Opinión

Un necesario pacto de Estado para afrontar el «abandono del medio rural»

El pasado lunes escribíamos que la actualidad del momento, totalmente volcada en el nuevo gran triunfo futbolístico de España en el Mundial 2026, obligaba a dedicarlo en exclusiva a ello. Hoy, apenas una semana después, el mismo argumento, aunque de forma totalmente opuesta a aquella alegría desbordante de la sociedad española, obliga a escribir centrada en los incendios forestales. Ambos acontecimientos no susceptibles de ser calificados como de naturaleza política, deportivo uno, y de incendios históricos el otro.

En cuanto a la «emergencia de interés nacional», la primera declarada en España y previa a ella, pudo convertirse en otro grave enfrentamiento entre el sanchismo y la oposición. Provocado por personajes especializados en crearlos, como el ministro Óscar Puente, que insultó a la presidenta Díaz Ayuso, cuando, percatada de su gravedad, solicitó inmediatamente la intervención del gobierno.

El otro fue el delegado del Gobierno en Madrid, otro reconocido sanchista que le dio una respuesta totalmente evasiva a su petición. A esta desgracia, una vez más se le puede aplicar el aforismo popular de que «no hay mal que por bien no venga». Por cuanto esta emergencia ha conseguido una coordinación entre el Gobierno y diversas comunidades autónomas de distinto color político, y del PP con el PSOE no conocida hasta ahora.

El pasado jueves comenzó lo que ya ha provocado la calcinación nada menos que de más de 77.000 ha en zonas de las provincias de Madrid, de Ávila y de Toledo. Llegando el incendio declarado en la localidad abulense de Burgohondo a convertirse ya en el mayor declarado en la historia de España desde que existen registros oficiales de los mismos, con más de 50.000 ha quemadas. Afectando a más de 90.000 personas obligadas a desalojar o ser confinadas en sus viviendas, de las que más de 50.000 pertenecen a la Sierra Oeste de la comunidad madrileña, con 25.000 ha calcinadas.

A esta zona central de la España peninsular devastada por los incendios, se ha sumado Castellón, que ya ha superado las 6.500 ha calcinadas, afectando a una población de más de 64.000 personas confinadas en sus viviendas y 18.000 desalojadas.

Los Reyes suspendieron ayer sus vacaciones en Palma para manifestar su cercanía con esos miles de afectados y apoyar a la UME, Guardia Civil, Policía y a los miembros de unidades de bomberos y de Protección Civil pertenecientes a otras provincias españolas y de la misma UE, que colaboran en las labores de extinción con medios aéreos y terrestres. La tragedia valenciana de Paiporta no es comparable a la actual, no constando de momento víctimas mortales. Si bien el desastre natural provocado por el fuego está siendo superior al causado allí por el agua.

A esta destacada «emergencia de interés nacional», que es motivo de interés y que obliga a dedicarle especial atención, se suma el que en la región del suroeste de Francia, en la región de la Gironda y con epicentro en su capital, Burdeos, se esté produciendo otro suceso de características incluso más graves por las cifras de afectados y superficie calcinada. No siendo en absoluto ni zonas geográficas vecinas ni próximas entre sí. Lo que obliga a investigar seriamente acerca de las características climáticas comunes en ambas zonas que pudieran explicar, cuando menos parcialmente, la simultaneidad de ambos incendios.

Pedro Sánchez está haciéndose presente en los incendios, intentando hacer olvidar su imagen huyendo y calificado humorísticamente como «el galgo de Paiporta». Ahora aboga de nuevo por un Pacto de Estado para afrontar el cambio climático, a lo que con acierto desde el PP ya se le ha invitado a abrir un debate sobre el «abandono del medio rural».

Los promotores de la Agenda 2030 y el cambio climático tienen en Sánchez uno de sus más fervientes cumplidores, en línea con el Foro de Davos y sus destacados promotores, Soros y Gates, entre otros. Pero sin caer en teorías conspirativas ni «conspiranoicas», deben aclararse noticias que informan de pueblos evacuados sin que nadie luche en ellas contra el fuego, incluso con efectivos inactivos en el lugar. Un pacto de Estado no para someterse a los dogmas de la religión climática, sino para lo que hacía el ICONA y hacer frente al drama de la España vaciada y dotar de los medios necesarios para prevenir y luchar contra el fuego.