Planta invasora

El Mediterráneo se «tropicaliza»: hallan por primera vez en aguas de Baleares una nueva planta invasora

El hallazgo en la bahía de Palma es el registro más occidental de la especie y el primero en España

Investigadores del CSIC alertan: si el mar sigue calentándose, llegarán más especies tropicales

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Investigadores del CSIC han detectado por primera vez en Baleares una planta tropical invasora, la Halophila stipulacea, en la bahía de Palma. El hallazgo constituye el registro más occidental de esta especie en el Mediterráneo y el primero documentado en España.

El estudio, publicado en la revista Mediterranean Marine Science, evidencia el avance progresivo de las invasiones biológicas en un contexto de calentamiento marino.

Primera observación en 2023

El equipo está integrado por científicos del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea, centro mixto del CSIC y la Universitat de les Illes Balears), el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) y el Centro Balear de Biología Aplicada.

Realizó la primera observación en octubre de 2023, a unos tres kilómetros del puerto de Palma. Posteriormente, confirmaron la presencia de pequeños parches establecidos sobre fondos arenosos mediante inmersiones y prospecciones submarinas.

Una especie del mar Rojo

La Halophila stipulacea es una fanerógama marina originaria del mar Rojo, el golfo Pérsico y el océano Índico. Llegó al Mediterráneo tras la apertura del canal de Suez hace más de 150 años y está considerada una de las primeras especies «lessepsianas», las que colonizaron el Mediterráneo desde el mar Rojo a través de esa conexión artificial.

«Este registro confirma que la invasión de Halophila en el Mediterráneo continúa avanzando hacia el oeste», explica el investigador del Imedea Andrés Arona, primer autor del estudio. El hallazgo de esta planta tropical en Baleares, añade, «es un indicio claro de la tropicalización del Mediterráneo», ya que su asentamiento demuestra que las condiciones ambientales están cambiando.

Alto potencial invasor

Aunque su expansión en el Mediterráneo occidental ha sido lenta, en otras regiones su comportamiento ha sido mucho más agresivo. «En el Caribe, en menos de 20 años, ha colonizado amplias zonas y ha desplazado a especies nativas», señala Arona, recordando que en el Mediterráneo oriental ya está muy establecida.

La investigadora del Imedea Fiona Tomàs subraya que el hallazgo no debe interpretarse como un hecho aislado. «El Mediterráneo se está calentando y cada vez es más favorable para especies tropicales», explica, señalando que otras algas y peces de origen tropical ya se han instalado en las costas baleares en los últimos años.

Las temperaturas, clave

En verano, esta planta tropical puede crecer rápidamente con temperaturas del agua cercanas a los 30 grados, valores que ya se han registrado recientemente en el mar balear.

El equipo considera probable que la especie hubiera llegado antes a Baleares a través del transporte marítimo, pero que no hubiera encontrado condiciones adecuadas para sobrevivir. «Ahora las temperaturas son más altas y eso puede estar facilitando su asentamiento», apunta Tomàs.

La proximidad del hallazgo a un puerto refuerza la hipótesis de que el transporte marítimo —especialmente a través de anclas, cascos o aguas de lastre— sea una de las principales vías de dispersión de la planta tropical invasora hacia nuevas zonas del Mediterráneo occidental.

Riesgo para la posidonia

El posible impacto ecológico dependerá de su expansión futura y del tipo de hábitat que colonice. En Baleares, se ha visto algo parecido con el alga invasora Halimeda incrassata, que ha desplazado al pedaç (Bothus podas), un pez plano importante para la pesca local.

Trabajo de campo para estudiar la posidonia.

Si llegara a competir con fanerógamas autóctonas como la posidonia (Posidonia oceanica), el impacto podría ser aún mayor. «La posidonia es como una secuoya, la Halophila es mucho más pequeña: no genera estructuras tan complejas ni almacena carbono en la misma magnitud», advierte Tomàs. En el Caribe se ha observado que, en algunas zonas colonizadas por Halophila, la biodiversidad disminuye respecto a las praderas nativas.

Detección temprana

El equipo destaca que identificar la especie en una fase inicial es clave para evaluar su evolución y diseñar estrategias de seguimiento. «Cuanto antes detectemos estas especies, más capacidad tendremos para entender cómo se expanden y qué efectos generan», señala Arona, que también apunta al papel de la ciencia ciudadana y de plataformas como Observadores del Mar en la identificación temprana de nuevas invasiones.

Actualmente, se realizan seguimientos para evaluar la magnitud real de la expansión y su interacción con otras especies. Más allá del caso concreto, los investigadores consideran este hallazgo una señal de un proceso más amplio. «Si nuestro mar sigue pareciéndose más al Caribe, veremos cada vez más plantas tropicales estableciéndose en nuestras costas», concluye Arona.