Igualar por abajo es de país bananero
El pacto de Estado por la Educación va camino de convertir España en un país bananero. Ninguna nación de primera línea que se precie debe permitir que la calidad de su enseñanza baje hasta el subsuelo. El nivel ha de igualarse por arriba, ya que hacerlo por abajo es condenar a los ciudadanos a un futuro de mediocridad sistémica. El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, se equivocará si accede finalmente a rebajar algunos de los puntos más interesantes de la LOMCE. Resulta inaceptable que los alumnos consigan el título de la ESO sin obtener al menos un 5 sobre 10 en sus calificaciones globales y puedan pasar a Bachillerato con hasta dos asignaturas suspensas. Esas condiciones aniquilan los mínimos imprescindibles de la excelencia y el esfuerzo y suponen un retorno al laxo sistema que implantó el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Lejos de fomentar la calidad educativa en nuestro país y acabar con la preocupante tasa de abandono escolar —un 20%, la más alta de la Unión Europea— tan solo servirá para que la distancia con respecto a los países de nuestro entorno se haga cada vez más grande.
Un drama tanto a efectos humanos como desde el punto de vista de la competitividad. En una aldea global como la que habitamos, los mejores profesionales —y esos se forman en la juventud— serán los que conquisten el futuro con más garantías y contribuyan al desarrollo de sus respectivos países. Unas garantías que, desde luego, no ofrece un sistema educativo que lleva en estado de catalepsia más de 15 años, según los sucesivos datos del informe PISA. Mientras países como Portugal han mejorado casi 30 puntos desde que se hacen las pruebas, España «sigue estancada», en palabras del director de Educación de la OCDE, Andreas Schleicher. Dicho informe señala que una de las grandes deficiencias de los alumnos españoles es la comprensión lectora, de ahí que aún resulte más incongruente que este nuevo proyecto de Real Decreto abogue por eliminar la asignatura de Literatura Universal de los planes de estudios. Un golpe, además, para la historia de nuestra propia lengua.
Desde que la democracia volviera a España tras 40 años de dictadura, la Educación ha sido un campo de batalla donde han chocado continuamente las distintas fuerzas políticas nacionales y autonómicas. Todas ellas, más preocupadas por sus propios intereses electorales que por construir la arquitectura necesaria para ofrecer la mejor formación posible. El Partido Popular aprobó una ley cuando tenía mayoría absoluta que ahora se ve obligado a maquillar por la atomización parlamentaria. Sin embargo, el Ejecutivo no puede claudicar a un acuerdo a cualquier precio. Una cosa es un gran pacto de Estado y otra muy distinta hacer de nuestra Educación una suerte de tómbola donde se regalan los títulos.
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