País Vasco
San Sebastián

Una pareja huye de San Sebastián a los diez días tras haber alquilado un mes: “Tres o cinco días fueron suficientes”

Una pareja había reservado alojamiento para pasar un mes entero en San Sebastián, tras varias semanas viajando por grandes ciudades europeas como Londres y París. Mar Yvette y su marido buscaban un lugar más pequeño donde bajar el ritmo y San Sebastián, con la playa a pocos pasos, una Parte Vieja que se recorre andando y una gastronomía conocida en medio mundo, parecía encajar perfectamente.

Sin embargo, la realidad fue bastante distinta a la que habían imaginado. La pareja llegó en junio, en plena temporada turística, y a los pocos días comenzó a plantearse si realmente necesitaba pasar allí 31 días. Finalmente aguantaron diez. Hicieron las maletas, regresaron a París y renunciaron incluso al dinero correspondiente a las noches de alojamiento que ya habían pagado. Su conclusión después de la experiencia fue bastante clara: para ellos, «tres o cinco días fueron suficientes»» para disfrutar de San Sebastián.

Una pareja huye de San Sebastián a los diez días tras haber alquilado un mes

Uno de los primeros problemas fue precisamente el tamaño de la ciudad. Lo que inicialmente les había parecido una ventaja acabó jugando en contra de la estancia larga que habían organizado. La pareja recorrió la Parte Vieja, pasó tiempo en las playas y exploró diferentes zonas de San Sebastián. También hizo una excursión a Bilbao para visitar el Guggenheim. Sin embargo, al cuarto día apareció una sensación que no esperaban tener tan pronto: buena parte de lo que querían hacer ya estaba hecho.

No significa que San Sebastián no les gustara. De hecho, Yvette reconoce la belleza de sus playas y entiende perfectamente por qué la ciudad atrae a tantos viajeros. El problema fue otro y es que habían calculado mal cuánto tiempo querían pasar allí. A eso se añadió la cantidad de gente que encontraron. Junio forma parte ya de la temporada alta y la pareja se topó con una ciudad bastante más concurrida de lo que esperaba. Especialmente en la Parte Vieja, las aglomeraciones chocaban con aquella idea inicial de utilizar San Sebastián como descanso después de Londres y París.

Ellos mismos reconocieron después que parte del error estuvo en la planificación. Habían investigado el destino, pero no lo suficiente como para saber si un mes completo encajaba con su forma de viajar.

Los pintxos tampoco fueron lo que esperaban

La comida había sido otro de los motivos para elegir San Sebastián y sobre todo deseaban probar los pintxos, aunque parece que no fueron muy conscientes de la problemática que les supondría el hecho de que sean veganos y que sólo consumen algunos pescados. Eso dejó fuera buena parte de la oferta que encontraban en las barras, donde abundaban preparaciones con carne, huevos o productos lácteos.

Terminaron repitiendo una y otra vez combinaciones similares. Entre ellas, pintxos con atún, pimientos y tapenade. Lo que al principio podía resultar apetecible acabó perdiendo rápidamente la novedad. A pesar de esto, encontraron algunos establecimientos que se adaptaban mucho mejor a lo que buscaban y destacaron especialmente una cafetería con alternativas vegetales y un restaurante de cocina vegana. Aun así, admitieron que habían dado por hecho que encontrarían mucha más variedad compatible con su alimentación.

Decidieron perder el dinero del alojamiento y marcharse

Al décimo día llegó la decisión. Todavía les quedaban tres semanas de estancia pagada, pero ninguno de los dos encontraba demasiados motivos para continuar allí. Podían haber aprovechado el apartamento simplemente para descansar, disfrutar de la playa o repetir los lugares que más les habían gustado. Pero no era así como viajaban. Preferían seguir moviéndose y conocer otros sitios antes que permanecer varias semanas en un destino que sentían que ya habían recorrido. Así que hicieron las maletas y volvieron a París.

La decisión tuvo un coste considerable. No consiguieron recuperar el dinero de los días que no utilizaron del alojamiento, lo que, según explicaron posteriormente, supuso perder miles de dólares. Aun así, consideraron que marcharse había sido la opción correcta. Para ellos pesaba más aprovechar el tiempo que quedarse únicamente porque el apartamento ya estaba pagado.

La experiencia tampoco terminó convertida en una crítica absoluta a San Sebastián. La pareja reconoció que otro tipo de viajero podría vivirla de una manera completamente diferente. Alguien que quiera pasar buena parte de sus vacaciones descansando en la playa, por ejemplo, probablemente encuentre pocos problemas en quedarse mucho más tiempo. También creen que viajar en primavera u otoño habría cambiado bastante sus impresiones al evitar parte de la presión turística del verano.

La conclusión que sacaron es que San Sebastián les gustó, disfrutaron de sus playas y se llevaron buenos recuerdos, pero no necesitaban un mes para conocer aquello que les interesaba. Con su forma de viajar, tres o cinco días les habrían bastado. La lección les salió cara, porque habían reservado alojamiento para 31 días y utilizaron únicamente diez. Pero también les servirá para sus siguientes viajes. La pareja asegura que, antes de comprometerse de nuevo con una estancia tan larga, investigará mejor tanto el destino como la gastronomía y el momento del año en el que piensa visitarlo.