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Un nuevo caso de infanticidio sacude EEUU tras Lindsay Clancy: «Despídete de tus hijos»

  • Carlos Esteban
  • Columnista de Internacional. Quince años en el diario líder de información económica Expansión, entonces del Grupo Recoletos, luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico Alba, escribió opinión en Época, en La Gaceta y ahora como freelance en OKDIARIO.

Una golondrina no hace verano. Dos, cuando son muy seguidas, tampoco. Pero empiezan a resultar sospechosas. Estamos aún conmocionados por el triple infanticidio de Lindsay Clancey ahora nos llega otro, no menos horrible.
El vídeo es corto. Kailey Erhart lleva a uno de sus hijos en brazos y sostiene una pistola Glock 19 a la altura de la cadera. Frente a ella está Cameron, su marido, que la graba con el teléfono. “Despídete de tus hijos”, le dice.
Es el 6 de agosto en Mandan, Dakota del Norte, una ciudad de 25.000 habitantes a orillas del Misuri. Kailey tiene 22 años y tres hijos: Morgan, de 3; Colton, de 1, y Ava, de 5 meses. El matrimonio está en crisis y Cameron quiere el divorcio.

Esa tarde empieza con una discusión y una pistola que blande Kailey. Cameron consigue arrebatársela durante un forcejeo, la desmonta y esparce las piezas por distintos lugares de la casa. Kailey le muerde y le araña. En la vivienda está también la madre de Cameron. Kailey encuentra entonces un cuchillo. Persigue a su marido y a su suegra hasta echarlos de casa. Cierra la puerta. Dentro quedan los tres niños.

La policía recibe a las 5.42 de la tarde el aviso de que una madre ha apuñalado a sus hijos. Cuando el primer agente entra en la vivienda, encuentra a Kailey cubierta de sangre y sosteniendo un cuchillo de cocina contra su propio cuello. Le ordena que lo suelte. Ella obedece y les pide: «Matadme». Los policías siguen un reguero de sangre hasta un dormitorio. Sobre una cama están los tres niños, inmóviles. Todos presentan heridas en el cuello. Ava, 5 meses, muere aquella misma tarde. Morgan, 3 años, sobrevive unas horas y muere pasada la medianoche. Colton entra en quirófano y sobrevive.

Fianza de 3 millones de dólares

Kailey Erhart está desde entonces en prisión. La fiscalía la acusa de dos asesinatos, un intento de asesinato y otros seis delitos. La juez fijó una fianza en efectivo de tres millones de dólares. La declaración jurada de la policía añade un detalle que probablemente tendrá importancia cuando llegue el juicio. Cameron había avisado anteriormente a los servicios de salud mental de que su mujer amenazaba con suicidarse y matar a los niños. Protección de Menores conocía esas amenazas. Kailey había estado ingresada en un centro psiquiátrico durante los 12 o 18 meses anteriores, había recibido medicación y finalmente había sido autorizada a volver con sus hijos.

Después de su detención, Kailey dijo a los investigadores que recordaba haber colocado a los niños sobre la cama. Creía que para entonces ya tenían el cuello cortado. Recordaba también tener el cuchillo cuando entró la policía. Del resto, dijo, no recordaba nada.

Quizá el de Erhart sería uno más entre los horribles crímenes que apenas superan la crónica local. Pero Kailey Erhart ha cometido el suyo precisamente cuando Estados Unidos lleva semanas discutiendo sobre otra madre que mató a sus tres hijos. A unos 2.500 kilómetros de Mandan, en Plymouth, Massachusetts, un jurado intenta decidir estos días si Clancy es una asesina o una enferma mental que no puede ser considerada penalmente responsable de sus actos.

Los hechos probados cuentan que el 24 de enero de 2023, Lindsay Clancy estranguló a sus tres hijos, Cora, Dawson y Callan, de cinco años, tres y ocho meses. Después saltó desde una ventana del segundo piso de su casa y quedó paralítica. Su defensa sostiene que sufría una psicosis posparto. La fiscalía dice que sabía exactamente lo que estaba haciendo. Pero el juicio de Clancy se ha convertido en algo mucho mayor que un proceso penal.

Cientos de mujeres vestidas de rosa han rodeado el tribunal para apoyarla. «She Needed Help», necesitaba ayuda, dicen algunas camisetas. «Peace for Lindsay», paz para Lindsay, dicen otras. Hay concentraciones similares anunciadas en otros lugares. Madres que han pasado por depresiones, ansiedad o psicosis después de dar a luz cuentan sus experiencias y explican por qué sienten que podrían haber sido Lindsay.

