Vides centenarias

Las uvas olvidadas españolas vuelven a la vida: la ciencia redescubre 95 variedades centenarias de vid

Investigadores de 16 centros científicos identifican 95 variedades centenarias de vid casi extintas

El proyecto Minorvín estudia su resistencia a la sequía y a enfermedades como el mildiu y el oidio

El proyecto suma 16 centros de investigación de 12 comunidades autónomas y más de 50 investigadores

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Dormidas en viñedos centenarios y huertas privadas de toda España, las variedades centenarias de vid que se daban por extintas han sido redescubiertas por el proyecto Minorvín tras más de una década de prospección científica.

El resultado supera las expectativas iniciales: 95 variedades minoritarias que la ciencia consideraba desaparecidas vuelven ahora a los registros con nombre, genética documentada y potencial para transformar el viñedo español.

Minorvín, el gran rescate

El proyecto arrancó formalmente en junio de 2019 con la participación de 16 centros de investigación de 12 comunidades autónomas, más de 50 investigadores y el respaldo de 21 bodegas integradas en 14 denominaciones de origen del Estado.

La iniciativa, financiada por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación y fondos FEDER de la UE, tiene un objetivo claro: valorizar las variedades centenarias de vid que son precisamente las variedades minoritarias en mayor riesgo de desaparición permanente.

Los trabajos de campo abarcaron tres campañas de vendimia —2019, 2020 y 2021— durante las cuales los equipos evaluaron la fenología, la fertilidad, los parámetros de producción y el estado sanitario de cada cepa. También se analizó de forma exhaustiva la resistencia a la sequía mediante la medición de la relación isotópica del carbono en los mostos, un indicador preciso de la eficiencia hídrica de la planta.

Resistentes a enfermedades

La tolerancia al mildiu y al oidio, unas enfermedades fúngicas muy extendidas, fue uno de los hallazgos más relevantes del estudio. Varias de las variedades minoritarias analizadas mostraron una susceptibilidad baja a ambos hongos, lo que podría traducirse en una reducción significativa de los tratamientos fitosanitarios. Ese dato tiene implicaciones tanto económicas como medioambientales para los viticultores que opten por cultivarlas.

Algunas cepas destacaron también por su maduración tardía o intermedia y su alta acidez natural, rasgos de gran valor en el contexto del cambio climático. Cuando las cosechas se adelantan y los mostos pierden frescura, una variedad centenaria de vid con estas características se convierte en una herramienta real de adaptación agronómica para las bodegas.

22 variedades en Madrid

En la región madrileña, el IMIDRA (Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario) localizó 22 de los 95 ejemplares recuperados. De ellos, 9 ya estaban catalogados en la Colección de Variedades de Vid de la finca experimental de El Encín en Alcalá de Henares, considerada la segunda colección ampelográfica más importante de Europa y fundada en 1950 a partir de colecciones dispersas por todo el país.

Las 13 restantes eran completamente desconocidas: Azargón, Brustiano Faux, Crepa, Botón de Gato, Cornigacho, Granadera, Jarrosuelto, Montonera, Rubeliza, Tazazonal, Terriza, Tinto Bastardo y Tortozona Tinta. Ninguna figuraba en el registro vitícola hasta que los prospectores del proyecto las encontraron en parcelas de la región.

La uva Hebén regresa

Entre los hallazgos más llamativos de la prospección madrileña figura la uva Hebén, localizada en una huerta privada. Tras confirmar su procedencia histórica, el IMIDRA solicitó su inclusión en el Registro Nacional de Variedades Vegetales.

De ser admitida, podría emplearse en la elaboración vinícola amparada por la Denominación de Origen Vinos de Madrid, que agrupa 45 bodegas y 2.760 viticultores en cuatro subzonas: Arganda, Navalcarnero, San Martín de Valdeiglesias y El Molar.

La D.O. reconoce actualmente siete tipos de uva blanca (malvar, airén, albillo, viura, parellada, torrontés y moscatel de grano menudo) sobre una superficie total de 5.898 hectáreas. La incorporación de la Hebén ampliaría esa paleta y diversificaría una producción que hoy implica a más de dos millares y medio de familias viticultoras.

Vinos del pasado y del futuro

El potencial enológico de estas variedades centenarias de vid ya ha comenzado a medirse mediante la elaboración de vinos monovarietales en las bodegas colaboradoras.

Los equipos analizaron el perfil fenólico, el aromático y las características sensoriales de cada muestra para determinar si reúnen tipicidad y diferenciación suficientes para competir en el mercado. Las conclusiones señalan que varias presentan atributos organolépticos únicos que no se encuentran en ninguna cepa comercial actual.

El contexto hace que el rescate resulte urgente: a escala global, 15 variedades ocupan el 50% de la superficie de viñedo mundial y en España, 9 cepas engloban el 80% de las vides de vinificación. Frente a esa concentración, la recuperación de estas variedades minoritarias representa una apuesta por la biodiversidad y un seguro biológico ante los efectos más extremos del cambio climático sobre el viñedo.

Patrimonio vivo

Las diminutas cepas encontradas en huertos olvidados y viñas viejas de media España cargan con siglos de adaptación a suelos y climas específicos. Botón de Gato, Jarrosuelto o Tortozona Tinta existían antes de que se formaran las denominaciones de origen, los registros vitícolas y los tratados de enología.

Su recuperación, con proyectos como el de Minorvin, no es sólo un logro científico, significa claramente la restitución de un patrimonio genético que tardó milenios en formarse y que estaba a punto de desaparecer para siempre.