El futuro llega desde Cuenca: un investigador manchego combate las enfermedades de los cultivos de champiñón sin fungicidas químicos
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Jaime Carrasco lidera una revolución científica que promete transformar la agricultura en Castilla-La Mancha. Este investigador conquense desarrolló una solución biológica para proteger el champiñón, uno de los motores económicos de su provincia.
Su trabajo, mediante bacterias beneficiosas, ofrece una alternativa sostenible que reduce la dependencia de productos químicos en un sector que busca métodos más respetuosos con el medio ambiente.
Innovación conquense para eliminar los químicos en la protección del champiñón
El cultivo de hongos comestibles se enfrenta a un dilema biológico complejo. Tanto el producto comercial como las patologías que lo atacan pertenecen al reino fungi.
Esta similitud dificulta el uso de tratamientos convencionales, ya que muchos fungicidas químicos dañan simultáneamente al patógeno y a la propia cosecha. Carrasco, tras su estancia en la Universidad de Oxford, centró su mirada en la propia naturaleza para encontrar una salida a este conflicto.
La investigación se apoya en el concepto de biocontrol. En lugar de aplicar sustancias sintéticas, el equipo científico utiliza microorganismos que ya habitan en el entorno del cultivo.
El estudio, que Carrasco publicó en el portal científico bioRxiv junto a otros investigadores, detalla la creación de un biobanco con más de 140 bacterias aisladas directamente de sustratos comerciales y cuerpos fructíferos de Agaricus bisporus, el champiñón común.
Este catálogo microbiano permite seleccionar los agentes más aptos para sobrevivir en las condiciones específicas que requieren las naves de producción intensiva.
¿Cómo funciona el biocontrol mediante bacterias naturales?
El éxito de esta estrategia reside en tres cepas específicas de la bacteria Bacillus velezensis. Los análisis genómicos y metabólicos realizados por Carrasco y su equipo internacional revelan que estos microorganismos producen una molécula llamada fengicina.
Este lipopéptido posee una potente actividad antifúngica capaz de perforar las paredes celulares de los patógenos sin perjudicar al champiñón.
Estas bacterias actúan de forma selectiva. Atacan a enemigos tradicionales del sector como la mole seca, la mole húmeda o la telaraña, enfermedades que diezman la producción en las plantas de cultivo.
El procedimiento técnico implica aislar estas bacterias presentes en el medio, multiplicarlas en condiciones controladas de laboratorio y reintroducirlas masivamente en el sustrato.
De este modo, la técnica refuerza la inmunidad del ecosistema del cultivo antes de que aparezcan los primeros síntomas de infección fúngica, evitando así pérdidas económicas drásticas.
El informe subraya que la persistencia de estos agentes biológicos representa el próximo gran reto. Aunque en laboratorio la efectividad es rotunda, al trasladar la bacteria al cultivo masivo, esta debe competir con la microbiota ya establecida.
Los investigadores diseñaron sondas moleculares para monitorizar su presencia, descubriendo que la población de Bacillus velezensis disminuye significativamente tras su aplicación artificial.
El impacto de la ciencia de Cuenca en el sector del champiñón
Según recoge la Cadena SER, este hallazgo tiene una relevancia especial para la comarca de La Manchuela, un gran núcleo productor de setas y champiñones de Europa.
Jaime Carrasco, del Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF), donde desarrolla su labor como investigador Ramón y Cajal antes de incorporarse a un nuevo puesto del CSIC, insiste en que la ciencia de calidad debe nacer desde las propias regiones productoras.
La trayectoria del investigador refleja un compromiso con la transferencia de conocimiento. Tras su paso por centros de prestigio mundial, Carrasco se incorporará como científico titular al CSIC en Salamanca. Sin embargo, su plan de trabajo mantiene el foco en la industria conquense.
El objetivo final consiste en convertir estos resultados científicos en una solución comercial estable que mejore la rentabilidad de las explotaciones agrarias manchegas.
Proteger los resultados mediante patentes, como la registrada en 2021, asegura que el esfuerzo investigador desemboque en herramientas útiles para el agricultor.
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