Sánchez y Torra están negociando
El último real decreto electoralista aprobado por Sánchez para hacer frente a la entelequia de la “República catalana online” no es más que puro artificio. Susto por Halloween. Un gesto de cara a la galería con el que trata de disfrazar de contundencia su complicidad con el separatismo institucional. Sí, el mismo con el que mantiene hilo directo la vicepresidenta Calvo. Porque por mucho que Torra se grabe en su despacho tratando de contactar con Falconetti, como si estuviera protagonizando un sketch de Polonia, el inquilino de la Moncloa y el ventrílocuo de Puigdemont siguen negociando a través de sus segundos de abordo.
Que la vicevogue haya confesado esta semana en Onda Cero que cada vez que la Generalitat (ERC y JuntsxCat) se burla del Estado de derecho, ella anticipa a Aragonés que habrá respuesta del Gobierno, es la prueba del algodón. No engaña. Y es que la vergonzosa Declaración de Pedralbes no sólo permanece colgada en la web monclovita, sino que todavía está sobre la mesa. Adelantar a los cabecillas de los golpistas encarcelados los flancos por los que actuará el Gobierno ante nuevos desafíos a la unidad de España no es sino dar ventaja al adversario y colocarse más cerca de los violentos CDR que del constitucionalismo.
Aunque Pedronono y los suyos vendan esta actitud como firmeza ante el separatismo, lo que esconden realmente se llama fragilidad, la de quienes ya gobiernan con los lazis en más de cuarenta instituciones en Cataluña y no cierran la puerta a tener su apoyo (por acción o por omisión vía abstención) para continuar en La Moncloa tras las generales del 10-N. Por eso, Sánchez y Torra están negociando a través de sus equipos y no han dejado de hacerlo para regocijo de Iceta y su tercera vía federalista.
Pero claro, del teléfono rojo de Calvo y Aragonés apenas se habla en esta campaña, porque los satélites mediáticos de la progresía gobernante están a lo suyo, a vender las bondades climáticas del Doctor Fraude y a poner el ventilador contra todo aquello que pueda hacer que se repita el aldabonazo andaluz del centroderecha. Esto es lo que verdaderamente quita el sueño al Obama de Pozuelo. La pesadilla de San Telmo. Y no las amenazas de los Tsunami secesionistas al orden constitucional, cuando debería ser al contrario.
Aunque todo llega, pues si en tiempos futuros la Justicia termina probando que el ‘comando Sabadell’ actuaba en connivencia con Torra y Puigdemont, en la hoja de servicios de Sánchez no sólo figurará haber sacado a paseo la momia del dictador Franco en vísperas de unas elecciones, sino también haber negociado y estrechado la mano de un colaborador con organización terrorista.
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