Opinión

‘Utopía y desastre’ o una distopía sanchista

Carlos Martínez Gorriarán presenta este martes su último libro

  • Pedro Corral
  • Escritor, investigador de la Guerra Civil y periodista. Ex asesor de asuntos culturales en el gabinete de presidencia durante la última legislatura de José María Aznar. Actual diputado en la Asamblea de Madrid. Escribo sobre política y cultura.

Reconozco que he leído el reciente libro Utopía y desastre. Los intelectuales y la estupidez política (Espasa), con una mezcla de admiración personal, intelectual y política hacia su autor, Carlos Martínez Gorriarán, y también de estremecimiento.

Este último ingrediente es del todo ajeno a las páginas de este interesantísimo ensayo, pero no a la trayectoria de Martínez Gorriarán, una de las voces más representativas de la rebelión protagonizada por un puñado de valientes desde la sociedad civil del País Vasco contra la dictadura sanguinaria de ETA.

Cofundador del Foro de Ermua y de ¡Basta Ya! movimiento este último galardonado con el Premio Sajarov del Parlamento Europeo, y diputado de UPyD en el Congreso, Martínez Gorriarán ha retratado en Utopía y desastre, como en una galería de lienzos que abarcara sus cambiantes rostros a través de los siglos, a los monstruos totalitarios generados a partir de la filosofía política. Unas criaturas nacidas del pensamiento nada abstractas, sino muy concretas, de perfiles reales y cruentos, una de las cuales, el proyecto identitario ultranacionalista de ETA, lo convirtió en uno de los profesores de la Universidad del País Vasco forzado a llevar escolta.

Después de más de dos décadas de amenazas, las pintadas de los proetarras contra Martínez Gorriarán reaparecieron el año pasado en el campus de San Sebastián, donde impartía clase como profesor de Filosofía. «Volvemos atrás», aseguró el que fuera portavoz de ¡Basta Ya! para anunciar su intención de jubilarse en febrero pasado, pese a que su deseo era continuar dando clases en la UPV.

Es esta historia de coraje cívico, de compromiso intelectual y personal con la libertad y la democracia -pareja a la de otro filósofo, Fernando Savater, que hoy presenta Utopía y desastre en la Casa del Libro de la madrileña calle Fuencarral-, la que acompaña sin explicitarse al lector de este brillante y entretenido ensayo. De ahí el estremecimiento ante una obra de tan profundas y ejemplares raíces biográficas.

Y ello, a pesar de que no hay mención alguna a su experiencia personal, aunque sí al terrorismo de ETA. Sus páginas ofrecen la autenticidad del testimonio de quien ha visto cruzarse ante su propia vida los peligros de los discursos políticos articulados sobre el odio y la eliminación del otro.

Hay en la erudición y amenidad de este ensayo de Martínez Gorriarán el reflejo de veracidad de autores sobre los que él mismo reflexiona, como Hannah Arendt, Elias Canetti o Sebastian Haffner, y con los que el autor, sin quererlo ni pretenderlo, se hermana en su actitud de denuncia de los automatismos totalitarios engendrados desde concepciones filosóficas que devienen religiones políticas, absolutamente ajenas al hombre del que se dicen redentoras. Como tales proyectos que se consideran providenciales, convierten de hecho al enemigo en un ser deshumanizado que puede aniquilarse sin problema alguno, como ha sucedido en España con el terrorismo de ETA.

El ensayo de Martínez Gorriarán aborda la relación del pensamiento utópico con la estupidez política, la cual, a través de sus acciones, troca el paraíso prometido en un auténtico infierno. Desde la Revolución Francesa hasta el pensamiento woke, desfilan todas las revoluciones consumadas o consumidas que han sembrado, en los peores casos, de millones de cadáveres el sendero de la Historia. La represión contra el levantamiento católico y realista de la Vendée, donde pudo ser aniquilada una tercera parte de la población, fue la primera puerta contemporánea de la distopía, es decir, de la utopía convertida en desastre.

El viaje de Martínez Gorriarán por los movimientos, credos y proyectos políticos del siglo XVIII, XIX y XX, a través del imperialismo, colonialismo, nacionalismo, anarquismo, comunismo, fascismo y nazismo, resulta una trepidante aventura intelectual para el lector.

Las virtudes profesorales de Martínez Gorriarán, su rigor y agudeza, se despliegan en estas páginas, trenzadas a base de citas y declaraciones, de acontecimientos y episodios, de figuras políticas y pensadores, hasta componer un rico vademécum que condensa la sinuosa trayectoria de la filosofía política en las últimas centurias. La mera relación de los protagonistas de este ensayo, cuyo índice onomástico ocupa doce páginas, da idea de su amplitud argumental.

En un momento de crisis del sistema democrático como el que vivimos, Utopía y desastre hace de faro que alumbra los escollos. Ahí está el aviso de Martínez Gorriarán contra las fórmulas del populismo o del wokismo de extrema izquierda y derecha, sintetizadas en «el rechazo a las reglas de la democracia liberal, de la ciencia, del pluralismo de ideas y conciencia».

La lectura de Utopía y desastre no puede sino despertar inquietud ante lo que estamos viviendo en España. A lo largo de sus páginas hay ecos constantes de nuestras actuales vicisitudes. No pude por menos que pensar en ellas cuando Martínez Gorriarán evoca esa Francia jacobina en la que una facción radical y fanática se arroga la representación exclusiva de la nación, secuestrando su voluntad y, como es el caso nuestro, aherrojándola al destino de una persona rodeada de corrupción en su familia, su partido y su gobierno.

A esa evocación inquietante podría sumarse el recuerdo de un intelectual insobornable, como es Maurice Joly, testigo del golpe de 1851 por el que Luis Napoleón Bonaparte se transformó de presidente electo a emperador. Martínez Gorriarán cita su Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu (1864) como «un aviso contra la ingenua fe en la suficiencia de los principios públicos, instituciones y leyes para asegurar la democracia».

El caso de Napoleón III mueve a Martínez Gorriarán a plasmar lúcidamente en unas pocas líneas el camino de la demolición de un sistema constitucional, tal cual lo estamos viviendo hoy en España. Merece la pena reproducirlas íntegramente:

«En esencia -escribe Martínez Gorriarán-, se trata de engañar a la gente con apariencias que, por otra parte, admite de buen grado, de corromper las instituciones para ponerlas al servicio del despotismo, de representar cuidadosamente la farsa de los principios vaciados de consecuencias prácticas, de saber modificar las leyes con cambios de apariencia mínima con efectos devastadores, y del control de la prensa para mantener un simulacro inofensivo de libertad de expresión y crítica. Además, el Estado irá poco a poco asfixiando toda iniciativa privada no controlada, se acostumbrará al pueblo a depender del favor del poder y se creará el icono de un líder político misterioso, paternalista y providencial, capaz de superar cualquier circunstancia adversa».

No cabe un retrato más fidedigno de la distopía sanchista, relanzada hace pocos días por el que fuera jefe de gabinete de Pedro Sánchez en La Moncloa, Iván Redondo, cuando vino a decir que llegó a tener listo para 2028 su proyecto de «la España plurinacional».

De aprendices de brujo está Utopía y desastre bien colmado, pero no estaría de más añadir un apéndice dedicado al mundo Disney en el que parecen sumidos algunos de nuestros gurús actuales, vestidos con esas brillantes túnicas mediáticas que les vienen ridículamente grandes y que apenas les permiten manotear para tratar de mantenerse a flote en las procelosas aguas de sus desatinos, mientras las naciones se multiplican incesantemente como las escobas en Fantasía y los ciudadanos se ahogan sin remedio por su culpa.