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Un médico advierte sobre los peligros de las frutas y verduras podridas: «Lo desaconsejo, incluso les insto a que dejen de hacerlo»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Cuando encontramos moho en una pieza de fruta o verdura, surge la siguiente pregunta: ¿podemos retirar la parte afectada y comernos el resto? Los expertos son muy claros al respecto: si una pieza presenta moho, aunque solo sea en una pequeña zona y no existan señales visibles de que haya penetrado bajo la piel, debemos deshacernos de ella.

Esto se debe a que el hongo puede haberse extendido por el interior sin dejar indicios que se puedan apreciar a simple vista, por lo que eliminar la parte con moho y conservar el resto no se considera una opción segura.

Los peligros de comer frutas y verduras podridas

Los mohos son hongos microscópicos que, al desarrollarse, se hacen visibles en forma de una capa de aspecto algodonoso o filamentos muy finos, con colores que pueden variar entre el blanco, el gris, el verde o el negro. Sin embargo, cuando el moho ya puede apreciarse a simple vista, es muy probable que el hongo lleve tiempo extendiéndose por el alimento mediante unas estructuras llamadas hifas, que penetran en su interior.

Estas hifas avanzan con mayor rapidez en alimentos blandos y con un alto contenido en agua. Por este motivo, aunque el moho sólo sea visible en una pequeña zona de la superficie, el resto de la pieza puede estar contaminada sin mostrar signos evidentes. Además, el crecimiento del hongo acelera el deterioro del alimento y altera sus propiedades.

«Cuando las frutas y verduras empiezan a pudrirse, las bacterias proliferan. Además, puede aparecer moho en la superficie. Detrás de este moho, hay hongos microscópicos que a veces producen toxinas y se extienden por toda la fruta o verdura», advierte el Dr. Vincent Valinducq en el programa «Bonjour! La Matinale» de TF1.

Consumir frutas o verduras en mal estado puede provocar problemas digestivos, especialmente si contienen toxinas producidas por hongos. «También pueden aparecer reacciones alérgicas y, en casos mucho menos habituales, síntomas neurológicos», señala Vincent Valinducq. Cuando un hongo genera este tipo de sustancias, el riesgo para la salud es real. Además, hay personas especialmente vulnerables, como quienes tienen el sistema inmunitario debilitado, las mujeres embarazadas, los niños pequeños, los bebés y los adultos mayores, que pueden sufrir complicaciones con mayor facilidad.

Los hongos que proliferan en las frutas y verduras pueden representar un riesgo para la salud, aunque sus efectos dependen del tipo de microorganismo y de las toxinas que produce:

Los expertos en seguridad alimentaria recuerdan que los alimentos frescos se deben mantener en un lugar fresco y seco o refrigerarse cuando así lo requieran. También es aconsejable cubrirlos o guardarlos en recipientes adecuados para protegerlos de la contaminación y conservar mejor sus propiedades. En el caso de los alimentos enlatados, una vez abierta la lata, el contenido sobrante se debe trasladar a un recipiente de plástico o de cristal con tapa.

Fresas

En las fresas, las dos enfermedades fúngicas más frecuentes están provocadas por Botrytis cinerea y Rhizopus stolonifer. El primero origina el conocido moho gris, que recubre el fruto con una capa algodonosa, reblandece los tejidos y provoca importantes pérdidas durante el almacenamiento y el transporte.

Además, puede seguir desarrollándose incluso a temperaturas cercanas a los 0 ºC, aunque de forma más lenta. Por su parte, Rhizopus stolonifer produce una podredumbre blanda que hace que la fruta pierda jugos con rapidez. Sus esporas también se propagan con facilidad por el aire, pero su crecimiento se ve limitado cuando la temperatura desciende por debajo de los 5 ºC.

La temperatura desempeña un papel decisivo en la conservación de las fresas. A medida que aumenta, el fruto se vuelve más blando y crece el riesgo de proliferación de hongos. Para prolongar su vida útil y mantener su calidad, se recomienda recolectarlas cuando alrededor del 75 % de su superficie haya adquirido el color rojo característico y la pulpa conserve todavía una textura firme, tal y como señala la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Finalmente, aunque la recomendación general es desechar los alimentos con moho, existen algunas excepciones. En el caso de los embutidos curados, se puede eliminar el moho superficial y consumir el resto del alimento. También ocurre con los quesos curados, donde se recomienda cortar la parte afectada y al menos 2,5 centímetros alrededor para reducir el riesgo de contaminación. Algo similar sucede con frutas y hortalizas de textura firme, como las zanahorias, los pimientos o el repollo.