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Crece la decepción en la comunidad zoológica: Cataluña pierde el 58% de sus machos de urogallo y no funciona ningún plan

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El urogallo es un ave de los bosques de alta montaña que atraviesa uno de sus peores momentos en España. Hoy resulta más fácil imaginarlo que verlo: el país conserva menos de 1.500 ejemplares, divididos en dos poblaciones aisladas y con evoluciones muy distintas.

Cataluña concentra una parte importante de esa población, pero los últimos datos han encendido todas las alarmas. La caída de machos en apenas dos décadas refleja una tendencia que no se ha logrado frenar pese a años de planes de conservación.

Cataluña pierde el 58% de sus machos de urogallo y no funciona ningún plan

El Gobierno catalán y los equipos de seguimiento contabilizaron 245 machos de urogallo en 2025 en los Pirineos catalanes, frente a los 360 de 2015 y los 581 de 2005. La cifra confirma un desplome del 58% en 20 años y sitúa a la especie en un punto crítico.

Los técnicos obtienen estos datos en primavera, cuando los machos acuden a los cantaderos para atraer a las hembras. Ese momento clave del ciclo reproductor permite medir la evolución real de la población. El problema es evidente, cada vez hay menos cantos y menos puntos activos.

El Departamento de Territorio reconoce que más de la mitad de estos espacios tradicionales han desaparecido. El retroceso se concentra sobre todo en cotas más bajas y en comarcas como el Pallars Jussá, el Solsonés o el Ripollés. Allí, el ave prácticamente ha desaparecido. La pérdida de presencia no responde a un único factor, sino a una acumulación de presiones que las medidas actuales no han logrado compensar.

Por qué el urogallo sigue en peligro pese a los planes de conservación

Los expertos identifican varios factores que actúan al mismo tiempo sobre la especie. El primero afecta al territorio. La fragmentación del hábitat y la transformación del bosque limitan el espacio disponible y aíslan a las poblaciones, lo que reduce su capacidad de recuperación.

El cambio climático agrava el problema. El aumento de temperaturas altera los bosques subalpinos donde vive el urogallo y modifica la disponibilidad de alimento. Los pollos dependen de insectos en sus primeras semanas, y cualquier desajuste en ese ciclo reduce su supervivencia.

La presión humana también influye, pues excursionistas, esquiadores y fotógrafos acceden a zonas sensibles en momentos clave. Esa presencia constante genera estrés en un ave especialmente vulnerable durante la reproducción y el invierno.

A todo esto se suma el aumento de depredadores como zorros o garduñas. Estos animales encuentran con más facilidad nidos y polluelos en un entorno alterado. El resultado es una tasa reproductiva muy baja, insuficiente para compensar la mortalidad.

Ante este escenario, algunos colectivos plantean un cambio de estrategia. La asociación ADLO Pirineo propone recuperar el equilibrio natural mediante la reintroducción del lince boreal, desaparecido de la zona hace menos de un siglo. Su presencia podría reducir la presión de los mesocarnívoros y favorecer indirectamente al urogallo.

El debate ya ha llegado al parque natural del Alto Pirineo, aunque no existe todavía un plan aprobado. Mientras tanto, los especialistas reclaman medidas más contundentes. Entre ellas, limitar el acceso humano a determinadas áreas o incluso cerrar valles completos en periodos críticos.