Opinión

Si Sánchez es capaz de esto, sólo queda que se autodesigne presidente perpetuo

Un cambio -una golfada, para entendernos- en la Ley del Estatuto Fiscal permitirá a la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, ascender a fiscal de Sala del Tribunal Supremo, la máxima categoría, cuando cese en el cargo. Es la manera que tiene Sánchez de pagarle los servicios prestados. La maniobra es un escándalo que ha provocado indignación en el Ministerio Público. Sánchez pretende colar de tapadillo en la nueva Ley Concursal una enmienda hecha a medida de Delgado, pues  establece unas condiciones de privilegio, entre las que se incluyen mayores retribuciones para cuando se retire. Una jubilación dorada y a la carta fruto de un «ascenso encubierto» que supone un agravio intolerable. Hasta ahora, el artículo 31, que regula las causas de su cese en el cargo, establece en su apartado seis que en caso de que el fiscal general del Estado fuera miembro de la carrera fiscal, desempeñará el puesto en servicios especiales, es decir: la plaza de la que procede le será reservada para que pueda volver a ella cuando deje de ostentar esa responsabilidad. Con el cambio que propone el PSOE, tendrá una promoción garantizada, porque ser fiscal general del Estado implicará ascender a la condición de fiscal de Sala, la máxima categoría de la carrera.

Dolores Delgado, que es fiscal de la Audiencia Nacional, llegará al Supremo sin concurso público y saltándose al Consejo Fiscal, nada que ver con lo que ocurrió con María José Segarra, que fue nombrada fiscal general del Estado cuando en 2018 era fiscal jefe de la Provincial de Sevilla. Tras cesar en el cargo volvió a la capital andaluza y meses después fue promovida a la categoría de fiscal de Sala y nombrada Coordinadora de los servicios especializados en protección de personas con discapacidad y atención a los mayores, pero a través de un concurso de méritos y capacidad y contando con el aval del Consejo Fiscal. Delgado, sin embargo, llegará al Supremo por decisión de Pedro Sánchez a través de un tejemaneje ignominioso. Cuando Sánchez dijo aquello de «¿de quién depende la Fiscalía? Del Gobierno. Pues eso» no iba de farol ni le traicionó el subconsciente.