Dr. Raúl de Lucas: «Faltan dermatólogos pediátricos para cubrir la demanda actual»
"Cada vez vemos más enfermedades dermatológicas en niños”
"La genética marcará el futuro de la dermatología pediátrica”

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El doctor Raúl de Lucas Laguna, jefe de Dermatología Pediátrica en el Hospital Universitario La Paz de Madrid, es uno de los mayores referentes en España en el abordaje de las enfermedades cutáneas infantiles. Con una sólida trayectoria asistencial, investigadora y docente, ha centrado buena parte de su carrera en patologías complejas y raras, así como en la mejora del diagnóstico y tratamiento en la edad pediátrica, situándose a la vanguardia de una especialidad en constante evolución. OKSALUD, entrevista al doctor Raúl de Lucas para que analice la situación actual de las enfermedades dermatológicas infantiles.
El Dr. Lucas Laguna señala que la dermatología pediátrica atraviesa una etapa de cambio profundo impulsada principalmente por los avances en genética, que están permitiendo diagnosticar con mayor precisión enfermedades complejas y desarrollar tratamientos más dirigidos. Destaca el aumento de patologías cutáneas en la infancia, especialmente la dermatitis atópica como la más frecuente, así como la mejora en el abordaje terapéutico gracias a nuevas opciones farmacológicas. Sin embargo, advierte de la falta de especialistas en este ámbito y subraya que uno de los grandes retos de futuro será el desarrollo de terapias génicas, sin olvidar la importancia del acompañamiento y los cuidados en enfermedades crónicas que impactan significativamente en la calidad de vida de los pacientes.
Pregunta.- ¿Estamos viendo más enfermedades dermatológicas en niños o simplemente se diagnostican mejor?
Respuesta.- En mi opinión, estamos ante un incremento global de estas patologías, aunque también es cierto que existe un mayor interés y una mejor capacidad de diagnóstico.
Además, han aparecido o se han hecho más frecuentes algunas enfermedades infecciosas en los últimos años, como el síndrome mano-pie-boca en sus formas atípicas. También observamos un aumento de infestaciones como la escabiosis o sarna, así como de procesos como el impétigo ampolloso. Incluso los moluscos contagiosos son más habituales, en parte relacionados con la alta prevalencia de dermatitis atópica.
En conjunto, creo que se trata de una suma de factores: una mayor incidencia real de algunas patologías y una mejora en su detección. A ello se añade el incremento de pacientes crónicos, como niños con inmunodeficiencias, pacientes oncológicos o trasplantados, que presentan con frecuencia manifestaciones cutáneas y también contribuyen a la carga asistencial de nuestras consultas.
P.- ¿Qué ha cambiado en los últimos 10 años en la dermatología pediátrica?
R.- Sin duda, uno de los avances más relevantes ha sido el desarrollo de la genética. Hoy contamos con paneles diagnósticos que permiten identificar con mayor precisión enfermedades hereditarias de la piel, como las genodermatosis, la epidermólisis bullosa (piel de mariposa) o las ictiosis. Además, también ha mejorado el conocimiento de las enfermedades autoinmunes y autoinflamatorias, muchas de ellas con una importante base genética.
Por otro lado, el gran cambio se ha producido en el ámbito terapéutico. Actualmente disponemos de ensayos clínicos específicos en población pediátrica, con fármacos estudiados directamente en niños, con dosis e indicaciones adaptadas a ellos. Esto supone un avance clave, ya que durante años la práctica en dermatología pediátrica se apoyaba en gran medida en el uso compasivo o en tratamientos fuera de ficha técnica (off label), al no existir alternativas específicamente aprobadas para estos pacientes.
P.- ¿Está preparada la sanidad pública para el aumento de consultas dermatológicas infantiles?
R- La realidad es que estamos atravesando un momento especialmente complejo. En el caso de la dermatología, la situación se ve agravada por la salida de profesionales hacia el ámbito privado, motivada en gran parte por condiciones laborales poco atractivas.
Muchos especialistas trabajan con contratos inestables, retribuciones que consideran insuficientes y una percepción de reconocimiento social cada vez menor. Todo ello repercute directamente en la capacidad del sistema para absorber la creciente demanda asistencial. Es una situación que genera frustración entre los profesionales y que lleva a muchos a replantearse su continuidad en el sistema público.
Pregunta.- ¿Cuál es hoy la principal patología dermatológica en la infancia y por qué?
R.- Sin duda, y con gran diferencia, la dermatitis atópica. Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica que comienza en aproximadamente el 90 % de los casos durante el primer año de vida y que presenta una alta prevalencia.
A diferencia de lo que se pensaba בעבר, no siempre desaparece con el crecimiento, sino que en muchos casos persiste a lo largo de la infancia e incluso más allá. Además, no solo afecta a la piel, sino que conlleva una importante carga en términos de comorbilidades y repercute de forma significativa en la calidad de vida de los pacientes y sus familias. Por todo ello, la dermatitis atópica sigue siendo la patología dermatológica pediátrica más frecuente y relevante.
P.- ¿Está aumentando la dermatitis atópica? ¿A qué lo atribuye?
