No es el mundo contra el PSOE, es el PSOE contra el mundo
Conforme perdía batallas en la Segunda Guerra Mundial y su imperio de los mil años agonizaba, Adolf Hitler, mentalidad psicopática donde las haya, empezó a ver conspiraciones por todas partes. Obviamente unas venían de fuera, pero otras también se maquinaban de puertas adentro, de acuerdo a su perturbado criterio. Todas las confabulaciones albergaban un común denominador: el sionismo. Su tesis era muy sencilla: todo el mundo le había dado la espalda a él, que era infalible y siempre tenía la razón, por bastardos motivos.
El pintor de brocha gorda austriaco olvidaba que su mala suerte era culpa suya y nada más que suya. Si vas contra todo y contra todos, si gaseas a seis millones de personas, si invades toda suerte de países, si fusilas a todo aquel que te dice «no» en tu propio país, lo normal es que acabes entre muy mal y peor. El mundo no estaba inicialmente contra él, más bien era al revés, él se enfrentó al resto del mundo y acabó como acabó: suicidándose de la mano de Eva Braun.
El otro gran tirano de la historia (Josef Stalin) desató la etapa de «El Gran Terror» cuando se instaló en su enferma cabeza la idea de que las termitas del enemigo capitalista y los espías extranjeros habían invadido el socialismo ruso. Fue entonces cuando creó el gulag, cientos de campos de concentración y reeducación en los que acabaron los que no comulgaban con las ruedas de molino del asesino número 1 de la historia: 50 millones de personas, según las estimaciones más benévolas, 100 millones en opinión de buena parte de la historiografía. La más mínima crítica era reprimida sin contemplaciones.
Óscar Puente, obviamente mandatado por el sucesor de Franco a título de caudillo, se descolgó con unas declaraciones que provocan miedo
Los gobernantes más absolutistas de la historia, desde Nerón hasta Nicolás Maduro, pasando por Hitler, Stalin, Mao, Sadam, Castro o Jamenei, se aferraron a la teoría del enemigo externo y global. Bien por un mix de desesperación y locura, bien por oportunismo, bien por ambos motivos. La culpa no era de ellos, la culpa era del mundo mundial que se había unido por aviesas razones para acabar con ellos con la inestimable colaboración de los quintacolumnistas infiltrados.
Esta estrategia locoide a la par que totalitaria es la que destilan las declaraciones de Óscar Puente, el poli malo del sanchismo, naturalmente el bueno es «el One». Un juego de roles en absoluto improvisado. En Moncloa miden escrupulosamente cada paso que dan, como suelo repetir de tanto en cuando esta banda es muy buena haciendo el mal. El ministro de Transportes, obviamente mandatado por el sucesor de Franco a título de caudillo, se descolgó con unas declaraciones que, más que pena, provocan miedo, mucho miedo: «Se está tratando de derribar al Gobierno con artimañas, con métodos no democráticos».
Nada que envidiar a lo que han hecho los peores sátrapas de la historia, que culpaban sistemáticamente a los demás de sus propios errores, sus delitos y sus atrocidades. La culpa nunca era de ellos, siempre la tenían los demás. Tan cierto es que Sánchez es un presidente elegido democráticamente como que sus modos y maneras son más propios del autócrata que siempre quiso ser y en realidad es. Y al que se desmanda le pone a la Leire de turno para que le busque la ruina.
Mientes, Óscar, y lo sabes, que diría el Julio Iglesias del meme. Resulta un imposible físico y metafísico que todos los jueces que llevan casos del sanchismo, que son ya unos cuantos, la UCO, la UDEF y las acusaciones particulares se hayan concertado para destrozaros. Por una elemental razón que hasta los López Óscar y Patxi entenderían: cada uno de vuestros supuestos enemigos es de su padre y de su madre, en ese mundo de conspiradores hay comunistas, derechistas, mediopensionistas, apolíticos y seguramente más socialistas que ninguna de las otras categorías anteriores.
Sánchez es un presidente elegido democráticamente pero sus modos y maneras son más propios del autócrata que quiso ser y en realidad es
Iré por partes como Jack El Destripador. Santiago Pedraz, el instructor del caso Leire, del caso cloacas o como queramos llamarle, no es precisamente un hooligan de la Fachosfera. ¿Quiénes son sus íntimos amigos, amigo Óscar? Es ironía. Tú sabes tan bien como yo que el titular del Juzgado de Instrucción 5 de la Audiencia Nacional es el cuate del alma de Dolores Delgado, ex notaria mayor del Reino y predecesora de Álvaro García Ortiz, y de vuestro eterno ministro de Justicia en la sombra, Baltasar Garzón. Vamos, que muy fascista, lo que se dice muy fascista, no parece. A lo mejor es que debajo de su impecable traje esconde una camisa azul falangista y no nos hemos enterado. Todo es posible.
Lo mismo cabe deducir de José Luis Calama, al que no se conoce adscripción a asociación judicial alguna, pero sí sentencias como la que absolvió al marido de Manuela Carmena de un delito de explotación laboral o un auto en el que llamó de todo y por su orden al Estado de Israel por «frustrar» la investigación del espionaje del móvil de un tal Sánchez, un tal Marlaska y una tal Margarita Robles con el sistema Pegasus. ¿Entonces era progresista y ahora que ha imputado al joyero Zapatero es un ultraderechista? ¡Venga ya!
