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neuróloga y cofundadora de Ace Alzheimer Center Barcelona

Dra. Mercè Boada: «Es posible desarrollar terapias que modifiquen el desarrollo del Alzheimer»

"Es una enfermedad claramente feminizada, donde alrededor de dos tercios de las personas afectadas son mujeres"

"Debe ser una prioridad política y presupuestaria real como se hace con otras enfermedades"

  • Beatriz Muñoz
  • Directora de OKSALUD. Periodista especializada en salud desde hace 25 años. Antes en el suplemento A Tu Salud de La Razón y Quironsalud.

La prevalencia de la enfermedad de Alzheimer en mujeres alcanza casi el doble que en hombres, con diferencias claras en factores de riesgo asociados al género. Además, afecta a la mujer en todos sus aspectos, ya que 2 de cada 3 cuidadoras son mujeres, que en muchas ocasiones se ven obligadas a abandonar sus ocupaciones profesionales o estudios y a renunciar gradualmente a la vida social.

El diagnóstico temprano sigue siendo clave para frenar su avance. Los expertos recuerdan la importancia de prestar atención a los primeros signos de Deterioro Cognitivo Leve (DCL), tales como no recordar las fechas con facilidad, olvidar los nombres de personas y cosas conocidas, perder el hilo de las conversaciones y experimentar cambios de comportamiento.

Para abordar en profundidad esta doble realidad y reflexionar sobre los desafíos que plantea la enfermedad desde una perspectiva de género, entrevistamos a la doctora Mercè Boada, neuróloga y cofundadora de Ace Alzheimer Center Barcelona y miembro del European Alzheimer Disease Consortium (EADC).

PREGUNTA.- A pesar de ser la causa más común de demencia, el Alzheimer sigue teniendo caras y realidades muy desconocidas para la sociedad. ¿Qué es lo que la población general todavía no comprende sobre esta enfermedad?

RESPUESTA.- Miren, lo primero que la sociedad debe comprender es que el Alzheimer no es simplemente «cosa de la edad» o un destino inevitable del envejecimiento. La vejez puede aportar cierta lentitud en las respuestas, pero la pérdida de memoria biográfica y de la autonomía personal es una enfermedad neurológica y molecular compleja, caracterizada por depósitos anómalos de proteínas como la beta-amiloide y la tau, junto a procesos de neuroinflamación.

Tampoco se entiende del todo que la patología comience en el cerebro hasta dos décadas antes de que aparezcan los síntomas graves de demencia; existe una larga fase de deterioro cognitivo leve en la que la persona conserva su independencia. Además, persiste un estigma social que lleva a muchas familias a esconderlo por miedo al diagnóstico. Y, sobre todo, debemos recordar que las personas afectadas conserven su plena dignidad hasta su último aliento, sea con o sin Alzheimer.

P.- Las estadísticas muestran que las mujeres tienen el doble de riesgo de desarrollar Alzheimer que los hombres. ¿A qué se debe esta brecha de género? ¿Es una cuestión únicamente de longevidad o existen factores biológicos y hormonales específicos?

R.- El Alzheimer es una enfermedad claramente feminizada, donde alrededor de dos tercios de las personas afectadas son mujeres, alrededor del 70%. Esta brecha responde, en primer lugar, a la mayor longevidad femenina, dado que la edad constituye el principal factor de riesgo para desarrollar demencia. Sin embargo, no es únicamente cuestión de longevidad: existen factores biológicos y hormonales específicos.

Los estrógenos ejercen un papel protector sobre el tejido cerebral, favorecen el flujo sanguíneo y regulan la plasticidad neuronal. Al producirse la pérdida estrogénica durante la menopausia, el cerebro femenino pierde parte de estos mecanismos de reparación celular, y los estudios de proteómica confirman variaciones asociadas al sexo en el líquido cefalorraquídeo y el plasma que condicionan una mayor vulnerabilidad neurodegenerativa. A esto se suma que la mujer asume históricamente la mayor carga de los cuidados informales, lo que añade un desgaste emocional y social añadido.

P.- El Alzheimer no solo lo padece quien lo diagnostican; también lo sufre su entorno. Dos de cada tres personas que cuidan a un paciente son mujeres. ¿Qué impacto físico, emocional y socioeconómico observa en su consulta sobre estas cuidadoras?

