En España es un dañino animal invasor que arruina a los agricultores: en Londres lleva desde 2023 evitando inundaciones con eficacia
En el mundo animal hay especies que ayudan al ser humano y otras que le complican la vida. En España, el castor se sitúa entre las dos: protegido por ley como aliado de los ríos y, al mismo tiempo, señalado por los agricultores como una plaga que arruina cosechas.
El castor construye presas que regulan el agua y crean humedales, una función que en Londres lleva desde 2023 frenando inundaciones con eficacia. En España, sin embargo, esa misma capacidad se traduce en destrozos: a un agricultor de la ribera del río Jalón, en Aragón, los castores le han talado 396 perales.
Cómo perjudican los castores a los agricultores en España
El animal roe el tronco de los árboles más cercanos al agua hasta derribarlos, y aunque alguno queda en pie, la interrupción de la savia lo mata de forma irreversible. El castor europeo goza además de estatus de especie protegida en España, lo que impide a los agricultores cazarlo o controlar su población de forma directa.
La expansión del castor por la cuenca del Ebro se originó tras sueltas ilegales realizadas por activistas a principios de los años 2000. Aragón concentra hoy el mayor número de quejas agrícolas, con especial gravedad en la ribera del río Jalón y en el propio cauce del Ebro a su paso por Zaragoza. Navarra y La Rioja llevan más de dos décadas conviviendo con el roedor, que allí afecta a cultivos de regadío, chopos madereros e infraestructuras de riego.
Estudios recientes confirman además su expansión a nuevas cuencas: Castilla y León desde 2022 en el Duero, Castilla-La Mancha en el Tajo a la altura de Guadalajara y Andalucía en el Guadalquivir.
La normativa de la Unión Europea ampara al castor como especie protegida, lo que impide al Gobierno de Aragón autorizar medidas de control poblacional. Un precedente legal de 2021 obliga al Estado a indemnizar a los afectados por responsabilidad patrimonial, dada la imposibilidad legal de combatir la plaga.
Qué hacen los castores en Londres que no logran hacer en España
En el oeste de Londres, el Ealing Beaver Project introdujo en octubre de 2023 una familia de cinco castores en Paradise Fields, un terreno urbano vallado de 24 acres. Desde la década de 1970, las tormentas fuertes desbordaban los drenajes de la zona e inundaban la estación de metro de Greenford, y los ingenieros londinenses planeaban construir un embalse artificial para frenar el agua.
Las presas de los castores convirtieron el terreno en una esponja natural que retiene el agua de lluvia. La BBC ha confirmado que, tras el segundo y el tercer invierno de los animales en el lugar, las inundaciones río abajo y en la estación de metro cesaron por completo, lo que ha ahorrado a las autoridades millones de libras en obras públicas.
La diferencia con España no está en el animal, sino en el modelo de gestión y el tipo de territorio. En Londres, los castores viven confinados en un parque público pensado como humedal de amortiguación, monitorizados por veterinarios y biólogos, y sin cultivos de valor comercial alrededor.
En España se mueven en libertad por ríos abiertos que atraviesan miles de kilómetros de parcelas agrícolas privadas, con árboles frutales y chopos madereros de por medio, y sin ningún control biológico sobre su población.
Los mismos animales que en un parque cerrado de Londres funcionan como ingenieros hidráulicos capaces de evitar inundaciones se convierten, sin control y en libertad, en una plaga que destruye cosechas y arruina a los agricultores españoles.
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