¿Coherencia en Podemos?
La segunda acepción del diccionario de la RAE señala que coherencia es la actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan. La falta de coherencia no se encuentra en el hecho de que una persona de ideología de izquierdas decida destinar su dinero a una casa de más o menos coste. No, lo que se supone que defendemos desde la izquierda es que, precisamente, todo el mundo pueda acceder a aquello que le guste y que no tenga más obstáculos que los que pueda superar con su esfuerzo y trabajo diarios. En este sentido, los líderes de Podemos me parece que tienen perfecto derecho a vivir donde les plazca, faltaría más.
La falta de coherencia la encuentro en sus palabras, cuando siempre criticó a “los de arriba”, estableciendo límites, franjas, y en definitiva, etiquetando al personal. Ya entonces yo fui crítica con aquellas medidas absurdas de limitarse el sueldo, y después pude comprobar que ni él mismo estaba de acuerdo con ellas. Pero no le culpo, pues cuando daba sus discursos desconocía totalmente el coste personal que implica la política, la dedicación, los sacrificios y el hecho, en definitiva, de perder tu libertad y lo que venía siendo tu vida. Además, cuando se quiere exigir a una persona que haga un buen trabajo, se le debe pagar bien por ello. Nada que objetar a los salarios de sus señorías; el problema sigue donde estaba: en trabajar lo correspondiente al salario y a lo que se espera de uno.
Pero bueno, supongo que ahora Pablo lo verá todo muy distinto, y ya no necesita maquillar las donaciones a sus propios proyectos como un salario digno a la altura de la responsabilidad que conlleva. El problema de todo el follón que hay montado está, a mi entender, en que llegó dando un discurso que hoy ya no admite dudas: era puro y absoluto populismo. Buscaba el voto fácil y tratar de venir a ser ejemplar con cuestiones accesorias. Y como todo lo absurdo y poco sincero, termina por volverse en tu contra. Es precisamente en aquellas declaraciones, en las que criticaba a diestro y siniestro por lo que se gastaban en lo que les daba la gana, donde yo encuentro el problema. Y ahora, claro está, ser esclavo de sus palabras. Por lo tanto, el problema no está en vivir como a uno le de la gana, siempre y cuando se lo pueda permitir.
Esa es la cuestión: qué tendrá que hacer esta pareja a partir de ahora para garantizarse los gastos. Probablemente, lo que la mayoría de los políticos que tomaron las mismas decisiones: no bajarse del sillón. De cualquier sillón. Solamente nos falta por verle en una “puerta giratoria”, que por supuesto, él jamás considerará como tal. Porque siempre lleva razón, claro. Y para disimular este último punto, le consulta a sus bases, que harán las veces de conciencia. Porque digo yo que si uno tiene la sensación de estar siendo incoherente, lo honesto es dimitir sin que nadie te lo diga. O básicamente entender que prefieres vivir tu vida y dejar de vender un mensaje que ya no encaja. Pero no, la responsabilidad se deja en mano de la “militancia”, para seguir haciendo un papel absurdo y sin sentido. Lástima.
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