España deja 400.000 toneladas de limones sin recoger por las importaciones y el cambio climático

La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos cifra las pérdidas en unos 120 millones de euros en la peor campaña de limón de la historia

La organización no obtiene respuesta de la solicitud de una reunión urgente con el Ministerio de Agricultura

  • Antonio Quilis Sanz
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora responsable de OKGREEN en OKDIARIO. Antiguo director de El Mundo Ecológico y colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El campo en España está sufriendo esta temporada un nuevo revés profundo que afecta sobre todo a los pequeños agricultores de cítricos que están dejando sin recoger la cosecha de limones, unas 400.000 toneladas que se van a quedar colgadas en los árboles.

Al habla con Pedro Gomáriz, responsable de cítricos de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), cuenta a OKDIARIO que «la situación ahora mismo es dramática e insostenible, en el sentido de que no se ha recibido en muchas explotaciones ningún ingreso y todo ello cuando los costes son más altos que otros años por el precio del agua, de los insumos, etcétera».

«A todo esto le estamos metiendo un coste de tirar el limón al suelo, lo que provoca que nos estemos yendo por encima de los 30 céntimos por kilo de media», se lamenta Gomáriz, que nos explica que «al agricultor se le ha pagado a precios ridículos de diez céntimos».

Sin ingresos

«Los citricultores hemos asumido el coste de sacar adelante nuestra producción anual y ahora, para nuestra desgracia, en España estamos asumiendo el coste de tirar los limones al suelo, sin ningún tipo de ingresos. Es decir, estamos gastando alrededor de 30 céntimos el kilo de limón para no obtener nada a cambio», ha señalado Pedro Gomáriz, responsable del sector citrícola de COAG.

Entre los problemas que tiene el limón en España , que asoman poco a poco en la conversación, aparecen el creciente volumen de las importaciones, las alteraciones por cambio climático y las macro-explotaciones de fondos de inversión que han hundido los precios por debajo de los costes de producción.

A todo esto se añade la falta de respuesta del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) que no atiende a una petición de reunión urgente en la que poder trasladar una serie de propuestas y conocer la visión del Gobierno sobre la situación actual y las posibles actuaciones que se estén planteando.

Agricultores repartiendo limones durante una protesta el pasado 18 de enero en Málaga (Foto Europa Press)

El limón como artículo de lujo

Hay un problema incomprensible en el eslabón, que repercute directamente en el comprador de las tiendas, unos temas «de los que no habla la gente», clama Gomáriz, porque en España «si hubiera habido este año 400.000 toneladas más de limones hubiera repercutido en que el consumidor hubiera pagado los limones a mitad de precio».

«El problema es que el consumidor no lo ha pagado a la mitad de precio. En España los limones están por encima de dos euros el kilo en un supermercado y en Europa hay muchos supermercados que venden a un euro la unidad, que eso viene a salir por encima de los cinco euros el kilo de limón. Con lo cual eso es un disparate porque convierte al limón en un artículo de lujo», nos explica el representante de COAG.

Una diferencia que implica, según él, que «ese valor que genera ese producto en algún sitio se ha quedado a lo largo de la cadena. Porque si el consumidor lo ha pagado y el agricultor no lo ha percibido, quiere decir que los otros dos eslabones, tanto el operador como el distribuidor, en algún sitio, en alguno de esos dos se tiene que haber quedado ese valor, y de eso no está la gente hablando».

Pérdidas millonarias

La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) denuncia que la campaña actual pasará a la historia como la peor en términos de rentabilidad hasta la fecha, con precios por debajo de los costes de producción para la inmensa mayoría de las personas productoras, lo que está derivando en graves pérdidas económicas en las principales zonas de producción e incluso abandono de explotaciones y el arranque de árboles.

«Sin contar con los kilos que se han mal pagado a quienes producimos, si sólo tenemos en cuenta las 400.000 toneladas de fruta que se han quedado en los campos, estaríamos hablando de unas pérdidas de más de 120 millones de euros», ha añadido Gomáriz.

Desde COAG hablan de que se encuentran ante un mercado altamente especulativo, con un creciente grado de integración en sustitución de un modelo social de citricultura, y sin elementos precisos para la gestión de las crisis más graves, como es el caso de la actual.

Limones en Orihuela (Alicante) (Foto: Europa Press)

Importaciones

El creciente volumen de importaciones que hunden los mercados europeos, las alteraciones de cambio climático y las enfermedades y plagas, en ocasiones también importadas, así como el aumento de superficie de los últimos años, han derivado en esta penosa situación.

Las importaciones es otro de los principales factores que han hecho que los limones se queden en los campos. Según Gomáriz, «inundan Europa con limones de otras procedencias. Pero es que eso también nos está haciendo daño aquí en España, porque ese producto entra a través de España y va directamente a la Unión Europea a través de la de los puertos españoles».

