Opinión

Maricarmen, del Dúo Dinámico a La Pegatina

Creeríamos que nadie se ha sentido feliz por ver cómo una anciana ha sido obligada a abandonar una vivienda en la que ella y su familia han vivido durante más de setenta años, pero no es así. Hay un grupo de personas y colectivos que están muy satisfechos de que esta historia haya terminado con un desahucio, tan dramático sí, pero sobre todo tan mediático.

Aunque antes de apuntar a quienes son los favorecidos por este lamentable episodio, conviene, a la inversa, aclarar que hay otros que, aunque han sido señalados por ser los insensibles culpables de un desalojo supuestamente injusto, únicamente son correa de transmisión de un proceso cabal y necesario de la convivencia civil y el tráfico mercantil.

Empezar por defender la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos que se aprobó en 1994 para restringir las subrogaciones de los contratos de renta antigua anteriores a 1985 (los posteriores a esa fecha ya se acogían a la regulación actualizada). Esa restricción estaba cargada de razón económica y mercantil, pero también de sentido común: no hay motivo para mantener una extensiva protección económica de los inquilinos, y extendida a más de una generación, a costa de los propietarios; y aún menos en un escenario de tensión inmobiliaria en la que hay un importante déficit de oferta de viviendas para alquiler.

Y si la norma parece correcta y conveniente, también lo es la actuación de los jueces que han intervenido en las distintas fases del proceso de desahucio. La norma es clara en su formulación y no contradice la motivación del legislador, por lo que, al contrario de lo que se opina desde la vocería de la ignorancia, en la que se encuentran varios ministros, deja poquísimo margen a una aplicación específica diferente, incluso siguiendo las teorías constructivistas del derecho que tan de moda ha puesto Conde-Pumpido.

Porque de eso exactamente va la seguridad jurídica que tanto se reclama en este y en otros aspectos de la actividad económica: las reglas del juego son previas, se conocen y son aplicadas con equidad, objetividad e independencia. Por eso la apelación a motivos humanitarios o de cualquier otra índole para exigir a los jueces una resolución alegal no deja de ser otra impostura malintencionada u otra boutade simplista y buenista de algunos ignorantes, como es el caso del relator de la ONU para el Derecho a la Vivienda.

Aún mucho menos se puede culpar a las administraciones autonómicas y municipales que, como se puede comprobar, si es que se quiere hacerlo, han acompañado el proceso con sensibilidad y cercanía. Por un lado, se ha asegurado la asistencia social y sanitaria de la afectada y, por otro, se le han venido ofreciendo diferentes alternativas habitacionales o residenciales. Y hasta ahí llega la responsabilidad efectiva de esas administraciones; ir más allá, como por ejemplo interfiriendo en el proceso de desahucio con alguna argucia administrativa, no es algo que se les pueda reclamar, y menos exigir.

Y desde luego que tampoco se puede exigir a los propietarios que sean ellos quienes aseguren el derecho a la vivienda de la inquilina renunciando al ejercicio legítimo y pacífico de dicha propiedad. Reclamaron hace más de veinte años el derecho que les otorga la LAU a restringir la subrogación, y durante el proceso han dado oportunidad de continuar como inquilina en condiciones muy ventajosas que Maricarmen, muy mal aconsejada, y al igual que con las opciones propuestas desde la Consejería, no ha querido aceptar.

Quienes de verdad han sacado mucho más de lo que merecen de toda esta polémica son los que, supuestamente, han defendido a la anciana. Alrededor de ella han pululado los sindicatos de inquilinos, las ONGs anti desahucios, los colectivos de okupas, los pseudo intelectuales del cine y de la ceja y, por último, los políticos populistas, y, al contrario que ella, todos han ganado con que la situación haya llegado hasta el final. Cualquier solución previa era mejor para la inquilina, pero era peor para ellos, ya que se hubieran quedado sin su publicidad y sin la oportunidad de hacer su política más cutre y demagógica.

Alguien de su entorno que de verdad la quiera bien, debería decirle a Maricarmen que todos estos moscones solamente se están aprovechando de su ancianidad y su vulnerabilidad. Que se han acercado melosos como en aquella canción del Dúo Dinámico, pero no para bailar, sino para aprovechar en su propio beneficio la triste salida de su hogar. Y como decía otra canción con el mismo título de su nombre, esta vez la del grupo La Pegatina, «…tú no lo sabes, tú no lo sabes».