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El adiós a Miquel Contestí

Moviment mallorquinista pide rebautizar la grada oeste del estadio municipal de Son Moix con el nombre de Miquel Contestí. La Unió de Penyes parece conformarse con institucionalizar el nombre del mejor presidente del Mallorca en la sala de trofeos. El club, hasta donde yo sé, no ha abierto la boca. A veces es mejor. Los hechos delatan a sus dueños y ejecutivos, proclives a fotografiarse con Rafa Nadal o contratar al Tío Tony sin venir a cuento, mientras desprecian la historia merced a la que ostentan su posición y sus cargos. Unos vendieron sus acciones con una sustancial plusvalía, el finado arriesgó su propio dinero y años después de cumplir su misión regaló sus títulos de propiedad del Lluis Sitjar a la SAD a la que resucitó de ss mismísimas cenizas. Los milagros son exclusivos de dios, las proezas no.

Escribo estas líneas horas antes de asistir al funeral que se celebrará muy cerca de su casa, la misma en la que nació, vivió y murió aquel que dedicó catorce años de su vida sacrificando días y horas a su familia, a veces sin más beneficio que la protesta y la amargura en etapas de malos resultados deportivos, compensadas en otras ocasiones por victorias tan efímeras como la propia existencia.

He tenido que redactar algún obituario a lo largo de los cincuenta y tantos años de profesión, también con sinsabores e inmensas alegrías, nunca la crónica de unas exequias. Siempre con la conciencia de haber servido a la sagrada labor de la información con un único objetivo: la verdad. La mía, claro, pues la absoluta puede que no la encontremos nunca. Pero puedo decir con orgullo y total tranquilidad de conciencia, que entre 1978 y 1992 fui feliz con mi trabajo por muchas que fueran las diferencias que pudiéramos tener, incluso tensas hasta encontrarme mi cabina de radio desmontada y amontonada cual chatarra al acudir un domingo cualquiera a desarrollar mi trabajo. La sangre nunca llegó al río, quizás porque «en Palma no hay río, ni sangre», tal cual afirmaba Cesar Rodríguez, el «divino calvo», esa misma corriente que traslada a Don Miquel a través de la eternidad a bordo de su «llaut» de pesca. «E la nave va» titulaba Federico Fellini a una de sus películas.