas que nos valgan bien, le hacemos el agujerito, las limpiamos, ponemos la bolita y a trabajar. La bolita es de esponja, de pelota de estas de raqueta».
Según explica, la elección de las patatas resulta fundamental para la ejecución del juego. «Las patatas tienen que tener un tamaño que sea equilibrante, según las manos de la persona que la haga. A mí me gustan las patatas grandes porque yo tengo mucha mano, mucha mano».
Bustamante también rechaza algunas de las teorías tradicionales sobre la manipulación de la bola. «No tienes que cambiarla como dicen las manos con la uña; no tengo ni uñas, mira. No hace falta cogerla con la uña. Por cierto, no quiero acabar sin decir que ya estoy muy cansado. Posiblemente este año será el último. Me quiero retirar», concluye.
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