Protección ambiental

Una isla murciana de alto valor arqueológico se convierte en refugio clave para las aves migratorias del Mar Mediterráneo

isla murciana
Imagen mejorada con IA de la Isla de Escombreras. Foto: Dominio público.
  • Alejo Lucarás
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Frente a la costa de Cartagena existe un pequeño territorio que durante siglos pasó prácticamente desapercibido. Se trata de una isla murciana que ha sido escenario de historias muy distintas a lo largo del tiempo: desde antiguas actividades vinculadas al mundo clásico hasta la presencia de especies únicas que hoy concentran la atención de investigadores.

Bajo sus suelos permanecen vestigios de civilizaciones que navegaron estas aguas hace más de dos mil años, mientras que en sus laderas y alrededores sobreviven ecosistemas de enorme valor para la biodiversidad mediterránea. En los últimos años, diferentes proyectos científicos han permitido conocer mejor la importancia de este espacio, revelando un papel inesperado.

¿Cuál es la isla murciana clave para las aves que cruzan el Mediterráneo?

La protagonista en esta ocasión es la isla de Escombreras, una pequeña isla en la Región de Murcia, frente al puerto industrial de Escombreras. Aunque suele pasar desapercibida para el gran público, tiene un enorme valor ecológico porque constituye uno de los principales refugios para aves marinas del litoral mediterráneo español.

Entre el pasado 20 de abril y el primero de mayo de 2026 se desarrolló la III Campaña de Anillamiento Prenupcial en la isla de Escombreras, organizada por la Autoridad Portuaria de Cartagena y el grupo de investigación ECOMED de la Universidad de Murcia.

¿En qué consistió? Con once redes instaladas en los mismos puntos que en ediciones anteriores, el equipo capturó y liberó 93 aves de diecisiete especies, de las cuales trece son migratorias.

Entre las especies identificadas figuran el mosquitero musical, la curruca zarcera, la golondrina dáurica y el alcaudón común, todas ellas transaharianas que cubren miles de kilómetros entre Europa y el África subsahariana en cada ciclo estacional.

Cabe remarcar que la isla funciona como punto estratégico de parada en el que las aves recuperan la energía necesaria para continuar el viaje.

Los datos de peso concretan ese impacto. Un mosquitero común llegó a ganar cerca de un 3% de su masa corporal en un solo día; una curruca zarcera recuperó aproximadamente el 15% de su peso en cinco días. Ese ritmo de reposición de grasa confirma que la isla ofrece recursos alimenticios suficientes para sostener la migración de larga distancia.

De ser un templo griego a una fábrica de salsa garum: el pasado enterrado de Escombreras

El nombre de la isla viene del latín Scombraria, derivado de scomber, la caballa. El geógrafo griego Estrabón la citó hace más de veinte siglos como productora del mejor garum del Mediterráneo. Los restos de piletas de salazón y de instalaciones de procesado hallados en el yacimiento confirman ese relato.

Para quienes desconocen qué es el garum, se trata de una salsa fermentada de vísceras de pescado. Este era el condimento básico de la cocina romana y se exportaba por todo el Imperio.

No obstante, cabe aclarar que la cronología histórica de Escombreras data de mucho antes que los romanos.  Griegos y fenicios también dejaron su huella en la isla.

Los griegos la conocían como isla de Heracles y levantaron aquí un templo en honor al héroe, del que se han recuperado restos materiales. Los hallazgos fenicios completan una secuencia de ocupación que abarca más de un milenio.

El registro arqueológico subacuático añade otra capa al conjunto. Entre 1997 y 2002, en el marco de la ampliación del puerto de Escombreras, se excavaron seis pecios: cinco romanos y uno medieval, datados desde el año 150 a. C.

Los más relevantes integran hoy la colección del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQVA) de Cartagena, que conserva, entre otros materiales, el cargamento de ánforas vinarias del pecio más antiguo del conjunto.

La biodiversidad que protege a esta isla murciana: su flora endémica, lagartos y posidonias

La naturaleza más singular de Escombreras no está en las aves de paso, sino en lo que vive allí durante todo el año. La isla alberga una de las dos únicas poblaciones ibéricas de Anthemis chrysantha, conocida como manzanilla de Escombreras, una planta endémica catalogada en peligro crítico de extinción. Su supervivencia depende directamente de la gestión activa del espacio.

Manzanilla de Escombreras
Manzanilla de Escombreras. Foto: Nanosanchez en Wikimedia Commons.

Por su parte, la fauna terrestre tiene también su rareza: el lagarto de Escombreras, estrechamente vinculado a este litoral murciano, es objeto de investigación genética dentro del programa ambiental del puerto.

Y bajo la línea de agua, los trabajos de reforestación de posidonia oceánica buscan recuperar las praderas que actúan como vivero y sumidero de carbono en el fondo marino. Como dato de color, la isla forma parte del Lugar de Importancia Comunitaria ‘Islas e Islotes del Litoral Mediterráneo’.

Entre tanto, la Autoridad Portuaria de Cartagena, miembro de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), gestiona desde 2007 programas continuados de investigación y conservación que abarcan desde el seguimiento de cetáceos hasta el anillamiento de aves migratorias, y que en 2022 permitieron al puerto superar el 90% de sus objetivos ambientales.

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