Y no sólo afecta por el volumen, porque los limones extranjeros se llevan por delante tanto a la planta como al fruto porque vienen con plagas que no se dan en España.

Importamos plagas

Apunta  Gomáriz que «este año ya se ha extendido una plaga, el exceso de trips, que lo que hace es manchar el fruto por fuera», dejando el limón no comercializable porque visualmente no está perfecto y no se admite en los canales al consumidor.

Las importaciones de limones que entran por los puertos españoles vienen principalmente de Sudáfrica, Turquía, Egipto y ahora Argentina, unas mercancías que «deben cumplir las normas de la cadena alimentaria, la ley de competencia, que vienen tratadas con productos que aquí están prohibidos hace cuarenta años y que son perjudiciales para la salud y llegan sin control. Todas estas cosas no están funcionando y también hacen que en Europa la gente consuma menos, como está pasando con la fresa».

Macro-explotaciones

Según los últimos datos publicados por la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos de España, elaborada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la superficie de limones en regadío ha aumentado un 51% (+16.800 ha), principalmente por la conversión de superficie de otros cítricos, de frutales no cítricos o de hortalizas.

Estos datos reflejan una situación del limón, en el que el 50% de la superficie pertenece a pequeñas explotaciones, las más afectadas en general, con una media de 5 hectáreas, y el resto se reparte entre aprovechamientos de 15 a 20 hectáreas y las macro-explotaciones de los fondos de inversión.

Estas últimas se sitúan en zonas que climáticamente no son propicias para los limones, porque no funciona en todos los sitios. «El limón climáticamente tiene su zona, que es muy concreta en el Levante, que necesita su agua, su clima, etcétera…, todo esto visto con matices porque no se puede generalizar», concreta el entrevistado.

Anillo verde

Pone el ejemplo de los alrededores de Murcia en los que «hay un anillo bordeando la ciudad de unos 20 kilómetros que está todo plantado de huertas de limonero, huerta tradicional modernizada, y más pegado a la ciudad, menos modernizada»

«Pero al final es un anillo  que es un filtro verde y ya no es sólo la familia y las empresas de todo lo que está alrededor de ese cultivo, sino también medioambientalmente. Es un pulmón verde para la ciudad de Murcia, porque el cítrico, el limonero, es una de las plantas que más CO₂ absorbe, uno de los mayores sumideros de CO₂ de los que tenemos en la naturaleza», defiende Gomáriz.

«Hay que ver si queremos una macro-explotación de 1.000 hectáreas en medio de la nada o queremos también conservar todo lo que hace de filtro verde a nuestro alrededor. Todo tiene su valor», reflexiona el miembro de COAG.

Cambio climático

¿Cómo está influyendo el cambio climático en el cultivo de limones en España? Gomáriz responde rápidamente que se ve en la cantidad de kilos de producción, en cómo varían las fechas de cuaje.

«Nos afecta, porque llega el mes de febrero y hace calor. Llega el mes de marzo y hace frío. Al final la floración se cae y, claro, tiene años que dan la mitad o luego te viene la floración tardía y te cuaja muchos kilos. Entonces luego sale al mercado dos meses tarde y se acumula todo en la misma fecha. El limón fino, que es el ochenta por ciento, va desde septiembre hasta primeros de abril».

El factor del cambio climático incide porque hace que todo el limón fino se acumule en el mes de diciembre y enero, y el mercado no lo puede absorber al no venir escalonadamente, como tiene que venir. Esta campaña se ha acumulado todo a final de año, empezando dos meses tarde la recolección, afectando muchísimo al normal funcionamiento de los árboles en cuanto a cantidad.

Limones a precio de saldo

¿Qué ocurre con todo el limón que no sale al consumidor? El exceso de oferta, los precios bajos, el cambio climático, las importaciones y las plagas (que no afectan a la calidad del producto, pero sí a su presentación visual), hacen que los limones vayan a la industria para producir zumo de limón y aceite esencial.

Pero, una vez más, aparece la trampa. La industria este año tampoco ha tenido capacidad de absorber los kilos y al final se ofrece un céntimo por kilo recolectado, algo que dista mucho de la rentabilidad con el coste por kilo entre 24 y 30 céntimos.

Insostenible

Con respecto a las peticiones al Estado, desde COAG consideran que, además de adoptar medidas urgentes y estructurales para paliar y revertir la situación presente, se debe trabajar de cara a futuras campañas y para el medio-largo plazo del sector.

«Nadie puede vivir ni trabajar sin obtener nada por su trabajo. Eso es inviable. Puedes aguantar un año comiéndote la reserva o endeudarte. Pero aun así, al final no es sostenible» finaliza Pedro Gomáriz.