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Un parásito amenaza la mayor extensión de olivos del mundo tras prohibir la UE matarlo: «El Pacto Verde arrasará Jaén»

Los agricultores piden usar el fitosanitario que aplicaban hasta la entrada del Pacto Verde

Se trata de la plaga del 'algodoncillo': un parásito que ya afectado unas 150.000 hectáreas

  • Paula Ciordia
  • Villanueva del Arzobispo (Jaén)
  • Enviada especial
  • Periodista y filóloga | Vox | Inmigración | Wokismo | Taurina en Entre Pitones | paula.ciordia@okdiario.com

¿Sabías que la plaga del algodoncillo tiene en jaque la mayor extensión de olivos del mundo? Esta es la historia de Juan, un agricultor de Villanueva del Arzobispo (Jaén) sumido en la desesperación ante la impotencia de ver cómo su olivar está siendo exterminado por un insecto hasta hace sólo unos años inofensivo.

Sin embargo, tras la entrada en vigor del Pacto Verde, la Unión Europea ha prohibido utilizar el fitosanitario común para tratarlo. Mientras tanto, Marruecos, Túnez o Argelia importan a España aceitunas y aceite sin restricciones sanitarias, utilizando el insecticida prohibido a los españoles.

OKDIARIO visita Jaén, el mayor olivar en jaque

En la provincia de Jaén se extiende el mayor olivar del planeta. Un mar verde con más de 66 millones de árboles que ha convertido a esta zona en líder mundial del aceite de oliva. Pero hoy, ese paisaje histórico, símbolo de riqueza y tradición, se enfrenta a una amenaza que crece sin control: la plaga del algodoncillo. Una plaga que cubre el olivo con una especie de capa blanquecina que impide su desarrollo y termina asfixiándolo.

«Esto asfixia el árbol por completo» explicará Juan, un agricultor afectado. OKDIARIO visitará su finca en Villanueva del Arzobispo. El insecto se alimenta de la savia, impide que el fruto salga adelante y actúa con una rapidez que deja sin margen de reacción.

La preocupación es ya generalizada. Según los propios agricultores, la plaga afecta a unas 150.000 hectáreas en la provincia, con decenas de miles más en riesgo. En algunas zonas, el impacto es devastador: cosechas enteras perdidas y explotaciones al límite.

A esta situación se suma la impotencia del sector. Denuncian que los tratamientos autorizados actualmente no están siendo eficaces y que, además, la normativa europea les impide utilizar productos que durante décadas sí empleaban.

En este contexto, el debate ha saltado también al terreno político. Desde Vox se ha reclamado el uso excepcional de fitosanitarios prohibidos desde la entrada en vigor del Pacto Verde, como el clorpirifos, al considerar que los productos actuales son insuficientes para frenar la plaga.

Según denuncian, alrededor de 9.000 hectáreas de olivar jiennense están en riesgo de perder la cosecha debido al avance del algodoncillo, a pesar de que los agricultores han aplicado todos los tratamientos autorizados. Además, advierten de que en comarcas como Las Villas o La Loma la plaga alcanza ya a más del 80% de los cultivos, con casos donde se ha perdido el 100% de la producción en los últimos años.

Desde el sector crítico con estas políticas, agricultores como Juan denuncian una «competencia desleal», al permitirse la entrada de productos de países extracomunitarios donde sí se utilizan estos tratamientos, como Marruecos, Argelia o Túnez.

Mientras tanto, en el campo, la sensación es de abandono. «Esto es la ruina de Jaén», lamenta Juan. Muchos, incluso, aseguran estar recibiendo ofertas a la baja por sus explotaciones, muy lejos del valor que alcanzaban hace años.

La crisis no es solo económica, sino también humana. Agricultores de avanzada edad siguen trabajando sin relevo generacional ni capacidad para contratar mano de obra. «Tengo 70 años y tengo que estar al pie del cañón», relata este jinense.

Hace apenas dos décadas, pensar que Jaén —epicentro mundial del aceite de oliva— pudiera perder su liderazgo frente a países africanos era impensable. Hoy, sin embargo, ese escenario empieza a preocupar seriamente. El mensaje final desde el campo es contundente: piden soluciones urgentes, mayor respaldo institucional y medidas eficaces para frenar una plaga que amenaza no solo a los olivos, sino a todo un modo de vida. «Nos están destruyendo. Nosotros solo queremos trabajar», concluye.