Religión
Religión Católica

Jesucristo, según el Evangelio de Mateo, y la frase que resume el sentido de la vida: «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón»

Las frases de Jesucristo en los evangelios han trascendido en el tiempo. Un ejemplo, lo que dice Jesucristo en el Evangelio de Mateo.

Jesucristo en el Evangelio de San Mateo

Jesucristo en el Evangelio de San Marcos

Confía en Dios, sus ojos están sobre ti

  • Francisco María
  • Colaboro en diferentes medios y diarios digitales, blogs temáticos, desarrollo de páginas Web, redacción de guías y manuales didácticos, textos promocionales, campañas publicitarias y de marketing, artículos de opinión, relatos y guiones, y proyectos empresariales de todo tipo que requieran de textos con un contenido de calidad, bien documentado y revisado, así como a la curación y depuración de textos. Estoy en permanente crecimiento personal y profesional, y abierto a nuevas colaboraciones.

Las reflexiones de Jesús en el Evangelio de San Mateo han pasado a la historia. Estas son expresiones que han pasado por la historia como una flecha, impactando en el corazón mismo de la humanidad a pesar de diferentes religiones y épocas.

No es una metáfora amable para colgar en el salón ni una postal devota. Es un diagnóstico brutal sobre la dirección invisible que guía nuestros pasos diarios, un recordatorio incómodo de que aquello a o que dedicamos los mejores años de nuestra vida termina por devorarnos o por salvarnos.

Galilea, siglo I

Para entender el alcance real de estas palabras, hay que bajar los ojos del púlpito y mirar la Galilea del siglo primero. No era un tiempo de grandes seguridades económicas. Los campesinos y artesanos que escuchaban al Maestro en la ladera del monte vivían al día, con la amenaza constante de las malas cosechas, el peso asfixiante de los impuestos romanos y la usura de los terratenientes locales.

Acumular bienes materiales no era una opción al alcance de la mayoría, pero la tentación de poner la seguridad en el dinero, en el poco que se pudiera rascar, seguía latiendo con la misma fuerza. Jesús conocía bien esa trampa mental. Sabía que el ser humano tiende a buscar un ancla visible en un mundo radicalmente frágil.

Por eso el argumento del texto avanza con una lógica implacable. Justo antes de pronunciar la famosa sentencia sobre el corazón, Mateo recoge el aviso sobre los tesoros terrenales, esos que la polilla corroe y el óxido destruye, o que los ladrones desentierran de las humildes casas de adobe. No se trata de un ataque moralista contra la riqueza en sí misma, sino de una advertencia contra la ilusión de permanencia.

La voluntad y las decisiones

La psicología profunda y la espiritualidad antigua se dan la mano en este punto exacto. El término que utiliza el texto original para hablar del corazón no apunta únicamente a la emoción pasajera o al sentimiento romántico, sino al núcleo de la voluntad, al motor íntimo desde el cual tomamos decisiones y juzgamos el valor de las cosas.

El tesoro precede al afecto. Dicho de otro modo: uno no ama lo que quiere de forma abstracta, sino que termina amando aquello en lo que invierte su tiempo, su energía y sus renuncias. Si el objetivo prioritario es el prestigio social, la cuenta corriente o la comodidad individual, la brújula interior gira inevitablemente hacia esa dirección, arrastrando detrás el pensamiento y la vigilia.

La advertencia del Maestro mantiene intacta su mordiente. Preguntarse hoy dónde está el tesoro equivale a mirar el extracto de las pasiones cotidianas: qué nos quita el sueño, qué tememos perder por encima de todo, qué ocupa el primer hueco de la mañana antes de abrir los ojos al mundo.

Cuidado con lo material

Quien fija la vista exclusivamente en la ganancia material o en el aplauso ajeno termina deslumbrado por un brillo falso, incapaz de distinguir lo valioso de lo superfluo. La mirada se vuelve opaca y el horizonte existencial se encoge hasta los límites del propio ombligo. Frente a esa miopía espiritual, la propuesta de san Mateo invita a una limpieza de la mirada, a reenfocar el objetivo hacia aquello que resiste el paso implacable del tiempo.

Los oyentes de aquel sermón en la colina comprendían perfectamente la dureza de la metáfora porque conocían la inseguridad de sus graneros. Sin embargo, el desafío de Jesús no residía en la pobreza material, sino en la servidumbre voluntaria. Uno puede ser esclavo de sus posesiones aunque tenga poco, y puede vivir con el corazón desatado en medio de la abundancia.

Evolución en la historia

A lo largo de los siglos, los exegetas y pensadores cristianos han intentado traducir esta premisa al lenguaje de cada época sin lograr agotar su profundidad. San Agustín hablaba de un peso en el amor que empuja al alma hacia su objeto natural de la misma manera que los cuerpos caen por la ley de la gravedad. Si amamos lo caduco, caemos con lo caduco; si ponemos el anhelo en lo eterno, el alma se eleva.

La frase de Mateo encapsula esa misma intuición milenaria con una economía de medios asombrosa. No sobra ni falta una sola palabra. Es una constatación antropológica antes que un mandato ético: el ser humano siempre termina habitando allí donde ha puesto su inversión más íntima.

Conclusión

Al final, la enseñanza del Evangelio no funciona como una condena moralista, sino como una llamada luminosa a la libertad interior. La promesa subyacente es que el hombre y la mujer de cualquier tiempo pueden decidir el destino de su afecto más hondo. Si el horizonte se desplaza hacia aquello que trasciende el desgaste de los días, la entrega silenciosa, la justicia vivida en lo pequeño, el amor que no exige factura ni contraprestación, el centro vital deja de estar a la intemperie.