De Jenni Hermoso a las mujeres del Mallorca: el doble rasero
Para desgracia de las mujeres del Mallorca que fueron objeto de vejaciones en el partido de Supercopa del pasado jueves, su caso ha caído en el flanco opaco del relato feminista. Por donde sucedieron los hechos y por quienes fueron los autores convenía ocultar los hechos bajo la alfombra. Bajo la alfombra mágica de Aladino, nunca mejor dicho. Una vez más se ha comprobado que el problema no es el qué, sino el quien, y no era políticamente correcto darle altavoz a un grupo que hubiera podido poner en peligro un discurso de género que sólo escucha a las víctimas si conviene hacerlo. Ha pasado casi una semana. El silencio de los lobbys feministas es sepulcral.
Claro que puestos a elegir, casi mejor que te ignoren, como han hecho Montero y compañía, a que encima se recochineen de ti. El por ahora presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, entró en la indignidad más absoluta cuando este pasado fin de semana no sólo no censuró lo sucedido en Jeddah con los seguidores y seguidoras del Mallorca, sino que tuvo la desfachatez de decir públicamente que estaba muy satisfecho «del cariño» que les habían mostrado en Arabia. Seguro que ese es un sentimiento que comparten las esposas de los futbolistas del Mallorca, como la del portero eslovaco Dominik Greif, que pasó uno de los peores momentos de su vida cuando se vio obligada a abandonar su asiento en la grada para ir al baño.
El colmo es el deseo de Louzán de llevar a Arabia la Supercopa femenina, una iniciativa ante la que de momento mantienen silencio Aitana Bonmatí, Jenni Hermoso o el resto de miembros de la selección, que hace ahora justo un año no dudaron en lapidar públicamente a Rubiales. Por cierto, que ni una sola de ellas se ha solidarizado tampoco a estas alturas con las agraviadas mujeres del Mallorca. Se ve que tampoco era políticamente correcto.
A todo esto, tampoco ha levantado la voz ni lo más mínimo el Real Mallorca. Se limitan a mandar informes a la Federación Española y a no saltarse ni una palabra del guion, no vaya a ser que alguien se enfade. Ni un solo comunicado en defensa de sus aficionados y aficionadas. Ni un solo reproche público a las desafortunadísimas declaraciones de Louzán. El club-felpudo, en el más estricto sentido de la palabra.
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