Calor

Hasta 4 grados de diferencia en una misma casa: por qué unas habitaciones acumulan más calor que otras en verano y como mantener una temperatura estable

Tras el intenso calor de los últimos días, las temperaturas han dado un pequeño respiro en muchas zonas. Aun así, dentro de casa la sensación no siempre acompaña ya que hay viviendas en las que, aunque fuera refresque, algunas habitaciones siguen acumulando calor y resultan difíciles de enfriar. No es casualidad si tenemos en cuenta que se puede dar una diferencia de temperatura entre estancias que puede llegar hasta los 4 grados, dependiendo de factores como la orientación, la ventilación o el uso de electrodomésticos, según explican expertos en climatización de Haier.

Detrás de estas diferencias hay varios factores que suelen pasar desapercibidos: la orientación de las ventanas, la radiación solar directa, el aislamiento, la ventilación o incluso el uso de electrodomésticos. Al final todo suma y cuando además esos factores se combinan, el resultado es ese calor acumulado que no se va ni aunque baje la temperatura exterior.

Hasta 4 grados de diferencia en una misma casa: por qué unas habitaciones acumulan más calor que otras

No todas las estancias se comportan igual frente al calor. Las que reciben sol directo durante más horas, sobre todo las orientadas al oeste,  tienden a calentarse más. Pero no es lo único ya que también influye el aislamiento (o la falta de él), la circulación del aire y algo que muchas veces se olvida: las fuentes internas de calor. Un ordenador encendido durante horas, el horno o incluso una ducha caliente pueden hacer que una habitación suba varios grados sin que nos demos cuenta. Además, hay otro factor clave: la humedad. Cuando es alta, el cuerpo tiene más dificultades para regular la temperatura y la sensación de calor se dispara, aunque el termómetro marque lo mismo.

Las cinco zonas de la casa donde más se nota el calor

El dormitorio suele dar problemas por la noche, justo cuando más se necesita descansar. Durante el día, materiales como paredes, suelos o colchones van acumulando calor y lo liberan poco a poco. Por eso, aunque fuera refresque, dentro puede seguir haciendo calor. Para evitarlo, conviene cerrar persianas o cortinas durante las horas de más sol y ventilar solo cuando el exterior esté más fresco. También ayuda programar el aire acondicionado antes de acostarse, en lugar de ponerlo al mínimo de golpe.

Por otro lado está la cocina, y en este caso se sabe que genera su propio calor. El horno, la vitrocerámica, el lavavajillas o incluso el frigorífico elevan la temperatura, sobre todo si se usan en las horas centrales del día. La recomendación aquí es sencilla: evitar cocinar en los momentos más calurosos, apostar por platos fríos o rápidos y utilizar la campana extractora siempre que sea posible. Si se puede aislar la cocina del resto de la casa, mejor.

Luego tenemos el baño que si bien no siempre es la estancia más caliente, pero sí puede ser la más incómoda. Y todo debido a la humedad de la ducha que crea ese ambiente pegajoso que multiplica la sensación térmica. Aquí la clave es ventilar bien. Abrir la ventana o usar el extractor durante y después de la ducha ayuda a expulsar el vapor. También conviene no usar agua demasiado caliente y evitar que la humedad se extienda al resto de la casa.

Otra estancia que puede acumular mucho calor en casa, es el despacho que debido al teletrabajo, es una estancia que ha ganado protagonismo y también problemas. Ordenadores, pantallas, cargadores y luces generan calor constante. Y si encima el espacio es pequeño o no ventila bien, la temperatura sube rápido. Para mantenerlo bajo control, es recomendable apagar los dispositivos que no se estén usando, evitar el sol directo y mejorar la circulación del aire. Un ventilador puede marcar la diferencia sin necesidad de bajar más el aire acondicionado.

Y por último tenemos el salón que si bien suele ser la estancia más confortable porque ahí está el aire acondicionado, lo cierto es puede dar una falsa sensación de que toda la casa está igual. El problema es que el frío no siempre se reparte bien. Si hay muebles bloqueando la salida de aire o las puertas están cerradas, el resto de habitaciones apenas se benefician.

Cómo mantener una temperatura más uniforme en casa

Más que bajar el aire acondicionado al mínimo, la clave está en entender cómo se mueve el calor dentro de la vivienda. A partir de ahí, hay varias estrategias que funcionan. La primera es bloquear la radiación solar. Persianas, toldos o cortinas pueden reducir mucho el calentamiento durante el día. La segunda, ventilar en el momento adecuado: por la noche o a primera hora, nunca en las horas más calurosas.

También es importante controlar las fuentes internas de calor. Cocinar menos, apagar aparatos innecesarios o espaciar el uso de electrodomésticos ayuda más de lo que parece. Y, por último, desde Haier nos aconsejan revisar el sistema de climatización. Un sólo equipo no siempre es suficiente para enfriar toda la casa de forma homogénea sino que en algunos casos, soluciones como sistemas por zonas o multisplit permiten un reparto más equilibrado y también nos recuerdan que el termostato sólo mide la temperatura del punto donde está instalado, no la de toda la vivienda, por lo que ajustar el sistema sin tener en cuenta estas diferencias puede generar desequilibrios.