R.- Todo apunta a que sí, y una de las principales explicaciones está en los cambios del estilo de vida y del entorno. La vida en espacios cerrados, la alimentación, la contaminación y, en general, lo que se conoce como el “exposoma” influyen en que una predisposición genética e inmunológica termine manifestándose en forma de enfermedades inflamatorias de la piel como la dermatitis atópica.
A esto se suma un mayor conocimiento y capacidad diagnóstica, aunque probablemente no en la medida que se piensa. De hecho, encuestas recientes muestran que muchos pacientes creen conocer bien la enfermedad, pero en realidad no identifican correctamente sus síntomas ni son plenamente conscientes del impacto que puede tener en la calidad de vida.
P.- ¿Cómo han evolucionado enfermedades como la dermatitis atópica o la psoriasis infantil?
R.- El principal avance ha sido el conocimiento: hoy entendemos mucho mejor su fisiopatología. Ambas enfermedades comparten mecanismos inflamatorios comunes y pueden considerarse, en cierto modo, polos de un mismo proceso. Sabemos también que factores como la integridad de la barrera cutánea y el papel de la microbiota son clave en su desarrollo y evolución.
Este mayor conocimiento ha transformado el abordaje terapéutico. La identificación de dianas específicas ha permitido el desarrollo de tratamientos innovadores, como los fármacos biológicos y terapias dirigidas, entre ellas los inhibidores de JAK. Estas opciones han supuesto una mejora significativa en la calidad de vida de los pacientes, al controlar síntomas como el prurito y la inflamación, y permitir un manejo más sostenido en el tiempo.
Además, se ha consolidado una idea fundamental: el tratamiento precoz es determinante. Actuar en las primeras fases de la enfermedad, especialmente en la infancia, puede modificar su evolución y, en muchos casos, reducir su gravedad a largo plazo.
P.- ¿Cuál es hoy el tratamiento estándar para la dermatitis atópica?
R.- En las formas leves o localizadas, el abordaje sigue basándose en medidas clásicas: el cuidado de la piel para restaurar la barrera cutánea mediante emolientes, una higiene adecuada con productos sin detergentes agresivos y el uso de tratamientos tópicos como corticoides e inmunomoduladores.
En los casos moderados y graves, el manejo ha cambiado de forma significativa en los últimos años con la incorporación de nuevas terapias dirigidas. Entre ellas destacan los fármacos biológicos y los inhibidores de JAK, que permiten un mejor control de la inflamación y de los síntomas.
Además, existe gran expectativa en torno a los inhibidores de JAK de uso tópico, ya que aportan un mecanismo de acción diferente y ofrecen una ventaja especialmente relevante: un alivio rápido del prurito, uno de los síntomas más incapacitantes de la enfermedad.
P.- Usted ha destacado la importancia del diagnóstico genético: ¿estamos ante una revolución en dermatología pediátrica?
R.- Sin duda, nos encontramos en un momento de cambio profundo. La posibilidad de identificar con precisión el gen alterado, entender la proteína implicada y conocer los mecanismos que hay detrás de cada enfermedad está transformando por completo el enfoque diagnóstico.
Este avance no solo permite poner nombre y apellidos a muchas patologías, sino que abre la puerta a desarrollar terapias dirigidas y tratamientos personalizados. Todo apunta a que este enfoque marcará un antes y un después en el manejo de las enfermedades genéticas en la infancia, cambiando de forma significativa su pronóstico y calidad de vida.
P.- ¿Hay suficientes dermatólogos pediátricos en España?
R.- En comparación con otras áreas de la especialidad, como la dermatología estética o la tricología, el número de profesionales dedicados a la dermatología infantil es claramente menor y, en términos generales, insuficiente para cubrir la demanda existente.
De hecho, tanto en el ámbito público como en el privado, las consultas de dermatología pediátrica suelen estar completas de forma habitual, lo que refleja la necesidad creciente de especialistas en este campo. Por ello, para los médicos en formación o quienes acaban de finalizar la especialidad, la dermatología pediátrica se presenta como una opción con alta demanda asistencial y amplias oportunidades profesionales.
P.- ¿Y cuál es el mayor reto de la dermatología pediátrica en los próximos años?
R.- En primer lugar, pasa por reforzar su papel dentro de la especialidad, en un contexto en el que otras áreas, como la dermatología estética, han ganado un gran protagonismo. Mantener el enfoque clínico y asistencial en la infancia será clave para responder a una demanda creciente y cada vez más compleja.
Desde el punto de vista científico, el gran desafío está en seguir avanzando en el conocimiento de las enfermedades genéticas. El desarrollo de terapias dirigidas y, especialmente, la terapia génica, representa una de las grandes esperanzas para tratar patologías graves que hoy en día tienen opciones limitadas.
Por último, hay un aspecto esencial que no debe perderse: el acompañamiento al paciente. Muchas de estas enfermedades son crónicas y tienen un impacto significativo en la calidad de vida. Aunque no siempre sea posible curarlas, ofrecer cuidados continuados, apoyo y cercanía sigue siendo una parte fundamental de la atención médica.
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