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CRÍTICA

¡Bravo Demuro! Así se canta a la Italia Infinita

El público del Teatro Principal captó de manera unánime la magia que envuelve las maneras del tenor Francesco Demuro

No hay otra expresión para resumir el concierto lírico protagonizado por el tenor Francesco Demuro en el Teatro Principal de Palma el pasado 30 de abril. ¡Bravo Demuro! En efecto, así se canta a la Italia Infinita. Desde el corazón. Nacido en Cerdeña, Demuro dio sus primeros pasos en la canción tradicional sarda, antes de pasar a la ópera con ese debut -el año 2007- que registró excelentes críticas y éxito de público, abriéndole las puertas de los principales teatros de ópera del mundo.

Desde entonces, su prestigio no ha parado de crecer y hoy, a sus 48 años, cabe entenderlo como el referente de la canción popular italiana. Las razones son claras. Su voz lírica ligera y su técnica en roles belcantistas y verdianos, adornados por su estilo elegante.

Como ya he apuntado, el hecho de iniciarse en la canción tradicional sarda le conectó de inmediato a las raíces; de manera que ese estilo elegante se vio enriquecido de un intenso carácter en la interpretación. Quedó patente desde el momento en que pisó el escenario del Principal. El repertorio del programa de mano se repartía entre arias de ópera, en buena parte de obras que son su especialidad como La Traviata, L’elisir d’amore, Lucia di Lammermoor o La Bohème, para entremedias aplicar su enorme talento interpretativo, transformando en hermosa realidad ese viaje al alma italiana. Desde el primer momento quedó patente la exquisita complicidad entre el tenor italiano y el director titular de nuestra Sinfónica, Pablo Mielgo.

El público de manera unánime captó la magia que envuelve las maneras de Francesco Demuro, tan intensas y conmovedoras, para encarnar el aliento dramático que subyace en los argumentos de las arias y la canción popular. De hecho, las arias de ópera italianas están construidas a partir de réplicas sofisticadas del alma popular italiana, y de ahí que todo el recorrido fuese un permanente deambular por la belleza de melodías, ritmos y armonías, todo ello enriquecido por esa rústica sensibilidad exhibida por Demuro.

Como ya es habitual en este formato de recitales líricos, la primera parte se centró en miradas al legado operístico, mientras la segunda subrayó ya en particular la tradición popular, en este caso la canción napolitana, lo que tiene su justificación desde el momento en que existen conexiones entre la cultura popular sarda y la napolitana. Vínculos muy profundos basados en su naturaleza mediterránea, influencias históricas comunes y una fuerte carga emocional. Francesco Demuro eligió cinco piezas compuestas entre 1881 y 1935, y solo una de ellas, Musica proibita, una romanza de cámara, ajena al legado napolitano, algo que vino a solucionar con el primer bis.

Y se escuchó O sole mio, ese gran icono de la canción napolitana desde su aparición en 1898. Fue todo un síntoma aquel rumor sorprendido entre el público nada más escucharse las primeras notas. Era un gran regalo. 

En aquella mirada al legado napolitano todas sobresalían por estar entre  las canciones más célebres del repertorio: Torna a Surriento, Core ‘ngrato, Non ti scordar di me y A marechiare. Algunas de ellas, popularizadas por el ilustre napolitano Enrico Caruso, el tenor operístico que también se dedicó a interpretar la canción popular italiana. La sorpresa llegó con el segundo bis, con el que Francesco Demuro venía a recordarnos su origen en la canción tradicional sarda, eligiendo para ello un cantu a capela.

Esperemos no tardar en volver a escucharle y esta vez, quién sabe, en el marco de la Temporada de Ópera del Teatro Principal. Tal vez por ello se dejó ver en los previos al recital, el gerente de la casa Miquel Martorell.