Bellingham se sincera tras caer ante Argentina: «No dejemos que la unidad y el amor de nuestro país termine»
El jugador inglés envió un mensaje en sus redes sociales
Bellingham compartió un poema del conductor Michael Chandler.
Bellingham desvela lo que le dijo a Messi en su acalorada discusión
Jude Bellingham es uno de los jugadores que más sufrió en la eliminación de Inglaterra del Mundial. El centrocampista cayó junto con la selección de Tuchel en semifinales ante Argentina, dejando muy tocado al jugador del Real Madrid después de estar a las puertas de su primera final. A pesar de haber sido el mejor de su equipo, tardó horas en digerir el dolor y este viernes publicó un mensaje y un emotivo poema para explicar sus sentimientos.
«Me ha costado encontrar las palabras adecuadas para describir lo vivido en las últimas semanas, pero este mensaje de nuestro conductor en Kansas da justo en el clavo. Gracias por el apoyo increíble desde casa y a quienes gastaron el dinero que tanto les costó ganar para viajar a Estados Unidos y apoyarnos. No dejemos que la unidad y el amor que hemos visto en nuestro país terminen con esta campaña. Cuando estamos unidos, podemos lograr grandes cosas… ¡Y lo haremos! Los quiero», compartió a sus millones de seguidores de Instagram a la vez que compartía el poema del conductor Michael Chandler.
El poema que compartió Jude Bellingham
«El León no se jacta a viva voz, ni busca la alabanza de la multitud. Sabe que el rugido que estremece la noche nace cuando el miedo se enfrenta al poder. La lucha no es solo contra el enemigo; el terreno de juego más verdadero es desconocido. Antes de que un pase sea ejecutado con gracia, el corazón debe haber ganado su carrera.
Porque la fuerza es más que velocidad, o clavar firmemente cada taco. Vive en la voluntad de hierro, para volver a escalar la colina más empinada. El cuerpo se cansa. Los pulmones se oprimen. Las piernas se pesan en la lucha. Sin embargo, las mentes firmes se niegan a retroceder, y levantan a los cansados.
La resistencia es una amiga fiel, que camina a tu lado hasta el final. Mientras otros ceden ante el dolor, ella susurra: ‘Mantén tu posición’. La mente astuta supera a la fuerte, que corre con furia todo el día. Un pase paciente, un paso mesurado, vencerá para siempre la prisa temeraria. El halcón puede divisar el campo desde arriba, el león vence por amor inquebrantable.
De cada movimiento, de cada carrera, donde muchas mentes se unen. Porque la táctica no son trucos ocultos, sino sabiduría afilada en el campo. Saber cuándo presionar es lo correcto y cuándo la moderación es el camino.
La tormenta puede rugir. La multitud puede llorar. El marcador puede negarse a alcanzar el cielo. Sin embargo, nada de esto domina el alma cuyo propósito gobierna cada meta. Ningún árbitro puede robarte tu elección. Ninguna canción hostil puede ahogar tu voz.
El mundo puede temblar, la noche puede arder, tu respuesta moldea el giro final. Inglaterra lució tres leones brillantes, no persiguiendo la luz fugaz de la gloria. Buscaban, en cambio, un premio más noble: dominarse a sí mismos ante los ojos de los hombres.
Confiaron en pies que los años forjaron, en mentes que la calma templó; confiaron en corazones inquebrantables, aun cuando el final se acercaba a cada instante. Un movimiento perfecto, un pase desinteresado, un momento nacido de innumerables esfuerzos; la red cedió, la multitud estalló, y un rugido atronador recorrió a amigos y rivales.
La victoria pertenece a aquellos que se dominan a sí mismos antes de la batalla, ganando así un nombre más grande que quienes simplemente juegan el juego. Sonó el silbato, la contienda terminó; la misión de los «Tres Leones» se había cumplido. La victoria era el resultado, alzando el oro para siempre; pero el mayor triunfo, evidente a la vista, fue el sereno dominio de sí mismos.
Pues los trofeos se empañan y las multitudes callan; el tiempo mismo perdura más allá de toda destreza. Pero aquellos que gobiernan tanto el corazón como la mente dejan atrás el miedo y la duda. Así pues, recorre el antiguo camino del León y lleva con calma cualquier carga; afronta cada prueba con firmeza y lealtad, dejando que la disciplina sea tu fortaleza.
Porque la fortuna no favorece a los estridentes ni corona siempre a la multitud más numerosa; a menudo camina junto a aquel que ha ganado su batalla más difícil, no en el campo bajo los focos, sino en lo más profundo de su ser, en noches de insomnio. Y cuando suene el silbato final y la victoria alce sus alas doradas, se escuchará el rugido más auténtico: el de un alma fortalecida, un alma segura».