«Me estoy tocando para ti», gimió López Madrid a su médico en una llamada grabada por la Guardia Civil
Javier López Madrid cometió otro error de libro el 14 de junio del año pasado, medio año después del primer apuñalamiento de la víctima de su presunto acoso sexual y únicamente dos meses más tarde del segundo. La doctora E. P. R. recibió una llamada desde un “número oculto” a las 10.11 horas en la que se escuchaban unos gemidos en tono claramente sexual. Fueron 14 segundos en los que era imposible adivinar la identidad de la persona que la molestaba por enésima vez. Apenas un minuto después, el obseso volvió a las andadas. Esta vez la duración del acoso fue algo mayor: 21 segundos. Pero de los sonidos guturales pasó a las palabras. Durante ese pequeño lapso de tiempo que a la doctora se le hizo eterno, su agresor sólo profería una frase: “Me estoy tocando para ti desde hace media hora”. Nueve palabras que repitió en cuatro o cinco ocasiones. Por la voz parecía como si se estuviera masturbando. Si no era así, al menos lo parecía.
El drama para el consejero delegado del Grupo Villar Mir es que desconocía un nada insignificante detalle: que el móvil y el fijo de su víctima estaban intervenidos vía SITEL desde hacía 18 días por orden de la magistrada del Juzgado de Instrucción 39 de Madrid, Belén Sánchez. Lo que hasta ahora había sido un macabro juego que le había salido bien, o que al menos no le había salido mal porque en este país hipergarantista demostrar algo cuesta Dios y ayuda, se había transformado sin solución de continuidad en un laberinto de difícil salida. Estaba y está atrapado porque tanto la grabación como la transcripción están incorporados al sumario.
E. P. R. se presentó 16 de junio en las dependencias del Equipo Mujer Menor (Emume) de la Guardia Civil de Tres Cantos (Madrid), dedicado a la lucha contra la violencia de género y contra niños. La doctora, una de las mejores especialistas de Madrid en su especialidad, la Dermatología, quería ampliar su denuncia contra el hombre que supuestamente la acosaba desde hacía dos años. Aseguró desconocer el número porque en la pantalla ponía “oculto” pero no dudó a la hora de poner nombre y apellidos a la voz: “Es la de Javier López Madrid”. Un timbre que le resultaba familiar no sólo porque el yerno de Villar Mir era su paciente desde hacía más de un lustro sino, porque sobre todo, no era la primera vez que la acosaba desde el otro lado del hilo telefónico.
Los especialistas del instituto armado dirigieron una nueva petición a la magistrada para proceder a pinchar el número de marras, que resultó ser el 611265412, “con el fin de demostrar la participación del presunto autor en las actividades criminales referenciadas”. “No existen otros medios de investigación menos gravosos para los derechos fundamentales”, aclaraban en la solicitud dirigida a la juez Belén Sánchez.
De las pesquisas realizadas resultó que el teléfono correspondía a una tarjeta prepago emitida por la compañía Lebara Limited UK, la preferida por todos aquellos ciudadanos que se hallan al otro lado de la ley, básicamente, porque es casi imposible seguir el rastro de los usuarios. Los guardias civiles sí pudieron determinar a nombre de quién se había dado de alta la tarjeta prepago: Javier López Madrid.
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