El hombre que construyó un castillo de coral
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El amor y el desamor han sido causantes de grandes locuras. Es un hecho. Castillos como el de Neuschwanstein, en la Baviera alemana, o el Palacio da Pena, en Sintra (Portugal), fueron ostentosas declaraciones de amor. Pues bien, lejos de allí, al otro lado del Atlántico, un tipo llamado Edward Leedskalnin edificó el Coral Castle. Sí, un castillo de coral.
El castillo de coral de Miami
El viajero puede visitar el Coral Castle en Miami (Estados Unidos), exactamente en 28655 South Cixie Highway, en Homestead. Y lo puede hacer cualquier día de la semana por un unos 8 euros (los niños pagan menos). Pero, ¿por qué merece la pena esta visita? En primer lugar, por su inestimable belleza. Y en segundo, por la historia que hay detrás y que protagoniza el citado Leedskalnin.
Este hombre, conocedor del oficio de picapedrero, nació en Riga (Letonia) allá por 1887. Cuando cumplió los 26 años cayó en las redes del amor. Conoció a Agnes Scuffs, 10 años menor que él, y la dicha llamó a su puerta. Pero el día de la boda, la joven decidió que no era su momento. Y le abandonó…
Cruzando el océano…
Desolado por la pérdida, Edward hizo las maletas y se marchó, como en la canción de José Luis Perales. Sólo la distancia mitigaría su dolor. Su destino sería Míami, en los pujantes Estados Unidos de principios del siglo XX. Mas no olvidó a su Sweet Sixteen. Al contrario, dedicó su vida a construir un castillo en su honor. Así, como quien no quiere la cosa.
Así que en 1920 comenzó a construir un castillo de coral en Florida City. Y para ello empleaba la piedra coralina que sacaba de la propiedad que había adquirido. Posteriormente, en 1936 compró 4 hectáreas cerca de Homestead a unos 15 Km. del primer lugar. Y siguió con su labor trasladando su primera obra.
Lo más curioso de todo es que el bueno de Edward apenas pesaba 45 Kg. y fue capaz de mover 1.100 toneladas de rocas. Además, siempre trabajaba de noche. Como no podía ser de otra manera, las leyendas urbanas no tardaron en aparecer. Los había que decían que empleaba un sistema de poleas como en las pirámides de Egipto; o que utilizaba los campos magnéticos de la Tierra para magnetizar las piedras . Fuera lo que fuera, lo cierto es que construyó un magnífico castillo de coral. Y eso es lo que ha quedado.
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