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Alfonso Rodríguez, un delegado del Gobierno de Baleares contra las cuerdas: crece la crisis con la Guardia Civil y la Policía Nacional

"Este hombre es una marioneta de Pedro Sánchez que pinta menos que una regadora", apuntan algunos agentes

Alfonso Rodríguez Badal, hasta ahora delegado del Gobierno en Baleares, afronta uno de los momentos más delicados de su trayectoria política. Su anunciada salida de la Delegación del Gobierno, su intención de regresar a Calvià como candidato del PSIB-PSOE y el creciente malestar expresado desde sectores relacionados con la Policía Nacional y la Guardia Civil han situado al político socialista en el centro de una importante tormenta política.

La sensación entre sus críticos es clara: Rodríguez tiene por delante un complicado final de etapa y una difícil tarea si pretende recuperar la confianza de determinados sectores que cuestionan abiertamente su gestión. Hace meses anunció su intención de abandonar la Delegación del Gobierno en Baleares para iniciar una nueva aventura política como candidato socialista a la Alcaldía de Calvià, un regreso que no estará exento de polémica después del resultado obtenido en los anteriores comicios municipales.

Alfonso sufrió entonces una importante derrota frente al Partido Popular y posteriormente abandonó la primera línea de la política municipal para salir huyendo y asumir responsabilidades en la Delegación del Gobierno, una decisión que sus adversarios han utilizado desde entonces para reprocharle haber dejado atrás el proyecto electoral con el que pidió la confianza de los ciudadanos. Ahora pretende volver a Calvià, pero lo hace cargando con un importante desgaste político y con una situación especialmente complicada en su relación con sectores de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Porque uno de los principales problemas que afronta actualmente Alfonso Rodríguez Badal es el profundo malestar que, según sus críticos y representantes de determinados colectivos, existe entre sectores vinculados a la Policía Nacional y la Guardia Civil. La relación institucional se habría deteriorado progresivamente después de varias polémicas relacionadas con actuaciones policiales y con la respuesta política ofrecida desde la Delegación del Gobierno. «Este hombre es una marioneta de Pedro Sánchez que pinta menos que una regadora», sostienen algunos agentes consultados por OKBALEARES.

Algunos sindicatos y representantes policiales han expresado públicamente críticas contra su gestión e incluso han reclamado responsabilidades políticas pidiendo su dimisión. Para quienes cuestionan su actuación, no se trataría simplemente de una discrepancia puntual, sino de una ruptura de confianza especialmente grave para quien ocupa la máxima representación del Gobierno de España en Baleares.

Uno de los episodios que provocó una enorme polémica estuvo relacionado con la actuación de la Guardia Civil contra un grupo de activistas investigados por diferentes actos vandálicos, con cristaleras destrozadas, puertas dañadas y pintadas en fachadas de establecimientos e inmobiliarias. Los daños económicos alcanzaban miles de euros y la operación desarrollada por la Benemérita generó inmediatamente una fuerte controversia política. En ese momento, el delegado del Gobierno no dudó en bajarse los pantalones ante el sector independentista y vender a los agentes de la Benemérita que cumplieron de forma escrupulosa con sus obligaciones.

Fue entonces cuando comenzaron algunas de las críticas más contundentes contra Alfonso Rodríguez Badal. Sus detractores consideraron que el delegado del Gobierno no defendió con suficiente contundencia la actuación de la Guardia Civil y que su posicionamiento político se alejaba del respaldo que, según ellos, merecían los agentes encargados de investigar aquellos hechos.

Pero la situación alcanzó uno de sus momentos más tensos durante la polémica manifestación antiturismo, que terminó con enfrentamientos, actuaciones policiales y personas heridas, entre ellas manifestantes y miembros de las fuerzas de seguridad. La actuación de la Policía Nacional volvió a situarse en el centro del debate político y, con ella, también la posición de Alfonso Rodríguez Badal.

Sus críticos aseguran que el delegado del Gobierno no respaldó en ningún momento a los agentes que tuvieron que intervenir durante los incidentes, una interpretación que provocó una enorme indignación entre determinados sectores vinculados a la Policía Nacional. Para algunos representantes del colectivo, aquel episodio supuso un antes y un después y el momento en el que la confianza quedó seriamente dañada.

Desde entonces, la relación entre Alfonso Rodríguez Badal, la Policía Nacional y la Guardia Civil se ha convertido, según sus detractores, en uno de los asuntos más incómodos de su gestión política. Formalmente, las instituciones continúan funcionando y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cumplen con las obligaciones establecidas por la ley, pero para los sectores más críticos existe una diferencia fundamental entre ejercer una autoridad institucional y contar con la confianza personal y profesional de quienes trabajan cada día sobre el terreno.

Alfonso Rodríguez Badal afronta, por tanto, un futuro político cargado de incertidumbre. Sus críticos no olvidan las polémicas, los sindicatos mantienen sus reproches y el desgaste acumulado amenaza con acompañarle en su regreso a Calvià. Además, dentro de su partido no está bien considerado y vaticinan que se pegará un batacazo de dimensiones considerables en las próximas elecciones. Será el fin de un político que ha hecho mucho daño a la política balear.

La batalla política está servida y la última palabra la tendrán los ciudadanos, pero antes el socialista tendrá que superar una crisis que ha dejado una imagen difícil de borrar: la de un delegado del Gobierno cuestionado por sectores de la Policía Nacional y la Guardia Civil y obligado ahora a defender su futuro político en un escenario mucho más complicado del que probablemente esperaba.