En TikTok el caso ha adquirido vida propia. Una antigua empleada del hospital psiquiátrico McLean publicó un vídeo criticando el tratamiento que recibió Clancy y consiguió más de 600.000 «me gusta». La defensa intentó después llevarla como testigo al juicio, aunque el juez no se lo permitió.

Otras cuentas han ido bastante más lejos. Circulan teorías según las cuales Patrick Clancy, el padre que volvió a casa y encontró a sus hijos agonizando, habría participado de algún modo en las muertes. No existe prueba alguna. Ni siquiera la propia Lindsay lo sostiene. Pero el caso ya pertenece en parte al territorio del true crime, donde cada espectador tiene una teoría y cada teoría acaba encontrando su público.

También ha aparecido la reacción contraria. «¿Por qué apoyan a una mujer que mató a tres niños?», preguntan una y otra vez quienes contemplan desconcertados a las mujeres de rosa. Otros responden que nadie está apoyando el asesinato, sino reclamando que la psicosis posparto sea tratada como la enfermedad gravísima que es.

Semejanzas entre Lindsay Clancy y Kailey Erhart

Y, ahora, Kailey, con la que ya se le compara. En foros dedicados al caso Clancy empezó a circular el nombre de Erhart. Aparecieron entradas comparando ambos crímenes. Este fin de semana un usuario resumía directamente su tesis: «La simpatía por Lindsay Clancy inspira imitadoras como Kailey Erhart». Hay semejanzas. Dos mujeres jóvenes. Tres hijos pequeños. Dos intentos de suicidio. Antecedentes psiquiátricos. Medicación. Un sistema sanitario que las trató y después las devolvió a casa. En ambos casos alguien había advertido que algo iba muy mal.

Pero también hay diferencias enormes. No sabemos todavía si Kailey Erhart padecía una psicosis. Su abogado no ha presentado siquiera una defensa en ese sentido. Sabemos, en cambio, que estaba separándose de Cameron, que lo amenazó con una pistola, que después lo persiguió con un cuchillo, que consiguió dejarlo fuera de casa y que antes de atacar a los niños le había dicho: «Despídete de tus hijos».

La locura no siempre parece locura. Una persona psicótica puede realizar actos aparentemente racionales. Y una persona que toma medicación psiquiátrica puede cometer un crimen sin que los medicamentos tengan absolutamente nada que ver con él. Pero dos casos tan próximos han puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué estamos viendo exactamente? ¿Es solo coincidencia de dos crímenes tan parecidos en tan poco tiempo, nada que ver aquí?

Se discute que podría haber un serio problema social de salud mental que solo ahora se está visibilizando. La psicosis posparto afecta aproximadamente a una o dos mujeres de cada mil que dan a luz. Es rara, pero puede ser devastadora.

Otro tema de debate se centra en la medicalización de la vida americana, especialmente los psicofármacos. Lindsay Clancy recibió trece medicamentos psiquiátricos distintos en los meses anteriores a la muerte de sus hijos. Sus abogados hablan de sobremedicación. Kailey Erhart había sido internada, medicada y dada de alta. Su marido había advertido expresamente de amenazas contra ella misma y contra los niños.

Otros plantean una incómoda pregunta: la reacción social, ¿sería la misma si el perpetrador hubiera sido el padre, un José Bretón? ¿Habría pancartas de “Paz para Jim”, tiktoks exculpándole porque estaba sometido a un enorme estrés, porque tomaba las pastillas equivocadas?

La criminología lleva años encontrando diferencias en el tratamiento de padres y madres que matan a sus hijos. Un estudio reciente de casi 300 filicidios en Ontario encontró que las madres tenían menos probabilidades de ser condenadas, menos probabilidades de recibir una condena por asesinato y muchas menos de terminar en prisión. Cuando eran encarceladas, sus penas eran también menores.

Sobre todo, ¿por qué tantas madres se reconocen en Lindsay Clancy? Las mujeres tienen ahora menos hijos que nunca, pero muchas los crían lejos de sus propias madres, con familias más pequeñas, matrimonios más frágiles y redes comunitarias más débiles. Lo que antes podía repartirse entre una extensa colección de abuelas, hermanas, tías, primas y vecinas recae ahora con frecuencia sobre dos adultos, y a veces sobre uno.

Quizá el jurado de Plymouth consiga responder a la pregunta pertinente de si Lindsay Clancy era penalmente responsable de lo que hizo aquella tarde de enero de 2023. Lo que no puede responder es a las otras preguntas, que probablemente son mucho más importantes.