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Dicen que es la Capadocia española, pero está en La Rioja y es una máquina del tiempo a la Edad Media

En Arnedo permanece uno de los conjuntos subterráneos más singulares de La Rioja. Las excavaciones humanas en los cerros arcillosos de la zona crearon un fenómeno rupestre que evolucionó desde la Edad Media hasta mediados del siglo XX, con periodos de gran actividad y otros de abandono. Todo ello le ha valido el apodo de la «Capadocia española».

El complejo que estamos por desvelar se extiende bajo el Cerro de San Miguel y comparte la presencia de cuevas conectadas, pilares tallados y un paisaje rojizo característico de la arenisca. Su estructura interna, la disposición de estancias y el testimonio de antiguos moradores se conservan hoy a través de un completo itinerario guiado.

¿A qué lugar de La Rioja la llaman la «Capadocia española» y por qué?

El conjunto conocido como Cueva de los Cien Pilares se ganó merecidamente el apodo de «la Capadocia española» al estar formado por galerías comunicadas, techos sostenidos por soportes excavados y un sistema de oquedades que ha permitido diversos usos a lo largo del tiempo.

Por el momento, la datación más aceptada sitúa el origen de estas cavidades en torno a los siglos posteriores a la caída del Imperio romano, cuando la inseguridad en los valles motivó la búsqueda de protección en enclaves más elevados o directamente subterráneos.

Las fuentes medievales confirman que en el siglo XI ya existía en Arnedo una comunidad vinculada al Monasterio de San Miguel. La ausencia de restos arquitectónicos externos en el cerro ha llevado a considerar que sus estancias podrían haber ocupado parte de este entramado rupestre.

Más adelante, los espacios se reorganizaron para usos agrícolas, ganaderos, domésticos o incluso como palomares y almacenes vinculados a la producción local.

El hecho de que se la compare con Capadocia no procede solo de la apariencia exterior, sino también del modo en que la roca blanda permitió la aparición de pasillos naturales, ventanucos y pequeñas habitaciones que configuraron un asentamiento singular.

A lo largo del siglo XX continuaron existiendo viviendas encaladas en estas cavidades, muchas de ellas habitadas por familias que mantenían la temperatura estable todo el año, una de las características de estas casas-cueva.

Un viaje en el tiempo hacia la Edad Media: así es la visita a la Capadocia española

El paisaje sedimentario del valle del Cidacos explica parte del desarrollo del fenomeno que toma lugar en la Cueva de los Cien Pilares. La arenisca y la arcilla, fáciles de tallar y moldear, conforman los cerros que rodean Arnedo y han facilitado la creación de numerosas cavidades con fines diversos.

En algunos casos se trataba de bodegas, corrales o leñeras; en otros, de espacios concebidos para asegurar el abastecimiento agrícola o ganadero.

Durante la invasión árabe y otros periodos de inestabilidad, los habitantes emplearon estas galerías como refugio seguro. Con el paso de los siglos, las cavidades se reorganizaron para actividades económicas o religiosas, integrándose en una estructura compleja que llegó a albergar lugares de oración y zonas de almacenaje.

La tradición local recoge además el paso de personajes históricos como Enrique de Trastámara o Bertrand du Guesclin, vinculados a episodios medievales desarrollados en la región.

En los años 40, muchas de estas cuevas estaban aún en uso cotidiano. Las estancias se mantenían mediante trabajos de encalado anual, lo que aportaba luminosidad y una ventilación adecuada.

Las unidades domésticas incluían un pasillo central que distribuía la cocina (siempre con ventilación natural), el espacio de descanso y la cuadra. Algunas zonas servían como talleres en los que se fabricaban objetos de esparto u otros enseres tradicionales.

Centro de Interpretación y memoria de las casas-cueva en Arnedo

El Centro de Interpretación de la Vida en las Cuevas ofrece un recorrido por estas formas de habitar. Allí se han recreado viviendas completas con sus elementos fundamentales: cocina, alcoba, cuadras y espacios destinados a usos productivos.

También se documenta la existencia de unas 200 casas-cueva en Arnedo hasta mediados del siglo XX, un fenómeno que se extinguió progresivamente conforme avanzó la industrialización del calzado, sector que transformó la economía local.

La visita guiada (la única forma de acceder al complejo) combina la observación directa de las galerías con la explicación de los procesos históricos, sociales y geológicos que dieron lugar a este asentamiento rupestre.

La adecuación turística, iniciada en 2014 y ampliada en 2020, permite recorrer zonas que antes estaban cerradas o eran inaccesibles, configurando un itinerario más interactivo que muestra los usos tradicionales de estas cavidades.

A lo largo del recorrido pueden apreciarse ventanucos, accesos originales y pilares excavados que sostienen los techos. La señalización y la iluminación facilitan una comprensión más precisa del conjunto, sin alterar la morfología natural de las paredes de arenisca.

Información práctica para organizar la visita

La Cueva de los Cien Pilares solo puede visitarse mediante recorrido guiado. La Oficina de Turismo de Arnedo gestiona las reservas desde el edificio Nuevo Cinema, tanto por teléfono como por WhatsApp. Las visitas tienen una duración aproximada de 45 minutos y se recomienda llegar con unos diez minutos de antelación para formalizar el pago presencial.

Estos son los horarios y precios actualizados:

El recorrido atraviesa zonas con pasillos estrechos y suelos irregulares, por lo que no es accesible con sillas de ruedas salvo el primer tramo. Tampoco es recomendable para carritos infantiles. En casos puntuales se permite el acceso con mascotas, siempre que puedan ir en brazos y no interfieran en la dinámica del grupo.

Más lugares para visitar en Arnedo: patrimonio, industria y paisaje

La localidad conserva otros espacios de interés relacionados con su desarrollo histórico. Por ejemplo, el Castillo de Arnedo ofrece una panorámica amplia del municipio y del valle, mientras que la Iglesia de Santo Tomás y la de San Cosme y San Damián representan etapas relevantes del patrimonio religioso.

El monasterio de Nuestra Señora de Vico, situado a las afueras, completa el recorrido para los interesados con un enclave habitado por una comunidad cisterciense que mantiene la producción artesanal de repostería y porcelana.

Por último, otro punto interesante es el Museo del Calzado, que muestra la evolución de la actividad industrial desde el siglo XVI hasta la actualidad y se integra en un itinerario urbano que incluye la Ruta de las Esculturas, el Ayuntamiento y diversos edificios históricos.