R.- En la consulta constatamos a diario que el Alzheimer es una enfermedad familiar; cuando una persona enferma, se afecta todo su entorno. Casi el 80% de los cuidadores principales pertenecen al núcleo familiar y la gran mayoría son mujeres (esposas e hijas). El impacto físico y emocional es enorme: sufren sobrecarga, ansiedad, síntomas depresivos y un nivel de estrés continuado que las convierte en una población de alto riesgo para su propia salud.

A nivel socioeconómico, muchas cuidadoras se ven obligadas a reducir su jornada o abandonar sus empleos, asumiendo un alto coste financiero y sacrificando su espacio personal. Sin la formación y el sostén de las familias, la enfermedad se transforma en un caballo desbocado; por ello, ofrecerles apoyo psicoterapéutico, formación práctica y acompañamiento en Aulas de Cuidadores es una prioridad sanitaria y humana de primer orden.

P.- A menudo escuchamos hablar del Deterioro Cognitivo Leve (DCL) como el «semáforo amarillo» antes del Alzheimer. ¿Qué señales de alarma deben ponernos en alerta para acudir al médico y no justificarlas como «cosas de la edad»?

R.- El DCL afecta al 30% de las personas mayores de 65 años en España y, con el paso del tiempo, puede desencadenar demencias, como la enfermedad de Alzheimer.

En este sentido, la iniciativa «Pequeñas Lagunas», de Ace Alzheimer y Danone Nutricia, pretende favorecer la detección y el abordaje precoz del DCL desde las oficinas de farmacia. Se basa en esas pequeñas lagunas o ausencias que pueden ser síntoma de algo que comienza. Hablamos de esos primeros signos de alarma, como no recordar las fechas con facilidad, olvidar los nombres de personas y cosas conocidas, perder el hilo de las conversaciones y experimentar cambios de comportamiento; el proyecto busca conectar de manera empática con las personas aludiendo a una situación muy recurrente a la hora de hablar de deterioro cognitivo.

P.- En un día como hoy, con la vista puesta en el futuro de la investigación y la prevención, ¿qué mensaje le gustaría trasladar tanto a las administraciones públicas como a las familias que están empezando este proceso?

R.- A las administraciones públicas les exijo que el Alzheimer sea una prioridad política y presupuestaria real, recibiendo una inversión proporcionada a su impacto social como se hace con otras enfermedades. Es imprescindible acortar los tiempos de diagnóstico, que en Europa aún pueden demorarse entre 3 y 4 años desde la primera queja de memoria, e invertir decididamente en prevención, acoplando la Atención Primaria con unidades especializadas para preparar a la sociedad ante el envejecimiento poblacional.

Y a las familias que inician este camino, les diría que pierdan el miedo. Consultar precozmente en fases leves o de DCL permite confirmar el diagnóstico cuando la persona aún es plenamente autónoma para tomar decisiones sobre su propia vida y su futuro. Recuerden que no están solos y que la persona cuidada mantiene su dignidad intacta en todo momento.

P.- A pesar de que en España aún no se van a comercializar los anticuerpos monoclonales indicados para las fases iniciales, ¿hay motivos para la esperanza desde el punto de vista farmacológico? ¿Cómo está avanzando la investigación?

R.- Nos encontramos en uno de los mejores momentos de la historia de la investigación contra el Alzheimer. Tras décadas de trabajo, la ciencia ha demostrado que es posible desarrollar terapias modificadoras de la enfermedad capaces de actuar sobre los mecanismos biológicos subyacentes para reducir la patología cerebral y ralentizar la velocidad del declive cognitivo en fases iniciales.

Actualmente, el avance no se centra en una única dirección, sino en un abanico de líneas muy prometedoras que abarcan desde la limpieza de proteínas patológicas como la beta-amiloide y la Tau, hasta la modulación de la neuroinflamación y el desarrollo de procedimientos de recambio plasmático con albúmina para eliminar sustancias tóxicas periféricas. Todo esto se ve impulsado por la consolidación de los biomarcadores en sangre, que muy pronto permitirán detectar los cambios cerebrales mediante una simple prueba plasmática, abriendo una nueva era de diagnóstico precoz y medicina de precisión.