En los años 50 eran un adorno precioso: hoy es una planta invasora y varias comunidades quieren erradicar la plaga
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Este es el único lugar de España donde habita una de las especies invasoras más destructivas
Las especies invasoras muchas veces no llegan de forma disruptiva ni llamativa, sino de manera progresiva. Primero como un adorno, después como una presencia habitual en rotondas y autovías, y terminan mostrando un daño que nadie esperaría de algo que parecía tan inofensivo.
En este caso se trata de una planta que llegó a España como un adorno por su aspecto vistoso, pero que hoy ya está en el catálogo de especies exóticas invasoras por los daños que genera en la biodiversidad, los ecosistemas costeros y la salud de las personas.
Esta es la planta invasora que era un adorno en los años 50 y que hoy varias comunidades quieren erradicar
El plumero de la pampa (Cortaderia selloana) es una hierba perenne originaria de Sudamérica, concretamente de la Pampa argentina y las regiones subtropicales de Brasil. Llegó a Europa en los siglos XVIII y XIX como planta ornamental y se naturalizó en el arco atlántico a mediados del siglo XX. Su primera presencia documentada en España data de 1953 en la bahía de Santander.
Durante décadas nadie vio el problema. Sus vistosos penachos blancos decoraban jardines, rotondas y medianas de autovías. En los años 70 y 80 las administraciones la usaron activamente para fijar los taludes de las nuevas carreteras porque crecía rápido en suelos pobres.
El error fue que nadie era consciente del problema. Nadie calculó lo que ocurriría cuando escapara de los espacios donde la habían plantado.
Hoy el plumero de la pampa está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras desde 2013 y su erradicación es obligatoria por ley. Comunidades como Cantabria, Asturias, Galicia, el País Vasco y Navarra tienen planes activos para combatirla.
La mitad norte de España es la zona más afectada, aunque su presencia ya se extiende a los archipiélagos y al resto del territorio, con focos documentados en más de 36 provincias.
Por qué el plumero de la pampa es una amenaza tan grave para los ecosistemas españoles
El primer factor es su capacidad reproductiva. Una sola planta adulta puede producir hasta un millón de semillas al año. Esas semillas son ligeras y se dispersan por el viento a kilómetros de distancia. Los coches y la maquinaria las arrastran pegadas a los bajos, convirtiendo las autovías en corredores de propagación.
El Director General de Planificación Agraria de Asturias, Marcos da Rocha, explica que las carreteras son el mayor desafío porque actúan como rutas migratorias y dependen de administraciones distintas que no siempre coordinan sus actuaciones.
Cuando coloniza un terreno forma densas barreras que impiden que la luz solar llegue al suelo, ahogando la flora nativa. Sus raíces modifican la composición del suelo y eliminan los nutrientes que otras plantas necesitan.
Al cambiar la vegetación desaparecen los insectos y animales que dependían de ella. Coloniza primero los hábitats degradados, como márgenes de autovías y canteras, pero avanza hacia dunas, marismas, riberas y espacios protegidos de la Red Natura 2000.
El impacto no es solo ecológico. Sus hojas tienen bordes aserrados que causan cortes profundos a personas y ganado. Sus penachos generan alergias respiratorias graves en verano. Y su expansión inutiliza terrenos agrícolas y pastizales que las comunidades rurales necesitan para sus actividades.
Qué se hace para erradicar el plumero de la pampa en España
La estrategia más eficaz combina la extracción física con la restauración del suelo. En plantas jóvenes se arranca de raíz con azada antes de que se asienten. En ejemplares adultos de gran tamaño se usan miniexcavadoras para desenterrar el sistema radicular completo.
Cuando no es posible extraer la raíz, se corta a ras de suelo y se cubre con lonas negras opacas durante meses para ahogar la planta sin luz.
El control químico se aplica con glifosato directamente sobre las hojas en otoño, cuando la planta absorbe nutrientes hacia la raíz, o mediante inyección directa en el tallo tras el corte para no dañar el entorno. El corte preventivo de los penachos en agosto, antes de que las semillas maduren, es una medida clave para frenar la dispersión.
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