Madrid vibra con Morante: baño de multitudes a hombros por la calle de Alcalá
Los aficionados taurinos llevan a Morante de la Puebla de la plaza de Las Ventas al Hotel Wellington
«¡José Antonio!, ¡Morante de la Puebla!, ¡José Antonio!, ¡Morante de la Puebla!, ¡José Antonio!, ¡José Antonio!, ¡Morante de la Puebla!, ¡torero!, ¡torero!, ¡torero!». El público de la última corrida de la Feria de San Isidro este domingo, la corrida de la Beneficencia, se rindió ante Morante de la Puebla, que salió por la Puerta Grande por primera vez en su carrera en una tarde magistral con un excelente lote Juan Pedro Domecq. Los madrileños llevaron a hombros al maestro por la calle Alcalá desde la plaza de toros de Las Ventas hasta el Hotel Wellington, en plena calle Velázquez, donde se suelen alojar los toreros cada vez que visitan Madrid en San Isidro. Cuando llegó al hotel, el torero salió al balcón para saludar a la afición. Le rogaron unas palabras. El maestro besó la bandera de España de la fachada.
Después de la última tarde de toros en San Isidro hacia las 21:40, cuando empezaba a ponerse el sol, la calle Alcalá se llenó de aficionados taurinos que llevaron a hombros a Morante de la Puebla después de triunfar en la última tarde de San Isidro. La Policía Nacional tuvo que cortar el tráfico cuando la muchedumbre tomó la calle con el torero de La Puebla del Río. ¡José Antonio!, ¡Morante de la Puebla!, ¡José Antonio!, ¡Morante de la Puebla!, ¡José Antonio!, ¡José Antonio!, ¡Morante de la Puebla!», se escuchó al público deshacerse en elogios cuando salía a hombros por la Puerta Grande de la plaza de toros de Las Ventas, que forma parte de la historia de Madrid. Morante de la Puebla desató pasión. Miles de niños y jóvenes saltaron al ruedo en una imagen para el recuerdo para acompañar al maestro sevillano en la vuelta al ruedo previa a cruzar la puerta de los triunfadores. Fue la antesala de lo que vendría después: una auténtica locura colectiva.
Ya Morante de la Puebla sintió la plaza entregada en el paseíllo varias horas antes, cuando la plaza entera puesta en pie se rompió en una ovación. «Esto sólo pasa en Madrid», se escuchó decir a uno de los aficionados a otro mientras llevaban a hombros a Morante de la Puebla a hombros a su hotel.
La Policía abría paso, mientras intentaba poner orden entre el gentío y los coches, para que pudiera pasar Morante de la Puebla a hombros después de una tarde magistral en Las Ventas. «¡Torero, Morante, torero!», le gritó el público de Las Ventas de Madrid.
«¡Torero!, ¡torero!, ¡torero!», se escuchó una y otra vez al público decir después de llevar al maestro a su hotel. Los aficionados se quedaron en la puerta del hotel. Entonces, se vio a Morante que salió al balcón del Wellington para saludar una vez más a la afición en Madrid en su tarde de gloria, cuando ya empezaba a entrar la noche. Le rogaron unas palabras. Él besó la bandera de España que se podía ver en la fachada.
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