¿Beatriz Biedma y Juan Carlos Peinado también implementaron maniobras orquestales en la oscuridad para enchironar a David Sánchez y Begoña Gómez? Un cuento chino que queda desmontado por un hecho inédito: las tres principales asociaciones judiciales, APM, Francisco de Vitoria y la muy izquierdista por no decir directamente ultraizquierdista Jueces para la Democracia, emitieron un comunicado conjunto para defender la «integridad» de la magistrada extremeña que imputó y luego sentó en el banquillo al hermanito. Las dos primeras, más la Junta de Jueces de Instrucción de Madrid, también salieron en tromba a defender el buen nombre de su colega madrileño tras ser puesto a parir por el Gobierno de España por osar imputar y luego procesar a la mujercísima.
La UCO y la UDEF que ahora investigan las mangancias del sanchismo son las mismas que en 2016 pusieron negro sobre blanco las golferías del PP
Leopoldo Puente, el juez del Supremo que encarceló a Cerdán, Ábalos y Koldo García, fue siempre conocido por su cercanía al mundo progre, con lo cual no parece tampoco que tenga animadversión ideológica al PSOE ni mucho menos y seguramente les haya votado. Y entre los siete que han juzgado a Ábalos, Koldo y Aldama hay al menos un par que son o han sido rojillos. Entre los que condenaron por delincuente a Álvaro García Ortiz había de todo como en botica: derechistas, centristas e izquierdistas. Por haber hubo hasta dos votos particulares: Ana Ferrer y Susana Polo.
Por cierto: la UCO y la UDEF que ahora investigan las mangancias, las trapacerías y las mafiosadas del sanchismo son las mismas que hace dos lustros pusieron negro sobre blanco las golferías del PP: desde los sobresueldos en Génova 13 hasta la financiación en B, pasando por las cuentas offshore de Bárcenas, el caso Granados o ese escándalo Ignacio González más conocido como Lezo. La UDEF registró durante 14 horas la sede del PP en 2013 y la UCO hizo lo propio en 2016 en el marco de la Operación Púnica. ¿Había entonces una conspiración con métodos no democráticos para acabar con el Gobierno de Rajoy, querido Óscar?
Y en las acusaciones populares figuran partidos y asociaciones que se llevan a matar entre ellos. El PP experimentaría un orgasmo colectivo si a Vox lo ilegalizase este Gobierno socialcomunista, en Vox ocurriría lo mismo si el PP se disolviese, Hazte Oír odia a Vox y Vox no quiere saber nada de Hazte Oír y Manos Limpias tiene la bendita costumbre de no casarse nunca con nadie, lo que le llevó a participar en numerosas querellas contra los populares en la era Rajoy. Abogados Cristianos, la Asociación Liberum e Iustitia Europa van igualmente por libre.
El mundo, Óscar, no está contra vosotros, sois vosotros los que estáis contra el mundo, contra la legalidad, contra la moral y contra la ética
Los sátrapas sin excepción alguna han hecho lo mismo toda la vida de Dios. Cuando vienen mal dadas por errores o latrocinios propios, invocan la teoría del enemigo externo o sacan a relucir la conspiranoia para mantener prietas las filas y desviar culpas propias. Sánchez está aplicando el manual a rajatabla dibujando conspiraciones donde no las hay porque los acusadores son unos mil leches y lawfare donde sólo existe imperio de la ley. Todo esto no hubiera ocurrido si Begoña no hubiera robado el software de la Complutense, si no le hubieran obsequiado con una cátedra pese a carecer de titulación universitaria, si a David no le hubieran creado a la carta un empleo pagado con dinero público, si hubiera ido a trabajar en lugar de cobrar sin currar, si Ábalos, Cerdán y Koldo no comisionasen como si no hubiera un mañana, si Zapatero no hubiese trincado mordidas en cantidades industriales ni tuviera unos pedruscos que nada tienen que envidiar a los de una jequesa de los Emirates, si no os hubierais aliado económica e ideológicamente con la narcodictadura venezolana y si no hubieran puesto a Leire a sobornar fiscales y a buscar la muerte civil de jueces, policías y guardias civiles.
Odiáis a Trump, llegando al delirante punto de incluirlo en el contubernio, querido Óscar, pero no paráis de llenaros el buche con la celebérrima frase de su spin doctor Steve Bannon: «No creo en las conspiraciones pero tampoco en las coincidencias» No mentáis el primer palabro para que no os llamen «conspiranoicos» pero lleváis diez días subrayando hasta el coñazo que no creéis en las coincidencias. Ya no cuela. El mundo no está contra vosotros, sois vosotros los que estáis contra el mundo, contra la legalidad, contra la moral, contra la ética y hasta contra la estética. Parafraseando al gigantesco Abraham Lincoln, concluyo con un silogismo elemental: todos pueden ir a por uno un poco de tiempo, puede que hasta se dé el caso de que unos pocos van a por uno todo el tiempo, pero es física y metafísicamente imposible que todos vayan a por uno todo el tiempo.
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