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Patrimonio y cultura en la capital

Relojes del siglo XIX: la precisión del tiempo en la Galería de las Colecciones Reales

El tiempo no siempre se midió con pantallas de cristal ni números digitales. Hubo una época en la que saber la hora exacta exigía engranajes diminutos, muelles templados a fuego y cajas de bronce que rozaban la escultura. Quien pasee estos días por el centro de Madrid tiene la oportunidad de comprobarlo en vivo. La Galería de las Colecciones Reales acoge en su planta -2, justo en el área dedicada a Isabel II dentro de la Sala de los Borbones, una exposición temporal volcada en la relojería del siglo XIX. Estará abierta al público hasta el próximo 20 de septiembre. Es un recorrido breve, sí, pero cargado de historia, técnica y una belleza artesanal que ya no se fabrica.

Ingeniería de precisión y el arte de vestir los palacios

Medir los minutos con exactitud obsesionó a los reyes durante siglos. Sin embargo, al llegar el siglo XIX, la cosa fue a más. Ya no bastaba con tener un aparato funcional sobre la chimenea; la máquina debía ser una obra de arte y, de paso, dar la hora sin retrasarse un solo segundo. La muestra reúne un puñado de piezas que reflejan cómo la tecnología relojera dio un salto gigante en aquella etapa. Los talleres europeos competían ferozmente por patentar los mejores sistemas de péndulo, mejorar la sonería y reducir el margen de error de sus maquinarias.

Pero no todo era ciencia pura. La estética jugaba un papel decisivo en cada encargo real. Los monarcas utilizaban estos objetos para impresionar a los embajadores y visitas ilustres que cruzaban los salones de los Reales Sitios. En las vitrinas de la exposición se aprecia perfectamente ese cambio de época. Se pasa de las líneas sobrias y frías del neoclasicismo inicial a piezas mucho más cargadas, de corte romántico, donde el oro, la porcelana pintada a mano y las incrustaciones de maderas nobles roban todo el protagonismo al propio dial.

El capricho de dos reyes: Fernando VII e Isabel II

Detrás de cada reloj expuesto hay una decisión personal. Tanto Fernando VII como su hija Isabel II sintieron verdadera fascinación por estos artilugios. No reparaban en gastos cuando se trataba de fichar las creaciones de los maestros relojeros más cotizados de París o Londres. Querían lo último, lo más raro, lo más complejo. Gracias a ese afán coleccionista, España reunió un fondo patrimonial envidiable que ahora sale a la luz para que el espectador entienda los gustos íntimos de la Corte durante aquellos años convulsos.

Recorrer la sala permite fijarse en los detalles finos. Hay mecanismos pensados para sonar solo en momentos concretos, esferas con autonumeración ingeniosa y estructuras de bronce dorado que representan escenas mitológicas o históricas. Al final, la exposición enseña cómo la obsesión por dominar el tiempo avanzó de la mano del arte decorativo más refinado del ochocientos.

Todo lo que necesitas saber para organizar tu visita

Si te apetece acercarte a la Galería de las Colecciones Reales y ver de cerca estas piezas históricas, conviene tener claros los datos prácticos antes de salir de casa. El espacio expositivo se encuentra en un enclave privilegiado, junto al Palacio Real y la Catedral de la Almudena.

En caso de que solo quieras acceder al espacio de las exposiciones temporales sin recorrer el resto del museo, existe un pase específico por 8 euros.

Aprovechar la visita para pasear por la planta -2 es una excusa perfecta para huir del bullicio de la ciudad y sumergirse en una época donde hasta el simple tictac de un reloj era cuestión de Estado.