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Ocio y cultura del videojuego

Factoría Retro celebra el Día del Gamer en Alcorcón

Cada año, la llegada de los últimos días de agosto trae consigo una cita marcada en rojo para los aficionados a la informática clásica y los videojuegos. El próximo 29 de agosto se conmemora el Día Internacional del Gamer, una fecha que sirve para echar la vista atrás y reivindicar la evolución de un sector que pasó de ser un pasatiempo marginal a convertirse en un pilar cultural de primera magnitud. En mitad de este panorama, los integrantes de la asociación Factoría Retro han decidido tirar la casa por la ventana. Desde su sede en Alcorcón, el colectivo ha preparado una jornada de puertas abiertas que promete convertir el municipio del sur de Madrid en la capital de la nostalgia ochentera y nueventera.

Joyas de la época dorada que vuelven a encender sus pantallas

El gran atractivo de esta convocatoria radica en la llegada de nuevas máquinas recreativas, consolas, pimballs y futbolines que pasan a incorporarse de forma permanente a la colección de la entidad. Aunque la directiva guarda bajo llave los nombres exactos de las placas y muebles que se van a presentar ese mismo día para mantener el factor sorpresa, se sabe que se trata de piezas originales rescatadas del olvido y restauradas con mimo artesanal.

Jesús Fernández, socio fundador del colectivo, no oculta el entusiasmo al hablar de esta cita. Explica que el objetivo prioritario siempre ha sido recuperar esa sensación única que se vivía al entrar en un salón recreativo de barrio. Para que la fiesta sea completa, todas las personas que crucen la puerta durante la jornada festiva recibirán una bebida de bienvenida con el importe de su entrada.

En las instalaciones de Alcorcón la oferta es abrumadora. Más de cuarenta muebles arcade de los años 70, 80 y 90 comparten espacio en un estado de conservación impecable. Allí conviven verdaderos iconos como Tetris, Pacman, Street Fighter, Donkey Kong, Tekken o el incombustible Space Invaders. A su lado, la zona dedicada a los pinballs de palancas y canicas de acero despliega ese sonido tan característico de relés y campanas que hoy prácticamente ha desaparecido de las calles.

Un puente intergeneracional donde no hay brecha de edad

La filosofía que mueve a Factoría Retro va mucho más allá de exponer muebles antiguos tras un cordón de seguridad. Aquí todo se toca y todo se juega. Esta visión interactiva provoca una dinámica curiosa entre las personas que visitan el local durante los fines de semana. Como bien señala Fernández, los visitantes con más canas realizan una suerte de viaje emocional inmediato a su propia infancia, reencontrándose con los títulos en los que invertían sus pagas semanales en forma de monedas de cinco duros.

Al mismo tiempo, los más pequeños de la casa descubren de primera mano cómo se divertían sus padres y abuelos en una época donde no existían las pantallas táctiles, los gráficos en alta definición ni las conexiones a internet. Para facilitar esta interacción entre padres e hijos, el salón cuenta con una sección adaptada con muebles arcade fabricados a menor escala. De este modo, los niños pueden alcanzar los mandos y botones de forma cómoda sin necesidad de subirse a un taburete.

Cultura del recreativo, torneos y divulgación continua

Desde que abrieron sus puertas en el sur de la Comunidad de Madrid, la asociación ha peleado por devolver a las salas de juego el valor social que perdieron a finales de los noventa. La irrupción masiva de las consolas de 128 bits y las conexiones domésticas provocó el cierre paulatino de estos templos urbanos de convivencia. La labor de Factoría Retro pasa por rescatar ese espíritu comunitario donde la partida se compartía hombro con hombro frente a un mismo mueble.

Para mantener viva esa chispa durante todo el calendario, la entidad no se limita a abrir el local los fines de semana. A lo largo del curso organizan competiciones, torneos de lucha, talleres de reparación electrónica y conferencias divulgativas. En estas charlas participan activamente figuras representativas del sector, desde pioneros de la programación en España hasta jóvenes desarrolladores que buscan inspiración en las mecánicas sencillas pero exigentes del siglo pasado.

Con esta amplia programación y la incorporación de las nuevas máquinas ocultas, el salón recreativo de Alcorcón se consolida como una visita obligada para cualquier amante del videojuego que quiera celebrar su día grande de la mejor forma posible: jugando.