Las caídas reales
No podría comenzar esta columna sin pensar en el sufrimiento, la pena, la desolación, lo irreparable, la tristeza, lo inevitable, lo irreversible, el dolor, el desamparo y la angustia vital que los familiares de las víctimas de la tragedia de Urda están sintiendo y sentirán hasta el fin de sus vidas, como siguen sintiendo aquellos familiares de las víctimas de Adamuz. Luego vendrá la terrible indignación por lo que pudo haberse evitado y no se evitó. Me viene a la memoria la novela del checo Milan Kundera La insoportable levedad del ser:
«El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores». Desgraciadamente, a estas víctimas sus vidas, a cada una de ellas, su vida se la han sesgado para siempre. Descansen en paz y que Dios nos ayude.
Las caídas reales
Letizia sufrió una aparatosa caída el pasado 24 de octubre (que lejos me parece ya) al resbalar y caer al suelo cuando se disponía a descender de una embarcación pesquera en el puerto de Llanes. Hay que pensar que hay caídas y caídas, unas más discretas y otras ¡trágame tierra! que resultan mucho más llamativas de lo que uno quisiera. Por ejemplo, ver al desaparecido rey Harald de Noruega, tan alto, tan grande, durante su visita oficial a Dinamarca, al disponerse a saludar a su anfitriona y amiga, la reina Margarita, darse de bruces cuando se encontraba en el último tramo de la escalera, a cuatro patas, esa figura imponente a los pies de la soberana danesa, dejó sin palabras y sin reacción a quienes estaban en aquella recepción. Lógicamente, los miembros de su escolta acudieron a levantarle, pero como siempre ocurre, fue demasiado tarde; la inesperada caída no pudo evitarse, dando la vuelta al mundo aquella imagen. Y muchas veces no es cuestión de edad porque, por ejemplo, Máxima de los Países Bajos fue inmortalizada en plena caída, al dar un traspié cuando salía de un edificio en Buenos Aires. Años después, en 2016, sufrió otra en la mansión real que le produjo una grave conmoción cerebral.
Esta imagen me ha recordado la de la Reina Sofía en la escalinata de la Casa Blanca, en 2001, durante la visita oficial de los Reyes de España a los Estados Unidos en la que los Clinton les ofrecieron una cena de gala. Aquel viaje, sin embargo, no comenzó con buen pie al quedar la Reina Sofía por un traspié casi en paralelo con las escaleras ante el presidente que la esperaba, que le tendió sus manos para ayudarle a levantarse mientras don Juan Carlos que la seguía apenas tuvo tiempo de impedir la caída.
Lo que me sorprendió fue la impavidez de Hillary observando, sin inmutarse, a doña Sofía a sus pies, sin llegar a separar sus manos entrelazadas bajo su pecho. Pero la Reina se levantó, disimulando, con una embarazosa y forzada sonrisa, su dignidad posiblemente herida. La profesionalidad se puso de manifiesto a pesar de lo difícil que resulta salir airoso de un traspié aunque seas reina. Lo que me hubiera gustado es saber lo que don Juan Carlos pensó de su esposa en aquel momento (?).
Pero los años y sus problemas de movilidad han hecho del emérito un candidato a tener no una, sino muchísimas caídas, aunque para evitarlo, de un tiempo a esta parte camina apoyado en los brazos de dos ayudantes, triste imagen. Su caída más espectacular, que tuvo serias consecuencias, fue la que sufrió en Botsuana, estando acompañado de Corinna, su amante. Un gran escándalo. ¿Recuerdan aquellas palabras «Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir»? Federico de Dinamarca, joven él, cuando en 2009 sufrió una fractura de peroné, tuvo también su caída al hacerse un lío con las muletas cuando descendía de su coche. Y, como estas, muchas otras que se escapan a mi memoria.
Y, por último, fui testigo del violento momento en el que una ilustre dama española que, por respeto y caridad, silencio su nombre, se desplomó ante los Reyes Juan Carlos y Sofía, al querer hacer una «espectacular» reverencia en el besamanos previo a una cena de gala en el Palacio Real. La invitada debió pisarse el vestido y allá que fue todo lo largo que era. Esta habitual etiqueta cortesana de humillante servidumbre, afortunadamente, parece estar desapareciendo. Todos estos casos ponen de manifiesto que el hombre y la mujer para tropezar y, como dijo el sabio, «sólo necesita sus pies, pues lleva consigo su miserable piedra de tropiezo. Se cae el pobre, se cae el rico, se cae el sabio, se cae el tonto, se cae el rey y se cae la reina».
Julio Iglesias y la tragedia ferroviaria de Toledo
El accidente ferroviario de Toledo, que ha dejado, por el momento, 69 fallecidos, ha afectado profundamente a mi querido compadre Julio Iglesias que, en un comunicado en redes sociales, ha expresado su dolor por las víctimas del accidente ferroviario. A sus 83 años y desde su residencia americana, ha querido compartir con un emotivo y contundente mensaje su dolor y solidaridad con las víctimas, entre ellas Julieta Gallego, la joven promesa del atletismo español. Profundamente afectado, ha declarado: «Todos podríamos habernos subido a este tren. Las personas que han perdido la vida, sus familiares, sus amigos, quienes los quieren y todos nosotros, los que amamos profundamente la vida, estamos angustiados por no haber seguido las normas de mantenimiento de las estructuras modernas. Mi alma podría haber viajado en este tren con todos nosotros».
Aunque lleva años residiendo fuera de España y mantiene una vida alejada de los focos, mi compadre nunca oculta el cariño y nostalgia que siente por su país. No es la primera vez. En octubre de 2024, tras la devastadora DANA que golpeó a la Comunidad Valenciana, Julio también recurrió a las redes sociales para expresar su dolor y tristeza y envió un mensaje lleno de ánimo en un momento especialmente delicado para su familia, que acababa de perder a Paula Bakker, madre de su mujer Miranda Rijnsburger.
Chssssss…
Se queja porque sólo se habla de ella en plan frívolo, pero querida, sí estás en todos los saraos habidos y por haber. Si a ti te gustaría que te conocieran a nivel profesional, ¿podrías, por favor, decirnos a qué dedicas tu tiempo… no libre, sino laboral?
Con ese papá de la niña, seguro que los posibles novios salen no corriendo, sino volando. No podría ser más entrometido el personaje.
Pero, ¿no se darán cuenta ellas y ellos, en este caso él, de los rostros que les quedan tras pasar por una cirugía total? Están irreconocibles y, además, como el caso que nos ocupa, con una cara de pánfilo que no hay por donde cogerle. Eso sí, sin arruga alguna.
El hombre, muy de izquierdas, pero con un bisabuelo de Falange a quien le quitaron hasta la casa por ser de derechas y a un tío asesinado por lo mismo.
Pero qué horror, ¿cómo puede presentarse con esa tremenda tripa? Sólo lo entendería si fuera por exigencias de un papel, pero si no…
Me hace gracia cuando las parejas se separan diciendo «seguimos queriéndonos muchísimo». Es que no falla. Pues si se quieren tanto…
Qué pena me ha dado siempre mi paisana. Teniéndolo todo, voz, fama y la gente rendida a sus pies, no ha sabido gestionar su vida profesional ni tampoco ha encontrado a alguien que lo hiciera.
Vaya cara que tienen algunas personas y da lo mismo que sea en España o en el continente americano. La que fuera prometida del cantante y cuya relación terminó allá por el año 1988 se niega a abandonar la casa propiedad de este, después de estar disfrutando de ella durante casi 40 años. A veces, en la vida, ser generoso no sirve de nada.
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