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Ni el bronceado protege ni el melanoma aparece siempre en un lunar: mitos sobre el cáncer de piel

El melanoma puede manifestarse de formas muy diversas y no siempre presenta las características que habitualmente se asocian a este tipo de cáncer de piel.

El cáncer de piel es uno de los tumores más prevalentes a nivel mundial y el melanoma, a pesar de ser su variante menos frecuente, constituye la más agresiva. Aunque suele asociarse a lesiones visibles, el cáncer de piel no provoca síntomas específicos en sus fases iniciales, por lo que la observación de determinados cambios continúa siendo una de las principales herramientas para favorecer su detección precoz. En cuanto al melanoma, según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en 2026 se diagnosticarán 8.074 nuevos casos en España, por lo que la detección temprana resulta determinante, ya que la supervivencia supera el 90% cuando la enfermedad se identifica en estadios iniciales.

Con la llegada del verano también resurgen algunas falsas creencias sobre la exposición solar y el cáncer de piel. Entre las más extendidas está la idea de que la piel puede «acostumbrarse» al sol y desarrollar una protección natural tras las primeras exposiciones. Esta percepción suele apoyarse en la sensación de que, a medida que avanzan los meses de calor, la piel se enrojece menos o parece tolerar mejor la radiación solar. Sin embargo, esto no significa que deje de sufrir sus efectos. La radiación ultravioleta continúa provocando daños acumulativos en las células cutáneas, incluso cuando no aparecen quemaduras visibles.

Precisamente esa sensación de adaptación ayuda a explicar otro de los mitos más repetidos durante los meses de verano: creer que el bronceado protege frente al sol. La realidad es que el tono moreno no constituye una barrera frente a la radiación ultravioleta, sino una respuesta de defensa del organismo ante una agresión ya producida. Lejos de reflejar una piel más resistente, el bronceado es una señal de que esta ha activado mecanismos para intentar minimizar el daño causado por la exposición solar.

Estas falsas creencias reflejan una tendencia habitual a confiar en señales visibles para valorar el impacto del sol sobre la piel. Sin embargo, los efectos cancerígenos de la radiación ultravioleta no son inmediatos y pueden presentarse años después de la exposición repetida. Además, si bien la exposición solar excesiva es un factor de riesgo ampliamente estudiado y reconocido para el desarrollo de melanoma, es importante resaltar que existe un subtipo de melanoma que aparece en superficies del cuerpo que no suelen estar expuestas al sol. Se trata del melanoma lentiginoso acral.

En estos casos, las lesiones aparecen en palmas de manos, uñas y plantas de los pies, por lo que cualquier lesión o mancha nueva en estas zonas debe llamar nuestra atención y es recomendable acudir a consulta para su revisión.

«A diferencia de otros tumores, el melanoma puede ofrecer señales visibles mucho antes de provocar síntomas. Por eso es tan importante familiarizarse con el aspecto habitual de nuestra piel y consultar cualquier cambio que llame la atención, aunque parezca pequeño o no genere molestias», explica la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E Health Medical Manager de Cigna Healthcare España. «Para ello, existen herramientas sencillas como la regla ABCDE, que ayuda a identificar características sospechosas en lunares o manchas, o el denominado signo del patito feo que consiste en prestar atención a aquellas lesiones que se ven claramente diferentes al resto. La detección precoz sigue siendo una de las herramientas más eficaces para mejorar el pronóstico y reducir el impacto de la enfermedad».

En este contexto, los expertos de Cigna Healthcare señalan algunos de los aspectos menos conocidos sobre el melanoma: