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EL FOCO de María Zabay

Rafael Santandreu, psicólogo: «El miedo a no dormir es lo que impide a mucha gente dormir»

Para dejar atrás el insomnio "hay que estar dispuesto a dormir mal"

"El miedo a no dormir es lo que impide a mucha gente dormir"

Horas para conciliar el sueño, despertares a mitad de noche y noches en vela son las variantes de la pesadilla que azota a gran parte de la población adulta: el insomnio. Se ha convertido, sin duda, en una de las grandes preocupaciones de nuestro tiempo. Según las cifras citadas en la entrevista, afecta a cerca del 40% de la población, mientras que alrededor de un 12% lo padece de forma crónica y grave.

En su nuevo libro, Dormir cuando no puedes dormir, el psicólogo Rafael Santandreu sostiene que no todos los insomnios son iguales y que, por tanto, tampoco deben abordarse de la misma manera.

El primero es el insomnio provocado por las preocupaciones del día a día. Problemas laborales, familiares o personales llegan a la cama porque la persona no ha conseguido reducir su nivel de ansiedad durante la jornada.

El segundo aparece cuando surge el miedo a no dormir. «El miedo a no dormir es lo que impide a mucha gente dormir», afirma Santandreu. La presión por descansar, mirar el reloj y anticipar el cansancio del día siguiente termina aumentando todavía más la activación mental.

El tercero es el que se denomina desprogramación del sueño profundo. Puede aparecer después de una etapa de estrés, crianza o despertares frecuentes, cuando el cerebro se acostumbra a dormir de forma ligera e interrumpida.

Para este último caso propone recuperar progresivamente la presión del sueño, reduciendo durante un tiempo las horas pasadas en la cama para volver a dormir de manera profunda y continuada.

Santandreu sostiene que recurrir únicamente a medicamentos no resuelve los procesos psicológicos que mantienen el insomnio. Los hipnóticos pueden ser útiles en determinadas circunstancias, pero no enseñan por sí solos a relacionarse de otra forma con la cama, la vigilia o el miedo a no dormir. Las benzodiacepinas, en particular, pueden generar tolerancia, dependencia física y síntomas de abstinencia. Los riesgos aumentan con la duración, la dosis y la combinación con alcohol, opioides u otros depresores del sistema nervioso central. No deben abandonarse bruscamente cuando se han tomado de manera continuada, sino mediante una reducción pautada por un médico. Los denominados fármacos Z también pueden provocar conductas complejas durante el sueño, como caminar, cocinar o conducir sin estar plenamente despierto, aunque se trate de acontecimientos infrecuentes.

Santandreu asegura que el cansancio y el mal humor por no haber dormido son «falsos» y que, después de una noche sin dormir, una persona podría encontrarse incluso mejor. Quizá usted no esté muy de acuerdo. Lo cierto es que las expectativas negativas pueden amplificar la percepción de fatiga y que el rendimiento subjetivo no siempre coincide con el rendimiento objetivo. También es cierto que la privación de sueño se ha estudiado como intervención antidepresiva de acción rápida y puede producir una mejoría transitoria en una parte de los pacientes con depresión.

Su conclusión para dejar atrás el insomnio es paradójica, pero contundente: «Para aprender a dormir bien hay que estar dispuesto a dormir mal». Es decir, dejar de convertir cada noche en una prueba y perder el miedo a permanecer despierto.