Salvador Illa, el bombero torero
El problema de los fraudes políticos es que, más pronto que tarde, se acaban desvelando. Uno de los grandes timos de la política española es la idea de que el socialista Salvador Illa es un buen gestor. Ya se vio durante la pandemia lo ‘excelente’ que era, dado que su labor de coordinación como ministro de Sanidad convirtió a España en uno de los países con peores cifras de víctimas del mundo occidental. Por no hablar del descontrol en la compra de material sanitario, cuyos efectos ya estamos viendo en forma de sentencias contra dirigentes socialistas.
El líder del PSC intentó vender la burra, tras ganar las últimas elecciones autonómicas, de que había llegado el fin del proceso separatista y que ahora tocaba la época de la concordia y la buena gestión. Por supuesto, ni una cosa ni la otra. La ‘concordia’ socialista ha consistido en que quienes venden el «puta España» siguen cobrando su sueldo en TV3 y en el resto de medios de la Generalitat, mientras los ayuntamientos separatistas y socialistas persiguen la lengua española hasta en las convocatorias de empleo público, exigiendo niveles demenciales de catalán para ser barrendero o sepulturero.
Que Cataluña esté en llamas no es culpa del destino ni del presunto cambio climático. Es que la política forestal y agraria del PSC es tan desastrosa como la de sus antecesores. Los incendios se apagan en invierno, con medidas preventivas, y el PSC es tan inútil como lo fueron antes los neoconvergentes y los republicanos de Junqueras. Su gestión está en la media del patetismo institucional que caracteriza a Cataluña desde hace décadas y que se resume en mucho dinero para TV3 y los chiringuitos patrióticos, y muy pocos recursos para los asuntos que realmente afectan al ciudadano. Se escatima en educación, con niños en barracones, o en apoyo a los agricultores para prevenir incendios, pero siempre hay productoras separatistas que se forran a costa de los medios de comunicación de la Generalitat o entidades separatistas que reciben fortunas de dinero público para promover la hispanofobia.
Ahora tenemos un nuevo socavón en Barcelona, en el barrio del Putxet. Lo mismo se vivió durante el anterior gobierno socialista del tripartito, con un agujero similar en el barrio del Carmel. Entonces no se asumieron responsabilidades políticas, no se dieron explicaciones y los socialistas siguieron a lo suyo. Y nos tenemos que la historia se va a volver a repetir, porque esta es la gestión de Illa: incendios por todas partes y socavones, mientras el presupuesto para imponer el catalán a costa del español sube año tras año.
Los socialistas podrán utilizar su poderoso aparato de propaganda para intentar convencer a muchos catalanes de que el español es una lengua invasora que oprime al catalán, pero lo que no van a poder conseguir es que los incendios dejen de asolar Cataluña o que las infraestructuras colapsen menos. Para evitarlo hace falta una capacidad de gestión que el PSC no tiene, porque sigue instalado en una dinámica que solo busca saquear los bolsillos de los catalanes y del resto de los españoles.
Salvador Illa parece el bombero torero de aquellos espectáculos cómicos taurinos que fueron populares hace unos años. No apaga ningún fuego; de hecho, no evita ni los socavones. Y, aunque intenta entretener al personal con cortinas de humo, la gente ya no se lo toma en serio. La diferencia es que el público tenía cariño por el bombero torero e Illa, lo que despierta es el cabreo de unos ciudadanos que ven cómo todo se hunde mientras él habla de lawfare y se dedica a defender la indefendible gestión de Pedro Sánchez.
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