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Los expertos en adiestramiento canino lo confirman: «Cuanto antes se establezcan unas buenas bases de educación y obediencia, más fácil será evitar problemas de conducta»

Tener un perro implica bastante más que darle de comer, sacarlo a pasear y ofrecerle cariño. Lo que ocurra durante sus primeros meses de vida puede marcar buena parte de su comportamiento futuro, y evitar así problemas que, una vez asentados, cuestan mucho más de corregir. Muchos propietarios no le dan importancia a esta etapa hasta que el problema ya está encima.

Así lo defiende Fran Estévez, adiestrador canino con cerca de dos décadas de experiencia al frente de su propia Escuela Canina, donde ofrece adiestramiento a domicilio y programas de educación personalizados según las necesidades de cada perro y de sus dueños.

Su mensaje es claro: no conviene esperar a que aparezca un problema grave para empezar a educar al animal. «Cuanto antes se establezcan unas buenas bases de comportamiento, educación y obediencia, más fácil será prevenir futuros problemas de conducta», sostiene el especialista, convencido de que la mayoría de los conflictos que trata cada semana podrían haberse evitado con un trabajo temprano.

El error de dejar pasar los primeros síntomas

Uno de los fallos que Fran Estévez observa con más frecuencia entre los propietarios es dejar pasar las primeras señales de un comportamiento inadecuado, confiando en que desaparecerán solas, o recurrir antes a las recomendaciones de familiares y amigos que al criterio de un profesional. Suele ser una decisión bienintencionada, pero que sale cara con el paso de los meses.

El problema es que ciertas conductas se van consolidando con el paso del tiempo. Cuando finalmente se pide ayuda, explica el adiestrador, «la conducta ya está muy asentada y requiere un trabajo más profundo de modificación».

Por eso compara el aprendizaje de los perros con el de las personas: los primeros momentos son especialmente importantes para adquirir hábitos y sentar las bases de una buena convivencia, y lo que no se corrige a tiempo tiende a repetirse una y otra vez.

Ansiedad al quedarse solos y «humanización» del perro

Entre los problemas más habituales que encuentra está la ansiedad por separación. Hay perros que, en cuanto sus propietarios salen de casa, sufren niveles altos de ansiedad y estrés porque no saben gestionar la situación, lo que se traduce en ladridos, lloros o destrozos mientras están solos.

Estévez también señala otro fenómeno que puede influir bastante: la excesiva humanización de los perros. Así lo explicaba en El Periódico de Extremadura: «No diría que es la causa principal, porque de hecho hemos realizado estudios y no siempre tiene relación directa, pero sí es cierto que en muchos casos los animales generan una dependencia excesiva hacia sus propietarios».

Tirones de correa y por qué no hay dos perros iguales

Los problemas de educación tampoco se quedan dentro de casa. Entre los más comunes están los tirones de correa durante los paseos o que el perro, una vez suelto, no acuda cuando su dueño lo llama, algo que puede resultar peligroso cerca de una carretera o de otros animales.

Aun así, no existe una fórmula única válida para todos los casos: «No existen dos perros iguales», recuerda Estévez, ya que cada uno presenta algún tipo de dificultad que hay que entender y trabajar por separado.

Precisamente por eso, el adiestrador valora positivamente que cada vez más personas contacten con un profesional justo después de adoptar o comprar un cachorro, antes incluso de que aparezcan los primeros conflictos, en lugar de esperar a que la convivencia se vuelva complicada.

La clave, insiste, está en adelantarse: educar desde el principio resulta mucho más sencillo que intentar corregir, años después, una conducta que el perro ya pueda haber convertido en costumbre.