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En la década de 1960 liberaron más de 12.000 cangrejos rojos en el océano ártico, pero no supieron calibrar las consecuencias: 65 años después han transformado el ecosistema

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

En 1961, un equipo de científicos soviéticos liberó 1,5 millones de larvas de cangrejo real (Paralithodes camtschaticus) en el mar de Barents, frente a la costa norte de Rusia. El plan buscaba trasladar la especie desde el océano Pacífico Norte para crear una nueva pesquería comercial en la región.

Sesenta y cinco años después, el crustáceo transformó el ecosistema de esa zona del Ártico, según una revisión publicada en la revista científica ICES Journal of Marine Science.

El programa continuó durante casi una década. Para 1969, las autoridades soviéticas habían sumado unos 10.000 ejemplares juveniles y 2.600 adultos a la población liberada frente al fiordo de Kola, en Rusia. Diez años después de la primera liberación, ya existía una población reproductora estable en la zona.

¿Cómo llegó el cangrejo rojo al mar de Barents, en el Ártico?

Desde el fiordo de Kola, el cangrejo real se extendió hacia el norte y el este del mar de Barents, además de avanzar por la costa de Noruega.

La idea de trasladar la especie al Ártico europeo circulaba desde la década de 1930, pero recién se ejecutó bajo el liderazgo soviético de los años 60. El objetivo original, generar una pesquería valiosa en una zona con escasos recursos comerciales, se cumplió con el tiempo, aunque también trajo consecuencias no previstas para el ecosistema local.

El biólogo Yuri Orlov dirigió la liberación de las primeras larvas por orden estatal, según recoge Polar Journal.

¿Por qué el cangrejo rojo se convirtió en una especie invasora en el Ártico?

Varios factores explican el éxito de la especie en su nuevo hábitat. El cangrejo real puede vivir desde la zona intermareal hasta los 510 metros de profundidad, lo que le permite ocupar un rango amplio del fondo marino. Además, se desplaza más de 10 kilómetros en un solo día.

Su dieta generalista, la ausencia de parásitos en la población del mar de Barents y la escasa presión pesquera durante sus primeras décadas de establecimiento completaron las condiciones para su expansión, según los investigadores.

¿Qué impacto ecológico tiene el cangrejo rojo en el mar de Barents?

La revisión de ICES Journal of Marine Science documenta una reducción de la diversidad y la biomasa de organismos bentónicos en las zonas invadidas del Ártico. Los organismos grandes que viven sobre el fondo marino, como estrellas de mar y erizos, resultan especialmente vulnerables a la depredación del crustáceo.

El consumo de erizos de mar por parte del cangrejo real se estima entre el 10 % y el 30 % anual en las zonas invadidas. Entre sus presas también figuran vieiras islandesas, huevos de capelán y de peces lumpo, moluscos, equinodermos, poliquetos y otros crustáceos.

Los cangrejos juveniles representan el 80 % de la población total de la especie en el mar de Barents, aunque su impacto está menos estudiado que el de los adultos. Los investigadores calculan una capacidad de carga del fondo marino de 1,2 toneladas por kilómetro cuadrado para los ejemplares pequeños y de 2,8 toneladas por kilómetro cuadrado para los grandes.

La pesca comercial del cangrejo rojo en el Ártico

La expansión del cangrejo real también generó el recurso pesquero que buscaban los científicos soviéticos. Noruega abrió una pesca de investigación limitada en 1994 y permitió la explotación comercial desde 2002. Dos años después, habilitó una pesca de libre acceso al oeste del meridiano 26°E, para frenar el avance de la especie hacia esa zona.

Pese a las décadas transcurridas, los autores de la revisión señalan que todavía faltan datos sobre la relación entre las poblaciones reproductoras y el reclutamiento de nuevos ejemplares, así como sobre el papel de los cangrejos juveniles en el ecosistema del Ártico. Un monitoreo a largo plazo resulta necesario para anticipar los próximos efectos de la especie sobre el fondo marino.