Mareos o debilidad: estos son los falsos mitos más extendidos sobre la donación de sangre
Existen muchas creencias que llevan a muchas personas a descartarse antes incluso de consultar si están en condiciones de donar
La donación de sangre suele ganar visibilidad cuando se producen accidentes, catástrofes o llamamientos urgentes, pero su necesidad va mucho más allá de las situaciones de emergencia. Muchos pacientes requieren transfusiones de forma programada durante intervenciones quirúrgicas, tratamientos oncológicos, trasplantes, complicaciones durante el parto o procesos clínicos prolongados. Por eso, mantener donaciones regulares resulta tan importante como responder en momentos críticos.
A pesar de ello, todavía existen dudas que llevan a muchas personas a descartarse antes incluso de consultar si están en condiciones de donar. El miedo a marearse, la idea de que hay que acudir en ayunas o la preocupación por sentirse débil siguen presentes en la población y frenan donaciones que, tras una valoración sanitaria, se realizarían con seguridad.
«Muchas personas tienen voluntad de donar, pero se detienen por ideas que no siempre se corresponden con la realidad. La donación empieza antes de la extracción, con un cuestionario y una entrevista sanitaria que ayudan a valorar si la persona está en condiciones de hacerlo ese día. Ese filtro protege al donante y también al paciente que recibirá la sangre», explica Beatriz Arenaz Amas, jefe de servicio de Laboratorio del Hospital Blua Sanitas Valdebebas.
Esa valoración previa resulta especialmente importante porque los requisitos no deben interpretarse de forma aislada. El estado general de salud, el descanso, la hidratación, los síntomas recientes, determinados tratamientos o algunos viajes influyen en la decisión final. Por eso, ante la duda, lo adecuado es consultar en el propio punto de donación.
Emociones que no se ajustan a la realidad
El componente emocional también influye en la decisión de donar. En algunas personas, la anticipación del pinchazo o de una posible reacción física genera más tensión que el propio procedimiento, lo que las lleva a descartarse, aunque cumplan los requisitos sanitarios.
«El miedo a donar sangre o al propio pinchazo activa una respuesta corporal inmediata muy molesta. La tensión aumenta, la respiración cambia y la persona empieza a vigilar cualquier sensación, lo que intensifica el mareo o la impresión de pérdida de control. Existen toda una serie de cosas que recomendamos en estos casos: avisar a los profesionales antes de empezar, realizar ejercicios de respiración, de relajación muscular, evitar mirar la aguja, tumbarse (especialmente si ya ha habido una reacción previa) y centrar la atención fuera del brazo ayuda a atravesar ese momento con más seguridad», explica Jorge Buenavida, psicólogo de Blua de Sanitas.
Junto a este temor, existen otras creencias que conviene aclarar para que la decisión de donar se base en información fiable y no en ideas asumidas como ciertas. Entre los mitos más frecuentes sobre la donación de sangre destacan:
«Hay que donar en ayunas». Para donar sangre no se recomienda acudir con el estómago vacío. Lo adecuado es haber tomado algo ligero, evitar comidas copiosas justo antes y beber agua con normalidad. El ayuno favorece mareos o sensación de debilidad durante el proceso.
“Después de donar te quedas débil durante días”. En personas sanas, la recuperación suele ser progresiva y las molestias, cuando aparecen, son leves y temporales. Permanecer unos minutos en reposo, tomar el refrigerio indicado y evitar esfuerzos importantes durante las horas posteriores ayuda a reducir el riesgo de malestar.
“A partir de cierta edad ya no es posible donar”. La edad es un criterio importante, pero no debe interpretarse como una exclusión automática en todos los casos. La posibilidad de donar depende de la normativa aplicable, del estado de salud, de los antecedentes y de la valoración del equipo sanitario.
“Tomar medicación impide siempre donar”. No todos los tratamientos son incompatibles con la donación. Algunos medicamentos requieren aplazarla y otros no suponen necesariamente un impedimento. Lo importante es comunicar siempre qué fármacos se toman, desde cuándo y por qué motivo, para que el profesional sanitario valore la situación con seguridad.
«Donar sangre perjudica las defensas». La donación no debilita el sistema inmunitario en una persona sana. Lo que sí resulta fundamental es no donar si hay fiebre, infección activa, malestar general o síntomas recientes.
«Detrás de cada donación hay dos responsabilidades»: cuidar a quien dona y garantizar la seguridad de quien recibirá la sangre. Por eso es tan importante acudir con información clara, responder con sinceridad al cuestionario previo y avisar si aparece cualquier malestar durante el proceso. La donación no empieza con la aguja, sino con una valoración bien hecha”, concluye Beatriz Arenaz Amas, jefe de servicio de Laboratorio del Hospital Blua Sanitas Valdebebas.
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