Opinión

Demasiado león para tanto ratoncillo

El Mallorca perdió merecida y claramente el partido en idéntica medida a que sus ejecutivos los papeles que técnico y jugadores no encontraron de principio a fin. Radonjic no entró en la lista pese a haber viajado porque el bajo nivel de exigencia reinante en este club permite cerrar una negociación en el último segundo del mercado, sin que los ejecutivos hayan procurado el papeleo necesario para inscribir tan tardío fichaje. Algo más que una anécdota si el efecto mariposa de la desidia no se trasladara al terreno de juego.

No es menos cierto que no hay quien arregle un destrozo como el causado ya ante el Betis, confirmado en San Mamés y certificado en 23 jornadas con solo tres victorias en un balance cuyo inventario presume de una Copa secundaria y perjudicial para una plantilla a la que sobra claramente una de las competiciones sin que resulte necesario recordar cuál es la importante.

Mejor no concluir que las ausencias de Nastasic, Samú y quizás alguno más se deben a precauciones físicas y no a rotaciones de cara a la visita de la Real a Son Moix el próximo martes, que baja enteros y expectación tras la debacle liguera. Javier Aguirre se ha aprendido un plan único que repite dentro y fuera sea cual sea el rival y su sistema, sin articular más alternativa que, mal dadas, consiste en otro cambio memorizado, el de uno de los tres centrales por un segundo delantero. Que esté o no esté Copete viene a ser lo mismo y que salga Muriqi cual palo estático al que apuntar solo sirve para constatar lo lejos que está el kosovar de su recuperación.

Cúper le decía a Olaizola: «si no sabes qué hacer con la pelota, dásela a Engonga». Fue precisamente este último quien me dijo en cierta ocasión que «te retira la velocidad, no la edad», refiriéndose a la mental, no a la de las piernas. Ahora mismo y en este tramo del campeonato, bastantes jugadores del Mallorca no atesoran ni la una, ni la otra. Pero ahí siguen.

Anclados en el sueño de haber eliminado el Girona, continúan sin haberse despertado. Salieron con legañas al renovado San Mamés y no espabilaron ni al encajar el primero gol, ni siquiera en el cuarto, todavía con el pijama puesto y sin haber saltado de la cama. Fueron de un lado a otro como pollo sin cabeza, sin trenzar una sola acción, espectadores del tejido que cosían los «leones» ante el letargo de once pequeños e insignificantes ratoncillos. Antonio Sánchez superado, lento y embobado, Morlanes inexistente, Dani Rodríguez alocado, los defensas descolocados por el constante movimiento de Iñaki, Nico y compañía, Raillo fuera de sitio detrás de Guruceta y, único recurso, pedradas a Larín, casi siempre en fuera de juego, para que se busque la vida.

Si, ni el gol a los 2 minutos borró la sonrisa del rostro de Javier Aguirre, una bromita aquí y una gracia allá, pero el horno no está para bollos y, como suele suceder, quien rió el último, lo hizo mejor.