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Alegría en la zoología mundial tras confirmarse en Islandia un brutal incremento en el censo de esta ave

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El mundo animal vive en constante cambio y, entre las especies invasoras que llegan a nuevos territorios y alteran el equilibrio que encuentran, el cambio climático y la actividad humana, hay animales que apenas logran subsistir. Es el caso de esta ave, que ha vivido al límite durante muchos años.

La buena noticia es que la situación ha dado un giro inesperado. En Islandia, esta ave marina, habitual de las costas, ha conseguido recuperarse después de rozar la extinción en 2023.

Los expertos celebran el repunte de un ave marina en Islandia

El invierno de 2023 fue uno de los escenarios que más cambió el litoral islandés. Dos tormentas consecutivas acabaron con numerosas zonas de cría de cormoranes. El oleaje se llevó por delante nidos enteros, sobre todo en áreas como Faxaflói y el norte de Breidafjordur, donde la especie concentra gran parte de su reproducción.

Los datos procedentes del Instituto Islandés de Historia Natural, difundidos por RÚV, explican que la pérdida de nidos coincidió con un periodo clave del ciclo reproductor y que muchos expertos temieron una caída prolongada de la población.

Sin embargo, el último censo primaveral ha resultado prometedor, ya que los recuentos hablan de 4.727 nidos de cormorán común y 6.107 de cormorán grande, cifras muy similares a las registradas antes de las tormentas.

El aumento resulta especialmente llamativo en el cormorán común, con un crecimiento interanual del 23 %. El cormorán grande también avanza, aunque de forma más moderada, con un 3 %. La recuperación no se reparte por igual, el norte de Breidafjordur lidera el repunte del cormorán grande, mientras que Faxaflói destaca en el caso del común.

Así es el ave que se recupera en Islandia

En Islandia conviven dos especies residentes de cormorán, fácilmente reconocibles por su silueta alargada, el cuello flexible y el pico curvado. El cormorán grande impresiona por su tamaño, con hasta un metro de longitud y un plumaje negro con reflejos bronceados. El moñudo, algo más pequeño, presenta un brillo verdoso y una cresta visible durante la época de cría.

Ambos comparten hábitos muy concretos. Pescan buceando a varios metros de profundidad y pasan largos ratos posados con las alas abiertas para secarse, una imagen ya clásica del litoral islandés. Su dieta depende casi por completo de la disponibilidad de peces, lo que los hace sensibles a cambios en el ecosistema marino.

Nunca llegaron a desaparecer del todo, aunque atravesaron etapas complicadas. Durante décadas, la persecución directa y los conflictos con la pesca redujeron sus colonias. A eso se sumaron capturas accidentales en redes y variaciones en las poblaciones de peces ligadas a cambios oceánicos.

Desde mediados de los años 90, una mayor protección legal permitió una recuperación sostenida, con crecimientos anuales cercanos al 3,5 %, pero las tormentas de 2023 interrumpieron esa tendencia de forma brusca.

Ahora, los últimos datos confirman que el cormorán en Islandia conserva una notable capacidad de respuesta, aunque los expertos insisten en seguir vigilando su evolución ante un clima cada vez menos previsible.

El escenario es optimista; ahora sólo queda esperar que las próximas temporadas confirmen esta tendencia y no devuelvan a la especie a una situación límite.